La ética del periodista que está al servicio de una empresa oficial o de un funcionario
6 de Julio de 2017

La ética del periodista que está al servicio de una empresa oficial o de un funcionario

Foto: Pixabay

Trabajo en la oficina de comunicaciones de una entidad oficial. La orden, a veces expresa, casi siempre implícita, es que hay que informar para crearle imagen al jefe y para mantener el buen nombre de la institución. Esto me crea conflictos con mi idea de lo que debe ser mi profesión. ¿La ética periodística me resuelve este problema, o me lo agrava?

Respuesta:

Como primer paso es importante definir las prioridades de un periodista al servicio de una empresa oficial, o de un funcionario.

En esa definición es orientador el criterio de que el periodista solo reconoce un amo: el receptor de su información, sea lector, oyente o televidente.

Este criterio deja claro que el periodista no trabaja para el funcionario ni para le entidad que dirige el funcionario.

Es un criterio que parece contradecir la lógica burocrática y tiene su fundamento en el hecho de que tanto el alto funcionario, como la entidad que encabeza, están al servicio de los ciudadanos, que son quienes reciben la información. Por tanto, funcionarios, entidades y periodistas están al servicio del ciudadano.

Se altera sustancialmente este orden de prioridades cuando la información se pone al servicio del jefe o de su institución. Cuando esta anomalía ocurre, el periodista no produce información sino propaganda, que solo difunde una parte de la verdad, la que le interesa a quien paga.

En cambio la información rigurosa en cuanto a exactitud sobre la actividad del funcionario y su entidad, tiene un doble efecto: a.- Aproxima al ciudadano a la realidad de lo que sucede. b.-  hace creíble al funcionario.

Es, por tanto, lo mejor para el funcionario y también para los consumidores de información.

Esto contrasta con los resultados que obtiene la oficina de prensa difusora de propaganda. Cuando el público advierte que el material informativo solo es propaganda al servicio de un jefe: pierden confianza en esa información y en quienes informan. El perjuicio, por consiguiente, es doble: para el jefe, que pierde credibilidad; y para el informador que también la pierde, a veces de modo definitivo.

Documentación

Para lograr y alcanzar la libertad, para gozar de plena independencia informativa, lo primero que necesitan los diarios es que su personal opere sin presiones intelectuales, políticas o económicas. Su deber no está unido a ningún interés distinto al de la comunidad y, por sus servicios, no recibe remuneración diferente a la que cubre su tarea, sin estar vinculado a otros afanes. Andiarios recomienda a la prensa, una vez más, que sus periodistas al cubrir cualquier evento, de la índole que sea, lo hagan por cuenta de ella. Es la única manera de preservar su prestigio, su credibilidad e influencia en la opinión. Esta es una buena ocasión para destacar que los colaboradores de los diarios, han creado en estos una imagen muy respetable ante el país por la inteligencia y pulcritud con que siempre han desempeñado sus labores. Y no podemos permitir que se pierda o deteriore esta tradición.

Citado por Otto Morales Benítez en Reflexiones sobre el periodismo colombiano. Ediciones Avance, Bogotá 1982. P.  121-122.

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