¿Aplica el secreto de la fuente para un periodista que no esté ejerciendo?
29 de Junio de 2017

¿Aplica el secreto de la fuente para un periodista que no esté ejerciendo?

Foto: Pixabay.com/ Mimzy. Compartida bajo licencia Creative Commons.

Un periodista que ahora no tiene ejercicio periodístico obtuvo mis números telefónicos y me contacta. Cuando le pido el nombre de quien la suministró mis números telefónicos se niega a dármelos. Creo que el secreto de la fuente no aplica porque él no está haciendo periodismo y yo soy persona privada. ¿Cuál es el punto de vista ético?

Respuesta:

Esté ejerciendo la profesión o no, sea como persona pública o privada, si el periodista prometió mantener en secreto un nombre, debe honrar su promesa. Lo contrario haría daño a futuros compromisos suyos, que dejarían de ser fiables, también debilitaría la palabra de los otros periodistas.

Sin embargo debe reiterarse que la promesa de mantener en secreto la identidad de una fuente debe ser excepcional y cuando hay la certeza de que podría producirse un mal para la fuente.

Lo normal debería ser la disposición para compartir con los lectores la identidad de las fuentes, una práctica que genera a la vez credibilidad para el periodista y responsabilidad para seleccionar y citar las fuentes.

Esta debe ser la práctica normal, aconsejada por la exigencia del receptor de informaciones, de conocer quién le informa qué y por qué. Es una señal de respeto a los receptores y una implícita invitación a su participación en el proceso informativo.

Documentación

Muchos periodistas mantienen que no se puede conseguir mucha información sin que algunas fuentes queden en el anonimato. Así que los periodistas prometen dar carácter confidencial a la información conseguida y dicen que lo ético es  mantener la palabra dada a las fuentes. Esto es bueno, pero primero hay que plantearse la siguiente pregunta: ¿deberían los periodistas prometer ese carácter confidencial, en primer lugar? A fin de cuentas, una característica importante de un relato es que sea posible verificarlo. Por ejemplo, quizás vea en el periódico que “una fuente de la universidad” ha dicho que la Facultad de periodismo de Missouri va a ser eliminada gradualmente el año que viene. ¿Cómo puedo yo averiguar que esta información es veraz? o ¿cómo voy yo a descubrir a la persona que difunde ese rumor?

Con fuentes anónimas el público tiene una seria desventaja, al no saber quién dijo esto o lo otro y, debido a esto, no pueden tener la oportunidad de averiguar su validez.

Las fuentes anónimas solo pueden dañar la ética cuando se citan diciendo algo negativo, despectivo o falso sobre alguien. La persona manchada por las palabras de la fuente no tiene ninguna alternativa. Incluso una persona acusada en un juicio, tiene el derecho de enfrentarse con su acusador. Cuando el periodismo permite que una persona sea atacada por fuentes anónimas, no le deja ninguna oportunidad.

El código de ética de la sociedad de periodistas profesionales (SPJ) repite que los periodistas tienen que estar libres de cualquier otro interés distinto del derecho del público a saber la verdad.” “Cualquier interés” tendría que incluir el interés del periodista a mantener secreta la identidad de la fuente.

John Calhoun Merrill: La ética del periodismo, Universidad técnica de Loja, Loja Ecuador,  2007. P.   263, 264

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