"Para el periodista no deben ser obstáculo las virtudes o los vicios de quienes reciben su información"
12 de Enero de 2017

"Para el periodista no deben ser obstáculo las virtudes o los vicios de quienes reciben su información"

Usted ha dicho que el periodista se debe, ante todo, a sus lectores y, a través de ellos, a toda la sociedad. Pero qué pasa si una sociedad no tiene valores. ¿Sigue sirviéndola?

Respuesta: Un viejo dicho parece recuperar vigencia en la respuesta a esta pregunta: “Haz el bien y no mires a quién”.

Para el periodista no deben ser obstáculo las virtudes o los vicios de quienes reciben su información porque su servicio solo tiene que ver con la necesidad humana y social de información.

La respuesta a esa necesidad ha de ser universal, esto es, con la intencionalidad de llegar a todos, sean de la política, religión, nivel económico o social que sean.

Esa información puede inducir valores puesto que toda noticia lleva consigno un potencial educativo, además de su aporte para la libertad de las personas; pero estos elementos, que pueden ser aprovechados o no por el receptor, tienen un carácter universal que va más allá  de cualquiera barrera política, religiosa o cultural.

En el caso extremo –más teórico que real– de una sociedad sin valores, la información tendría  un papel de inducción de valores. Por ejemplo: relacionaría con otros, mostraría otras maneras de ver, actuar o vivir; dejaría ver la aceptación o rechazo de conductas, de hechos o de discursos políticos, artísticos, religiosos o culturales.

Normalmente ese contacto con otras personas o sociedades, o cuestiona, o ratifica, o descubre valores y no tiene en cuenta si el receptor posee valores o no.

De todo lo anterior se puede concluir que la periodística, o cualquiera otra comunicación, siempre tiene un efecto que no está condicionado por la existencia o no de valores en los receptores.

Documentación

Las ágiles potencialidades avanzadas de las nuevas tecnologías de información para producir, difundir o internalizar datos y sentidos sobre nuestras conciencias, han modificado las reglas y dinámicas tradicionales con las que nuestra sociedad se articulaba, organizaba y participaba colectivamente.  Con ello se ha producido un profundo cambio en la jerarquía de poderes que conforman el esqueleto del poder y de la movilización cotidiana de nuestra  sociedad donde los medios de comunicación son ahora, el centro del poder.

Este creciente poder de los medios sobre la sociedad y los individuos, ha creado, cada vez más, una sociedad mediática, que ha producido una nueva atmósfera cultural colectiva de naturaleza comunicósfera que ha ocasionado que el conjunto de las principales instituciones de gobernabilidad ahora funcionen a distancia, por mediación de canales de información, especialmente electrónicos.

La expansión de esta realidad mediática ha modificado la estructura y frontera del Estado y de las culturas nacionales creando un nuevo tejido en la esfera del poder que ha dado origen al Estado ampliado. Así observamos el nacimiento de la tele administración, del tele deporte, de la tele política, la tele banca, la tele oración, la tele medicina, la tele venta, la tele diversión, la radio asistencia síquica, la radio orientación vial, la radio iglesia, la radio orientación social, etcétera.

Con ello el funcionamiento de los medios ha atravesado la operación práctica de todas las instituciones sociales básicas para la dirección del país al grado que ha sustituido en algunos períodos o reubicado en otros a los órganos de administración social más débiles o que están en crisis de funcionamiento o de legitimación.

Javier Esteinou Madrid en Medios de comunicación, crisis nacional y participación social. ( Espacios de comunicación) Universidad Iberoamericana, México, 2000.-    p. 23,24.

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