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¿Cómo manejar la relación poder-periodismo?

18 de Julio de 2016

Consulta enviada por: Gladys Izquierdo, Venezuela, República Bolivariana de

Las noticias diarias aquí en Venezuela nos repiten la pregunta sobre el manejo ético del poder. ¿Es posible ese manejo si se tiene en cuenta que el poder corrompe?

Respuesta: Cualquier manejo ético depende, en primer lugar, del conocimiento que se tenga de la naturaleza del poder.

Por eso es menester entender que el poder es real cuando palabra y acción son la misma cosa. No hay poder solo de palabra, tampoco si es solo de acción.

Estas ideas tomadas de Hannah Arendt (La condición humana 223) dejan ver que no hay poder donde reinan la mentira y las discordias entre las personas. El poder está asociado a la verdad y a la comunidad entre las personas.

Sólo unidas, las personas tienen poder. Una lucha entre individuos no decide nunca quién tiene el poder. A lo sumo determina quién es el más fuerte. Así se descarta que el poder deba estar necesariamente del lado de la fuerza. El déspota generalmente tiene la fuerza, pero no tiene el poder. Si tal es la naturaleza del poder, ¿cómo manejarlo?

Es sabio el consejo que se deriva de las sanas experiencias de los periodistas que enseña la obligación de estar apartados del poder y del poderoso, para conservar la capacidad de fiscalizarlo. La cercanía reduce esa capacidad y pone al periodista en peligro de corrupción. En efecto, no se puede olvidar que el poder corrompe.

Pero no basta la distancia. Al poder, como a los demonios, se le debe exorcizar, convirtiéndolo en servicio. Tal es la solución para el frecuente problema del periodista que pretende valerse del periodismo como de un poder. Para que no sea así, el periodista sensato convierte su profesión en un servicio de todas las horas. Además de ser éste un manejo ético, es una clave eficaz para hacer un periodismo de calidad.

Documentación

El poder es siempre un poder potencial y no intercambiable, mensurable y confiable entidad como la fuerza. Mientras ésta es la cualidad natural de un individuo visto en aislamiento, el poder surge entre los hombres cuando actúan  juntos y desaparece en el momento en que se dispersan. Debido a esta peculiaridad que el poder comparte con  todas las potencialidades que pueden realizarse pero jamás materializarse plenamente, el poder es en grado asombroso independiente de los factores materiales, ya sea el número o los medios. Un número comparativamente pequeño pero bien organizado, puede gobernar casi da manera indefinida sobre los populosos imperios y no es infrecuente en la historia que países pequeños y pobres aventajen a poderosas y ricas naciones. (La historia de David y Goliat es cierta solo metafóricamente; el poder de unos pocos puede ser mayor que el de muchos; pero en una lucha de dos hombres, no decide el poder sino la fuerza, y la inteligencia, esto es, la fuerza del cerebro contribuye materialmente al resultado tanto como la fuerza muscular). La rebelión contra gobernantes materialmente fuertes puede engendrar un poder casi irresistible, incluso si renuncia a la violencia frente a fuerzas muy superiores en medios materiales. Llamar a esto resistencia pasiva es una idea irónica, ya que se trata de una de las más activas y eficaces formas de acción que se hayan proyectado debido a que no se le puede hacer frente con la lucha de la que resulta la derrota o la victoria, sino únicamente con la matanza masiva en la que, incluso el vencedor, resulta derrotado, ya que nadie puede gobernar sobre muertos.

Hannah Arendt en La Condición Humana, Paidos Barcelona, 2006, p. 223.

Respondido por: Javier Darío Restrepo

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