"El que informa con odio, o convertido en juez de las personas, deja de informar"
6 de Enero de 2017

"El que informa con odio, o convertido en juez de las personas, deja de informar"

Al leer algunos escritos en nuestra prensa siento que los animan el odio y la rabia, aunque pretenden guardar las apariencias como denuncias para bien de la patria. En este momento de la vida colombiana hacen más mal que bien porque vician un ambiente que debe ser de reconciliación. ¿Qué orientaciones de la ética a esta clase de periodistas?

Respuesta: En tiempos de polarización, cuando la sociedad se divide en bandos enfrentados, el periodista no puede ser un fanático más. Es legítimo que tenga su opción personal, pero es ilegítimo que quiera imponerla valiéndose del poder que le dan los instrumentos de su profesión.

El periodista está al servicio de todos, y a unos y a otros les debe  una información que les permita sustentar sus opciones. Por tanto es deber del periodista informar de modo que sea útil y creíble para todos los receptores de su información. Hacerlo así le da a sus noticias la calidad de la universalidad.

Su ejercicio profesional se empequeñece, en cambio, cuando se pone al servicio de un grupo, de un gobierno, de un partido, porque lo suyo es servir a todos los grupos, al gobierno y a la oposición, a todos los partidos.

El que informa con odio, o convertido en juez de las personas, deja de informar y se convierte en propagandista. La propaganda, en efecto, es mensaje para los sentimientos, mientras la información periodística es un estímulo para la inteligencia; esta es, ciertamente, la clave de la dignidad del periodismo, que en vez de estimular pasiones, promueve las acciones de la inteligencia. 

Documentación

Durante años he aceptado el concepto de “relación adversaria” entre prensa y gobierno haciendo una analogía con el tribunal de justicia. Como ha dicho Tom Wicker, los abogados sirven a la corte y al jurado haciendo las preguntas más duras y escépticas, actuando como adversarios para obtener la verdad. Pero, como la analogía es imperfecta, me inclino por la descripción  de Jim Deakin sobre lo que es una relación crítica entre prensa y gobierno: “la prensa es el residente crítico permanente del gobierno. Crítico, no adversario. Cuando hacen bien su trabajo – lo que de ninguna manera ocurre siempre-  los medios noticiosos llaman la atención sobre errores, deficiencias, abusos y corrupciones de los que están en el poder. Y lo hacen con imparcialidad, sin importarles qué partido o qué individuos están en funciones”.

Imparcialidad es la palabra clave en esa frase. Constituye uno d elos valores más importantes en la vida de un reportero. Es parte del código por el cual nos juzgan, lo que garantiza ausencia de partidismo o de favoritismo ideológico o personal. Nada va a cavar más pronto con la reputación de  un periodista entre sus  colegas- cuya opinión valora más que las de los otros-que transgredir ese código buscando favores o conduciendo venganzas personales, o condenando  personas y puntos de vista en particular. Se podría decir que es una disciplina informal que ejercemos entre nosotros.

David S.Broder  Tras las ocho columnas, Gernika, México 1997.   p. 439, 440 

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