Consultorio Ético de la Fundación Gabo
3 de Octubre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Un miembro de nuestro equipo de prensa entró a laborar a un diario de circulación nacional e hizo en el diario una denuncia de corrupción en nuestra institución que involucraba directamente a un miembro de nuestro equipo. Nunca le había informado sobre el informe, aunque el artículo tiene visos de ceñirse a la verdad.
Fue despedido de nuestra institución y en los días siguientes ha escrito críticas burlonas y ha amenazado con involucrar a una persona con la que tenía diferencias. ¿Puede arg&uuml ir que el despido, por decir la verdad, violenta su libertad de expresión?
El caso permite recordar principios que se mantienen en las redacciones de los medios más decentes en el mundo.
Cuando se publican informes de denuncia, es deber de la redacción hacer contacto con las personas involucradas para ofrecerles la oportunidad de expresar su punto de vista, sus descargos o su protesta, simultáneamente con la publicación de la denuncia. Lo contrario, o sea, negarles ese espacio cuando se los ha acusado, es negarles el derecho a la presunción de inocencia, convertirse en jueces que condenan sin apelación y darle carácter de verdad absoluta e indiscutible a la denuncia.
Las informaciones públicas en ningún caso se han de utilizar para ventilar intereses o problemas personales. Entre otros, se puede citar el Manual de Redacción del diario El Tiempo, de Bogotá, que registra un criterio de común aceptación en las redacciones: " el periodista no podrá ventilar en las páginas del diario, reyertas o conflictos de carácter personal ni podrá utilizarlas para crearle vacío a un personaje por motivos de simple antipatía o para vengar determinado acto que dicho personaje pudo haber cometido contra él."
La libertad de expresión es inseparable de la responsabilidad. Pretender que la libertad de expresión pueda legitimar abusos, es darle un carácter absoluto, que no tiene. La libertad de expresión es un instrumento para informar veraz y objetivamente, como un servicio, y no como un abuso de poder.

Documentación.

" Sin juicio, sin defensa, sin recursos jurídicos, centenares de personas son cada año condenadas a abandonar su empleo o salir de su ciudad o de su pueblo, simplemente porque su nombre ha sido imprudentemente citado por un periódico porque ellos o su familia han sido interrogados por la policía porque están detenidos o en prisión preventiva, con independencia de que posteriormente venga el sobreseimiento."
Todo este torrente de injusticias y desquiciamientos es un dolor sin sentido, una más de las sinrazones ciegas que los hombres han de evitar, si acaso pueden.
No faltan tampoco personas que reconocen en ese retablo de dolores una última justificación, como si el dolor de unos pocos tuviera que ser el precio de la seguridad de los demás. " Cuando llega el momento de averiguar las cosas que el gobierno o los dirigentes de los negocios no quieren que sepamos, comenta, por ejemplo, Kurtz, los periódicos son el último bastión. Es el lápiz de la prensa el que ha removido la porquería."
Hurgar en la porquería, antes, durante o después de que el poder judicial intente hacerlo con todas las garantías procesales, ¿es una pura intromisión informativa? ¿Pueden ser actividades complementarias? ¿O pide el sentido común que información y jueces se coordinen?
En medio de la tormenta conceptual planteada, al menos una cosa parece clara: la piedra de toque para revisar las relaciones entre información y Poder Judicial es cabalmente la presunción de inocencia.
No puede haber justicia sin información porque la información es un acto de justicia. Pero al mismo tiempo, puede haber información que no tome a la justicia como punto constante de referencia.
Se intuye desde el principio que el exquisito respeto a lo que es la presunción de inocencia, presupone y genera la justicia o lo que es lo mismo, es una pura exigencia de toda información.

Carlos Soria
En la Etica de las Palabras Modestas. U. Pontificia Bolivariana. Medellín 1997.

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