Consultorio Ético de la Fundación Gabo
3 de Octubre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

En febrero de 2002 el periódico mexicano El Universal publicó una serie de fotografías y de testimonios que documentan la matanza de estudiantes del 2 de octubre de 1968.
El argumento para publicarlas 34 años después, fue que ahora sí existen las condiciones sociales y de seguridad para hacerlo. De esta situación derivan las siguientes preguntas:¿Qué significa en términos de ética que un medio omita una información porque no hay condiciones de seguridad para hacerlo?Se omitió la información y, además, se publicó información que contrariaba la evidencia.¿Fue ocultamiento de pruebas?¿Qué tan válido es publicar esas evidencias 34 años después? Las consideraciones éticas aplicables a este caso no necesariamente responden todas las preguntas, pero aportan elementos válidos para una discusión.

1.- Un medio que omite información puede tener razones válidas para hacerlo, vg. cuando la información atenta contra el bien común, que es el caso de la revelación de secretos militares que, hechos públicos, pondrían en peligro vidas humanas o intereses superiores de la sociedad.
Hay otras informaciones que los medios habitualmente omiten: o porque carecen de importancia para los lectores: una reunión de vecinos o porque debe dársele cabida a otras informaciones de mayor importancia.
Estas omisiones se fundamentan en el criterio ético de servir al bien común: o porque se evita hacerle daño (ninguna información debe hacer daño) o porque otras informaciones pueden hacer mayor bien. Al hacerlo así, opera en el periodista una ética de la responsabilidad, que es la que mide los efectos de una acción por sobre una ética de valores absolutos, que no admite relaciones entre los valores.

2.- Se plantea, además, la obligación de informar cuando el bien común está en peligro. En esa coyuntura el medio asume su papel esencial que es la defensa de lo público. Si la información es un bien social, debe manejarse como tal, es decir, como una responsabilidad ante la sociedad. Esa responsabilidad subordina todos los demás intereses. Por eso los códigos de ética (vg. Unesco) establecen que la máxima prioridad del periodista es el interés de la sociedad. En esa escala de prioridades el interés de la sociedad prevalece sobre todos los demás, incluído el del propio medio de comunicación. Sin embargo puede suceder que difundir una información de interés público ponga en riesgo al periodista o al medio de comunicación.

3.- En la historia del periodismo en el mundo no son escasos los episodios heróicos de medios que entre la seguridad del silencio o el riesgo de informar, prefirieron el riesgo a su seguridad. La conciencia periodística indica que este es el comportamiento correcto. Hay quienes prefieren un tercer camino que es el de afrontar el riesgo con la cautela indispensable para informar, bordeando el riesgo de hacerlo. En cualquier caso resulta evidente que si el riesgo de informar para defender lo público es esencial a la función periodística, al periodista y al medio periodístico les corresponden, más que a nadie, hacer prevalecer el interés público sobre el privado con el mismo empeño con que el soldado defiende su patria con riesgo de su vida.

Documentación.

Se da el canibalismo jurídico cuando se mantiene que un derecho humano puede devorar otro derecho humano. El canibalismo también se da, aunque en tono menor, si lo que viene a defenderse es que sólo cabe devorar una parte de otro derecho humano, eso sí, no la totalidad. Las posiciones que de una manera u otra sostienen que el derecho a la información prevalece sobre el derecho a la vida, o sobre el derecho al honor, o sobre el derecho a la intimidad y vida privada, o sobre el derecho a la propia imagen, están invitando a que el derecho a la información devore total o parcialmente a otros derechos humanos. El mismo efecto devorador se produce si se mantiene la posición contraria, es decir, que el derecho a la vida, al honor, a la intimidad y vida privada, o el derecho a la propia imagen son prevalentes respecto al derecho a la información.
No parece que el destino final de los derechos humanos cuando se mezclan, chocan y entrecruzan sea su desaparición total o parcial, su derogación práctica en manos de otros derechos humanos.
Lo que parece más acorde con la naturaleza y el sentido de los derechos humanos es que vivan, convivan y coexistan entre sí integramente. No se puede olvidar que todos los derechos humanos son genéricamente derechos y específicamente se refieren al hombre. Tienen al hombre como titular de la forma más profunda posible. Explicitan la radical igualdad, unidad y dignidad del hombre. Por eso, no pueden ser contradictorios, ni oponerse dialécticamente, ni destruirse recíprocamente.

Carlos Soria
En La ética de las palabras modestas.Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín 1997.

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