Consultorio Ético de la Fundación Gabo
2 de Octubre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Una importante figura política de mi país, investigada por un equipo de periodistas, resultó ser homosexual, con un joven amante con quien discretamente comparte su vida. Tenemos documentación completa sobre el caso y sólo nos hace falta estar seguros de que obramos bien al publicarlo. ¿Usted lo publicaría? En cualquier caso, sea figura política, sea funcionario público, sea personaje famoso (deportista, escritor, actor etc.) la pregunta que el periodista tiene que responderse es: ¿a quién la resulta útil esa información? ¿Qué clase de utilidad tiene? ¿Satisface la curiosidad? ¿O va más allá y tiene que ver con un interés de la sociedad? El caso de un educador homosexual, que pondría en riesgo la formación de los adolescentes a su cargo, por ejemplo.
Con esto quiero destacar que si la única razón para publicar esta historia, es el aumento de la circulación o de la sintonía y satisfacer la curiosidad del público, no se justifica su difusión y la acción periodística aparece como una indebida invasión a la intimidad de una persona. Cada quien decide el manejo de su sexualidad y esa intimidad debe ser respetada. Debe ser muy claro el daño para el interés público, para que esa barrera se pueda romper.
El siguiente texto propone, a su vez la aplicación de una regla de oro: no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti. El periodista se puede preguntar si admitiría una invasión parecida a su propia intimidad.

Documentación.

Hay un peligro muy real de que los medios llevados por su arrogancia y su visión de la virtud, puedan dañar la confianza del público. Los ejecutivos en los medios noticiosos deberían comprender que ellos están en posición de confianza pública también. Si tenemos el derecho a conocer las transgresiones privadas de un presidente de universidad, ¿no tenemos también el derecho a conocer las transgresiones de un editor de periódico?
La prensa ha tomado un rol más importante que nunca antes en la historia,. El público necesita saber si alguien que se postula para altos cargos compromete su conducta fuera de los estándares usualmente aceptados por la sociedad. El público necesita saber si un miembro del gabinete o un congresista o un alcalde, tiene intereses financieros en alguna compañía que hace negocios con el gobierno. Algunos países requieren una completa declaración de finanzas para los funcionarios de manera que el público conozca que no hay conflictos de interés. ¿Deberían ellos requerir una declaración de finanzas para aquellos que están cubriendo las noticias?
Si un periódico publica un artículo sobre las transgresiones de una compañía importante, el lector debería conocer si los ejecutivos de ese periódico tienen algún interés financiero en alguno de los competidores de esa compañía.
Los medios noticiosos necesitan investigar la corrupción y los errores en los puestos públicos. No hay otra manera en que el público pueda conocer las malas acciones de los servidores públicos. Pero, ¿sometemos a otros a estándares de conductas que no estaremos dispuestos a observar nosotros mismos?

Charles H. Green.
En Pulso, julio-septiembre de 1991. P. 46 y 47.

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