Consultorio Ético de la Fundación Gabo
2 de Octubre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Muchos medios entrevistan y casi promocionan a grupos armados. Han entrevistado, incluso, a gente encapuchada. Estos periodistas argumentan que esa gente existe y ejecuta acciones y que ellos no son quiénes para censurarlos. ¿Es eso correcto? ¿Cómo limitar esas entrevistas para no promocionarlos ni censurarlos? Cuando los medios de comunicación se han planteado el tema de la información sobre terrorismo, han llegado a conclusiones inspiradas por los valores éticos, que son aplicables en casos como este:
Las entrevistas con personas armadas y dentro del contexto de sus acciones de guerra, no deben hacerse en directo. El periodista debe contar con la posibilidad de editar para suprimir el discurso de propaganda y mantener la información de interés público. El periodista sí es quién para hacer esa edición porque es más que un simple escribano de sus fuentes, es responsable de los contenidos que ofrece a los receptores de su información.
El control de la entrevista debe estar en manos del periodista y del editor.
Los medios de comunicación no admiten ni información anónima, ni entrevistados sin rostro. La comunicación supone interlocutores que dan la cara.
Aún los subversivos y terroristas tienen el derecho a expresarse pero no a hacer apología de sus delitos.Son normas a las que han llegado los medios de comunicación que han tenido que enfrentar acciones de terrorismo como material noticioso frecuente.

Documentación.

Vivimos una época de declaraciones y titulares en la que, con frecuencia, se da prioridad a las imágenes impactantes y a las frases enérgicas, que a menudo se confunden con el buen periodismo, sobre el análisis deliberado y la exégesis detallada. Uno de los axiomas permanentes del terrorismo es que está diseñado para generar publicidad y para atraer la atención sobre los terroristas y sus causas. La suya es, por tanto, una actividad hecha a medida para los medios de comunicación de este fin de milenio. Los actos terroristas se convierten con facilidad en importantes acontecimientos mediáticos a nivel global, precisamente porque se diseñan teniendo ese objetivo en mente. El dramatismo de estos repetidos actos de violencia que, a menudo, desembocan en auténticas cifras y enfrentan las fuerzas de seguridad con enigmáticos adversarios, hacen que estos episodios sean ideales para la televisión y la prensa, tanto la seria como la sensacionalista.
La cobertura de los medios no deja de ser un arma de doble filo para los terroristas, les proporcionan la publicidad y atención que buscan, pero no siempre les resulta útil ni positiva. La publicidad puede ser perniciosa para los grupos terroristas porque ayuda a que un pueblo encolerizado movilice sus inmensos recursos y produzca la información que el público necesita para perforar ese velo de secretismo que exige cualquier grupo terrorista.

Bruce Hoffman
¿Causa y efecto? El terrorismo, los medios y la opinión pública. En www.libertad-de-prensa.org

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