Consultorio Ético de la Fundación Gabo
2 de Octubre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Ante una ley que impone sanciones a los periodistas por injuria o calumnia, hemos denunciado que se trata de un atentado contra la libertad de prensa. ¿Qué dice la ética sobre esto?
El caso común de enfrentamiento entre el derecho a la libre información y el derecho a la honra y a la fama, tiene que dar lugar, no a la absorción de un derecho por otro, sino a su armonización porque ambos tienen su esfera propia, sin perjuicio de que existan espacios comunes.
De otro lado no se puede dar una libertad de información sin su factor de equilibrio que es la responsabilidad. Es obvio que nadie es libre para calumniar ni injuriar, pero si se dan la calumnia o la injuria debe haber capacidad de respuesta para rectificar o para resarcir los daños causados. Eso es la responsabilidad.
Este proceso que debería darse por presión de la sensibilidad ética del periodista, no siempre se da. Es entonces cuando debe intervenir la ley porque cuando falla la ética, o sea ese gobierno de cada persona dentro de sí misma, interviene la ley, ese gobierno de las personas y de la sociedad por parte de las autoridades.

Documentación.

Las posiciones que, de una manera o de otra, sostienen que el derecho a la información prevalece sobre el derecho a la vida, o sobre el derecho al honor, o sobre el derecho a la intimidad y vida privada, o sobre el derecho a la propia imagen, están invitando a que el derecho a la información devore total o parcialmente otros derechos humanos. El mismo efecto devorador se produce en la posición contraria, es decir, que el derecho a la vida, al honor, a la intimidad y vida privada o el derecho a la propia imagen son prevalentes respecto al derecho a la información.
Lo que parece más acorde con la naturaleza y el sentido de los derechos humanos es que vivan, convivan, coexistan entre sí íntegramente. No se puede olvidar que todos los derechos humanos son genéricamente derechos y específicamente se refieren al hombre. Tienen al hombre como titular de la forma más profunda posible. Explicitan la radical igualdad, unidad y dignidad del hombre. Por eso, no pueden ser contradictorios, ni oponerse dialécticamente, ni destruirse recíprocamente.
El sentido final de los derechos humanos es la armonía. No su sacrificio. No su mutilación. No su desmembramiento.

Carlos Soria.
En La ética de las palabras modestas. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín. 1997. P. 47- 48.

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