Consultorio Ético de la Fundación Gabo
29 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Qué lectura se puede hacer sobre el hecho de que un comunicador de la radio sea asesinado por un grupo armado y los medios de comunicación, ni los periodistas hayan hecho una manifestación colectiva de rechazo? Los códigos de ética señalan, como un mandamiento, la solidaridad entre colegas.
Si nos atenemos al hecho de que 29 códigos de ética consignan entre sus normas esos deberes, es forzoso concluir que están incorporados a la ética de la profesión. A partir de una correcta actitud hacia los colegas de profesión es posible construir la conducta del periodista hacia la sociedad. Mal podría esperarse una honesta y noble disposición hacia los receptores de la información a quienes el periodista no ve, si no existe un comportamiento solidario hacia unos colegas a quienes sí ve. Ese parece ser el fundamento de las variadas normas de comportamiento gremial incluidas en los 29 códigos.
El código inglés dedica 8 de los 13 artículos de su compendio ético a la enumeración de esos deberes. Algunos de ellos tienen que ver con el gremio en sí: asociarse, velar por su buen nombre, contribuir a las tareas comunes, el respeto a las normas jurídicas y asociativas de la profesión.
Pero la mayoría de las normas se refieren a deberes con los colegas individualmente considerados. Los códigos de Grecia y Nigeria rechazan los comentarios denigrantes o que difaman a los colegas los periodistas de Venezuela y de Chile reclaman solidaridad con los colegas perseguidos una reveladora coincidencia es la condenación de la práctica de socavar el prestigio de un colega para obtener su despido y ocupar luego su puesto. En efecto, esa innoble conducta, que la decencia condena, es más común de lo que uno querría admitir si se piensa que los códigos de Bélgica, Birmania, Canadá, Inglaterra, Grecia, Ruanda, Malí, Nigeria y Polonia la mencionan expresamente para condenarla y establecer una norma positiva. Polonia va más allá de la sola condenación y sanciona con seis meses de suspe
La preocupación por la unidad del gremio, para mantenerlo fuerte, es común en los códigos. Los birmanos, sin embargo, agregan una condenación a las controversias personales de los periodistas a través de los medios.
Muchos códigos no se refieren a estos aspectos porque establecen una nítida diferencia entre los asuntos laborales del periodista y sus deberes éticos. Sin embargo, mirada la conducta del periodista como un todo, es obvio que los valores que le permiten observar elevados niveles de comportamiento con sus colegas, son los mismos que lo habilitan para prestar su servicio a la comunidad.

Documentación.

La vertebración de los profesionales del periodismo pasa por una organización colectiva capaz de asumir tanto las reivindicaciones de carácter laboral, salarial, como también una gama más amplia de objetivos acordes con el papel que el periodismo y los medios tienen en nuestras sociedades. Una organización así debería contemplar entre sus objetivos, los siguientes:
La retribución justa de los periodistas.
La mejora de las condiciones de trabajo.
Las prestaciones complementarias y de futuro.
La preparación y seguimiento de los profesionales en situaciones de riesgo.
La defensa de la libertad de expresión y la pluralidad informativa frente a cualquier amenaza, ya proviniera del Estado, la política, la economía, los procesos de concentración, la globalización, etc.
La ordenación y regulación de la profesión, participando en los procesos legislativos que la afectasen.
La vertebración y colaboración de los periodistas, más allá de la competencia entre empresas, las simpatías ideológicas o incluso las rivalidades personales.
La denuncia de las incompatibilidades que pudieran repercutir en la labor ética de un profesional o en la credibilidad colectiva de la profesión.
La promoción de la cualificación de los profesionales desarrollando una política de formación permanente entre sus miembros.
La promoción de la investigación para evaluar y hacer frente a las novedades tecnológicas, mediáticas, comunicativas, que pudieran afectar a la actividad profesional.
El fomento del diálogo y la colaboración con los centros universitarios ocupados de formar futuros periodistas.
La elaboración de códigos deontológicos y la promoción de mecanismos de autorregulación tanto dentro, como fuera de los medios.
La promoción de la solidaridad con compañeros en situaciones o lugares en donde la libertad de expresión, el derecho a la información y la propia vida estén amenazados.
En un mundo como el actual, sólo puede mejorarse la situación a través de la unidad de todos los profesionales en la defensa de sus bienes, intereses y valores comunes precisamente los de la información y la comunicación. Frente a las exigencias de un mercado cada día más poderoso y agresivo, la unidad profesional se convierte en un imperativo deontológico más.

Hugo Aznar
En Comunicación Responsable. Ariel, Barcelona, 1999. Páginas 122-123.

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