Consultorio Ético de la Fundación Gabo
29 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Cuando sucede una catástrofe se hace todo lo posible para informar al año no se toca el tema y no se presiona para ayudar. ¿Qué hacer para poner el tema de nuevo en la opinión pública?
Este caso tiene que ver con una exigencia ética de darle a la información la máxima calidad periodística. Cuando esto sucede los temas entran en la agenda de la opinión pública. Hechos como el que usted menciona no desaparecen de esa agenda porque hayan perdido importancia sino porque sobrevienen otros que, con el peso de su actualidad, parecen sepultar a los primeros. Ese peso lo suele contrarrestar el periodista creativo cuando destaca en un hecho factores como la pertinencia, esa conexión del hecho con los intereses, expectativas o curiosidad intelectual del lector en el momento. O el peso moral de la noticia como sucede en el texto clásico sobre la niña que perdió una moneda en una alcantarilla. La impactante presentación de ese episodio trivial lo convirtió en noticia leída y comentada ampliamente.
Depende en gran parte del propio periodista el que las noticias tengan seguimiento y que las consecuencias de los hechos sean tan conocidas como el hecho mismo. Y así sucede en algunos casos en que el trabajo del periodista para allegar datos y presentarlos con fuerza ha logrado superar el carácter efímero que suele dársele a la noticia. Ese esfuerzo favorece, ciertamente, a las víctimas de las catástrofes, que se sentirán acompañadas y auxiliadas, pero también a los lectores a quienes se les dará un conocimiento completo del hecho. Los hechos son ellos con sus antecedentes y contexto, pero también con sus consecuencias. Es lo que ponen en evidencia esas crónicas documentadas y bien escritas que recuerdan que hace 6 meses, o un año, o 24 meses que sucedió tal catástrofe y esta es la situación de sus testigos y víctimas. Del periodista depende que se trate de un recorderis trivial o de una convocatoria imposible de eludir.

Documentación.

El compromiso del periodismo impone, más allá de la loable indignación ante el terror y el sufrimiento, un deber de conocimiento, de contextualización, de explicación. La ignorancia de los factores políticos, económicos o históricos, la focalización única y exclusiva sobre las víctimas, pueden debilitar la eficacia de la lucha por los derechos humanos. Negándose a mirar hacia la complejidad del mundo, los periodistas corren el riesgo de no identificar los verdaderos orígenes de estas violaciones y de no identificar las verdaderas soluciones. Para devolver a la solidaridad su sentido, hay que devolver su sentido a la actualidad.
El compromiso del periodismo tiene como principal exigencia la verdad y, por tanto, la imparcialidad.
Es la imparcialidad de la información la que, al lado de la fuerza de las convicciones, dibuja la verdadera naturaleza y las verdaderas intenciones de todos aquellos que ponen al periodismo bajo el estandarte de los derechos humanos. Es la calidad de la información la que otorga eficacia a la realidad, la que determina la credibilidad del periodismo y, por tanto, su capacidad para convencer.
El compromiso implica una autocrítica, una obligación de volver a mirar las imágenes. El deber de volver sobre el terreno, de comprobar que las informaciones difundidas resisten la prueba de la realidad. El mejor servicio que la prensa puede rendirle a la causa de los derechos del hombre es el de ejercer un gran periodismo.

Jean Paul Marthoz
En "Sin humanidad el Periodismo no es más que Negocio o Propaganda." Conferencia en Congreso Internacional sobre Medios y Acción Humanitaria, Castellón, 07-03-01.

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