Consultorio Ético de la Fundación Gabo
29 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Cuán importantes son los cursos de ética en las universidades? ¿Sirven para el cambio de actitud? ¿Es posible lograr ese cambio? La enseñanza de la ética no produce cambios de actitud los propicia en cuanto puede aportar elementos racionales y de conocimiento para motivar, desvanecer prejuciios, sugerir dudas, proponer preguntas y, especialmente, examinar casos concretos de dilemas éticos.
Hay distintas metodologías para esas clases: la que se basa en la lectura, comentarios y memorización de un texto, complementada con la redacción de ensayos sobre textos clásicos de la ética.
De ahí resulta un conocimiento teórico que permite formular, con alguna solvencia, las principales teorías sobre la ética y sus aplicaciones a la problemática contemporánea, con las que se configura un discurso erudito e inteligente que, sin embargo, da muy escasas bases para un cambio de actitud lo cual no debe extrañar porque ese no es su propósito.
Hay otra metodología, que atiende la definición de Aristóteles de la ética como un saber práctico, en que el discurso filosófico y la recensión erudita se subordinan a un propósito prioritario de examinar dilemas éticos reales, no en busca de soluciones definitivas, sino de criterios aplicables a esos y a otros dilemas. El discurso que resulta de la aplicación de esta metodología no tiene el brillo académico del que se obtiene con el sistema anterior, pero sí está más cercano a un proceso de cambio de actitud por su arraigo en la vida concreta de cada día. Con todo el cambio de actitud ética no depende de factores externos sino de una decisión autónoma de cada persona.

Documentación.

Cuando conté que estaba trabajando en un libro sobre ética periodística desperté algunas reacciones interesantes como estas:¿Cuál ética?Bueno, al menos la investigación bibliográfica será corta.¿Lo leerá el público adecuado?No comparto la actitud expresada medio en broma, de esas reacciones acerca del periodismo, pero las entiendo. En este país el periodismo no es tenido en alta estima por muchos ni siquiera por buena parte de los periodistas. Algunos consideran el periodismo una profesión abusiva, con frecuencia practicada por patanes inescrupulosos.
En realidad el periodismo, en estos días, ha llegado a convertirse en algo bastante respetable. Con la llegada de computadores y la digitalización silenciosa, las salas de prensa se han llenado de reglas de decoro y no se diferencian en nada de las oficinas de las compañías de seguros alfombradas, sin máquinas de escribir ruidosas o teletipos repiqueteantes, sin pegotes de goma, sin viseras verdes ni gritos tales como "Detengan las prensas, tengo una noticia que conmocionará a la ciudad." Las salas de redacción de televisión tienden a ser más desordenadas, sin embargo, con camerinos de maquillaje, reconocimiento instantáneo para sus figurones y salarios millonarios para las estrellas presentadoras, el periodismo de televisión tiene que ser respetable. Con todo, la profesión no ha podido
A lo largo de los años he observado a los periodistas en su trabajo y en su juego. Durante unos doce años participé en lo que se conocía como "la jugada del periódico," y como profesor de periodismo por más del doble de ese tiempo, he seguido presenciando lo mismo. Me gusta la gente del gremio, ya se trata de santos o de sinvergüenzas son personas que hacen cosas interesantes, que tienen que ver con su trabajo y que cuentan historias apasionantes, de las cuales algunas llegan al dominio público. Me encantan su irreverencia y su escepticismo. Admiro su habilidad para llegar al meollo de las cosas en un mundo en donde la ofuscación y el andarse por las ramas parecen lograr más reconocimiento.Sin embargo, por mucho tiempo me he sentido fastidiado por algunas de las cosas que hacen tanto los periodistas como los propietarios de los medios. No siempre parecen tener un sentido muy fuerte de la moralidad, de lo que está bien o de lo que está mal. Incluso, algunos de los que considero honestos y decentes, hacen cosas incorrectas con tal de conseguir una noticia. (Yo llegué a hacer lo mismo y hasta el día de hoy me siento avergonzado). Mis sentimientos acerca de los deslices morales, ocasionales pero serios, de los periodistas y del negocio en general, comenzaron a definirse cuando me hice cargo del curso de ética de los medios de información en la Universidad. A medida que organizaba mis archivos y mis ideas, y me sumergía en lo escrito sobre los aciertos y las flaquezas del period

Eugene Goodwin
En Por un Periodismo Independiente. Tercer Mundo, Bogotá, 1994. Páginas 1 y 2.

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