Consultorio Ético de la Fundación Gabo
29 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Qué diferencia existe entre autorregulación y autocensura y qué implicaciones pueden tener en la información? La autorregulación o autocontrol siempre serán necesarios como factor de un ejercicio profesional regido por la disciplina. Es el caso del control que el periodista ejerce sobre sus emociones, para equilibrarlas con el conocimiento o del control sobre las fuentes, para seleccionarlas en función del interés del lector, para obtener de ellas el material informativo que se necesita y nada más o el control en el manejo del tiempo para distribuirlo prudentemente entre las distintas tareas diarias del periodista o el control sobre los afectos y desafectos del periodista, para impedir que contaminen la información. Todos estos, entre otros muchos, son controles necesarios y todos configuran el autocontrol o autorregulación.
Distinto es el caso de la autocensura que es la madre de los silencios interesados. Aparece cuando el interés personal del periodista, o el del medio adquiere un peso mayor que el derecho del lector a tener información. Por eso la autocensura es un desconocimiento y usurpación de un derecho ajeno.
Un medio de comunicación o un periodista se autocensuran, a veces, por miedo a las consecuencias de la información o para preservar sus propios intereses o los de alguna persona o institución de los que se quiere obtener algún beneficio. La autocensura implica, por tanto, un engaño para el lector y determina, cuando éste la percibe, una irremediable pérdida de credibilidad. No se le puede creer a quien calla por interés o por miedo.

Documentación.

El periodista afirma que las personas tienen derecho a saber, pero no entrega el nombre de las fuentes.
El periodista dice que la gente tiene derecho a saber pero procede a seleccionar cuidadosamente en sus notas, ciertas informaciones para la gente y retiene para sí otro tipo de información.
El periodista afirma que la gente tiene derecho a saber, pero se abstiene conscientemente de publicar ciertos reportajes e información que están en sus manos.
El periodista afirma que la gente tiene derecho a saber pero omite ciertos nombres en sus reportajes y decide entregar otros.
El periodista dice que la gente tiene derecho a saber pero todos los días tira a la cesta de papeles reportajes e información que piensa que el público no debiera (o no necesita) saber.
En pocas palabras, el periodista piensa genuinamente en el derecho del público a saber. En lo que sí cree es en su derecho a decidir lo que el público ha de saber. No pretendo empequeñecer el concepto periodístico, pues es consecuente con el concepto de autodeterminación editorial, con la tradicional libertad periodística, la libertad de los hombres de prensa para decidir qué publicarán y qué no. Lo que pretendo decir es que los periodistas no debieran hablar con una doble lengua. Ellos no pueden creer realmente en un derecho del público a saber cuando a la par ejercitan su propia libertad de prensa al determinar que el público obtendrá sólo cierta información.
En un discurso ante la American Newspaper Publisher Association, Kurt Luedtke dijo: "no existe nada semejante al derecho del público a saber. El público sabe lo que ustedes deciden decirle, ni más, ni menos. Si el público tuviera el derecho a saber, realmente tendría algo que decir en relación a lo que ustedes eligen llamar noticias".

John Mc Merrill
"El libre flujo de la información". De la compilación "Libertad de información, Ética periodística y Desinformación." Universidad Católica de Chile. Santiago. 1988. P 177-78

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