Consultorio Ético de la Fundación Gabo
29 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Sobre el Nuevo Periodismo y la No Ficción: ¿Existe una barrera nítida entre el discurso literario y el discurso periodístico? Los expertos en esta materia señalan una barrera decisiva: la relación con la realidad. El discurso literario tiene licencia para entrar en la ficción y convertir esa ficción en una realidad para el lector: así nace la Comala poblada de muertos de Rulfo, el Macondo con sus personajes y su marco de realismo mágico de García Márquez o el condado de Yoknapatawpha de William Faulkner.
En el discurso periodístico no se dan esas licencias y el relato se tiene que ajustar a los hechos vistos por el periodista o testimoniados por otros, por razones a la vez técnicas y éticas de compromiso con la verdad de los hechos. Según los códigos la verdad del periodista es la exactitud en la versión del hecho diario.
El Nuevo Periodismo encontró, sin embargo, que un discurso periodístico apegado a la realidad podía tener toda la fuerza y el encanto de cualquier relato de ficción porque, según sus cultores, la realidad investigada y percibida en todas sus facetas, es superior a la ficción.

Documentación.

En una sociedad en la cual los estudiantes aprenden que hay dos clases de escritura, la ficción y el periodismo, y que el periodismo es, en general, una prosa opaca, hacer el periodismo literario es un negocio difícil. Asumimos naturalmente que lo que se lee como ficción debe ser ficción. Un editorialista local que se propuso felicitar a Tracy Kidder cayó en un revelador gazapo al respecto: "Tracy Kidder, residente de Williamsbourg ha ganado el premio Pulitzer por su novela El alma de una nueva máquina".Kidder leyó la frase e, incrédulo, meneó la cabeza. Una novela, una narrativa inventada. Para él aquello era un poco irritante después de haber vivido ocho meses en el sótano de la Data General Corporation y de haber gastado dos años y medio en el libro. Y se había esmerado en conseguir las citas exactas, y en captar todos los detalles con precisión.
Hay una ley de exactitud que, según sus practicantes, rige en el periodismo literario. Mc Phee tiene el derecho de hacer sugerencias a los que tienen su obra por modelo: "El escritor de no ficción se comunica con el lector sobre gente real en lugares reales. De modo que si esa gente habla, uno dice lo que dijo. Uno no dice lo que el escritor decide que dijeron. Yo me irrito si alguien sugiere que hay diálogos en mis escritos, que no obtuve de las fuentes. Uno no inventa diálogos. Uno no hace personajes mixtos. Para mí los personajes mixtos siempre han sido ficción. Se podría hacer la lista de las cosas que uno no hace. Cuando los escritores omiten alguna, viajan a dedo sobre la credibilidad de los escritores que no omiten ninguna. Parte de este mandato de exactitud es el buen orgullo tradicional del reportero. Todos los reporteros tienen un compromiso de exactitud, pero si se dan

Norman Sims.
Los periodistas literarios. El Áncora Editores. Bogotá, 1996. Páginas 25 y 26.

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