Consultorio Ético de la Fundación Gabo
29 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Cuál es la actuación correcta en materia de comunicaciones de una institución pública o privada, frente a temas de interés público? ¿Qué pasa cuando entregan la información a unos medios y excluyen a otros? Las instituciones públicas tienen la obligación de rendir cuentas de lo público que manejan, de acuerdo con el viejo principio romano de que lo público debe gestionarse públicamente. Es, por otra parte, una exigencia de la democracia, que se conoce como transparencia y que se traduce en la metáfora de los funcionarios que operan en urna de cristal.
Ese deber de rendir cuentas genera obligaciones como la de allanar el acceso de los ciudadanos a la información sobre los asuntos públicos, con su instrumento legal que es el derecho de petición, que obliga a los funcionarios públicos a entregar la información que formalmente se les solicite en un plazo determinado por la ley (suele ser de diez días) so pena de sanciones, destitución o anotación en la hoja de vida.
El cumplimiento de este deber no les exige entregar información a todos los medios por igual, sino a los que les garantizan una amplia difusión.
Las empresas privadas no tienen estas obligaciones, salvo que manejen fondos públicos o hayan contraído obligaciones con el público mediante la venta de acciones, o el compromiso público de suministrar productos o servicios.

Documentación.

El Panopticon de Bentham es un conjunto de celdas separadas con un preso cada una, ordenadas de manera circular y terminando en una torreta, en lo alto de la cual el vigilante puede ver en cualquier momento los más mínimos actos del vigilado. Esa construcción instaura una relación asimétrica entre los dos sujetos de la relación de poder con respecto al acto de ver y de verse. El Panopticón puede ser elevado a modelo ideal del Estado Autocrático cuando su principio sea llevado a su más alta perfección, de acuerdo con el cual el príncipe es más capaz de hacerse obedecer en cuanto es más omnividente, y es más capaz de mandar en cuanto es más invisible.
La misma figura del edificio, arriba el vigilante sobre la torreta y abajo el vigilado en la celda, provoca una pregunta que es la pregunta que los escritores políticos de todos los tiempos, comenzando por Platón, han puesto como la última de toda teoría de Estado: ¿quién vigila al vigilante? La respuesta obligada consiste en presuponer un vigilante superior, hasta que se llega necesariamente al vigilante no vigilado, porque ya no hay vigilante superior a él. ¿Quién es este vigilante no vigilado? Las diversas doctrinas políticas pueden clasificarse con base en la respuesta que den a esa pregunta: Dios, el héroe fundador de Estados, el más fuerte, el partido revolucionario que conquistó el poder, el pueblo, entendido como la colectividad entera que se expresa mediante el voto. Bentham, a

Norberto Bobbio.
En El Futuro de la Democracia. Fondo Económico de Cultura. México, 2001. Páginas 109-110-111.

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