Consultorio Ético de la Fundación Gabo
29 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Qué tan sano es que las personas reconocidas como comentaristas políticos tengan una filiación política definida? Las normas que se le aplican al reportero político en los medios, prevén la actuación contraria, es decir la de alguien que mantiene, junto con la distancia, la autoridad moral para informar sobre todos los candidatos y partidos, aunque él como ciudadano y en su fuero interno, tenga hecha una opción política.
El ideal que se han propuesto los periódicos en los países democráticos es el de servir a la vez de escuelas y de foros. Estos términos, utilizados por Josep Pulitzer, expresan la idea que tienen los periódicos sobre su función en la información política: enseñan comportamientos y doctrina política y ejercitan esa función ciudadana mediante la creación de espacios en donde cada persona pueda exponer su convicción política con libertad y respeto.
Para que el periódico pueda ser tenido como escuela y como foro es obvio que debe crearse un clima de tolerancia que inspira a los lectores la confianza necesaria para aprender y para expresarse. Un comentarista político que aprovecha su columna para imponer sus ideas y atacar las de los otros, no crea ese clima y, por tanto, impide que el periódico cumpla su función. Además, abandona su tarea informativa y adopta el muy poco fiable tono del propagandista.

Documentación.

El objetivo del periódico será hacer mejores periodistas que harán mejores periódicos, que servirán mejor al público. Impartirá conocimientos, no para su beneficio, sino para ser usado para el servicio público. Tratará de desarrollar el carácter, pero aún así, será solamente el medio para un fin supremo, el bien público...
No es demasiado decir que la prensa es la única gran fuerza organizada que activamente y como un todo, mantiene los principios de la rectitud ciudadana. Hay muchos reformadores políticos entre los clérigos, pero el púlpito es una institución preocupada por el Reino de los Cielos. Hay muchos abogados con espíritu público, pero la barra como profesión trabaja para sus honorarios, y ningún monopolio que desafíe la ley se ha quejado de la falta de talento legal que le sirva. Los médicos trabajan para sus pacientes y los arquitectos para sus patrones. Solamente la prensa hace del interés público el suyo propio.
Los griegos pensaban que ninguna república podría ser gobernada satisfactoriamente si fuera demasiado grande para que sus ciudadanos se reunieran en un solo sitio. La democracia ateniense podía reunirse toda en una asamblea popular. Allí se hacía opinión pública y según la gente escuchaba a Pericles, o a Cleón el estado florecía o declinaba. El orador que llega a la sociedad democrática es el periódico. Solamente este hace posible mantener la sangre pública circulando saludablemente por las venas de la república.

Josep Pulitzer.
La idea fundamental de Pulitzer. Universidad de Antioquia. Colección Documentos. Medellín 1999. P. 42 y 43.

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