Consultorio Ético de la Fundación Gabo
29 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

A los periodistas siempre nos falta tiempo. Redactamos mal porque no hay tiempo, no consultamos varias fuentes porque falta tiempo, no se confirma ni investiga ni se miran otros ángulos de la noticia porque no tenemos tiempo para eso. ¿Cómo resolver esta falta de tiempo?
La excusa de la falta de tiempo es tan frecuente que no ha dejado tiempo para buscar una solución. Por eso no es fácil encontrar una respuesta en los manuales de estilo ni en los códigos. Hay que ir a los textos sobre administración y manejo de empresas para encontrar que:
El tiempo es un recurso como el dinero, como las materias primas, como la tecnología o el talento humano, que debe manejarse con previsión inteligente.
Como todos los recursos, su rendimiento se optimiza si se lo administra de acuerdo con un plan que tiene en cuenta disponibilidades y necesidades, prioridades y alternativas.
Es un recurso limitado que debe utilizarse para lo indispensable, no para lo secundario.
Es un recurso irrecuperable, por tanto su inversión debe obedecer a un plan cuidadoso y severo.
Otros elementos se tienen en cuenta, pero los mencionados sirven para comprobar que hay demasiada improvisación en el manejo del tiempo del periodista muchas tareas se acumulan en las horas de cierre no existe una planeación para las tareas de la redacción, ni para las tareas personales, que permita ajustar el trabajo del periodista a la disponibilidad del tiempo. Se maneja la idea equivocada de que el tiempo es un recurso que se estira o se encoge a voluntad y que se puede manejar a capricho, como si fuera inagotable o recuperable.

Documentación.

El tiempo, regulador de planes.
El tiempo es un psicópata que látigo en mano presiona a los periodistas en las salas de redacción. Cualquier proceso editorial es su esclavo. Además, influye en los planes periodísticos, que requieren precisar en función de qué lapso se estructuran.
Los proyectos habituales y necesarios son los que se realizan de un día para otro. Sin embargo es importante planificar a corto plazo, como son los semanales a mediano, como son los mensuales y semestrales, y a largo en los anuales o sexenales, por ejemplo.
Se trata de que el jefe de información o la dirección editorial prevea tanto lo inmediato como lo que se hará a largo plazo y que pueda combinar la improvisación propia de este oficio con la guía que ilumina adónde va. Durante los procesos electorales, por ejemplo, es importante precisar desde antes qué objetivos se buscarán, cómo se organizará el trabajo, qué ejes informativos se privilegiarán, etc.
En ciertas temporadas del año la información abunda, en otras es exigua. El segundo escenario es más preocupante. Hay que prepararse para enfrentar esos períodos.
La información institucional se reduce drásticamente en los períodos de vacaciones de la Semana Santa, de Pascua o de Navidad. En esas fechas cierra la mayoría de las oficinas gubernamentales, públicas y privadas. Pareciera que todo se paraliza, aunque en realidad no es así. El periodista necesita conocer ampliamente sus fuentes y no circunscribirse a las bien organizadas y tradicionales.
Las fuentes también marcan los tiempos y los ritmos. El comunicador responsable del area política sabe que, a diferencia de otras fuentes, en diciembre no padecerá escasez de información. La razón es que por lo general aumentan las tareas legislativas o de otra clase.
Los fines de semana, en especial los domingos también disminuye la intensidad del flujo informativo y se debe anticipar cómo disponer de información. En estos períodos el margen de información colectiva que se genere, la nota exclusiva o los temas trabajados son el material de que se echa mano.

Serge René de Dios Corona.
Rastreando Noticias. Universidad del Valle de Atemajac. Guadalajara, 1998. Páginas 36 y 37.

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