Consultorio Ético de la Fundación Gabo
26 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Es ético darle a conocer al editor el nombre de la fuente de información? Supuesta la confiabilidad del editor - que también por eso es editor- debe compartirse con él la reserva de la fuente cuando el caso lo requiere, como es el del periodista presionado por algún juez y necesitado del apoyo del medio o cuando existen dudas sobre la oportunidad de guardar el sigilo.
Tanto el editor como del Defensor del Lector pueden llegar a necesitar el nombre de la fuente, pero el uno y el otro quedan tan obligados como el periodista mismo, a mantener la confidencialidad.
Anota, por ejemplo, el Manual de Redacción del diario El Tiempo, de Bogotá, en el capítulo sobre el Defensor del Lector:
"Cuando el Defensor del Lector lo solicite, el periodista debe darle las fuentes de información, en la misma forma en que lo hace con el editor de su sección o con las directivas de la Redacción. El Defensor del Lector está obligado en tales casos a compartir el secreto profesional. Esto quiere decir que no podrá divulgar dichas fuentes, en ninguna circunstancia, ni oralmente ni por escrito, a menos que reciba autorización específica, por escrito, de las directivas del periódico en cada caso".
Manual de Redacción, 7.01.05.

Documentación.

El secreto profesional del periodista pierde fuerza de obligatoriedad a medida que la guarda del mismo puede acarrear consecuencias perjudiciales para la comunidad. A veces resulta difícil conmensurar esos daños en la práctica. Baste pensar, por ejemplo, en situaciones creadas por el terrorismo, las enfermedades peligrosas como el sida, las drogas, la delincuencia en general y la seguridad nacional. Por lo general las leyes vienen a suplir la incertidumbre indicando los casos en los que el periodista puede o debe violar el secreto. Pero aquí se corre también el peligro de los abusos estatales. Pudiera suceder, y de hecho sucede con demasiada frecuencia, que esas leyes permiten hablar de unas cosas y prohíben otras de forma injusta y arbitraria. Desde el punto de vista ético, la norma g

Niceto Blázquez.
Ética y Medios de Comunicación. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 1994, Página 249.

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