Consultorio Ético de la Fundación Gabo
26 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Cómo se considera el caso de los gobiernos nacionales o municipales que dan propaganda o publicidad a los periodistas a cambio de que ellos promocionen a la gente que está en el poder público?
El caso ofrece dos aspectos que deben tenerse en cuenta para adoptar una actitud ética:Un periódico, que es una empresa de servicio público, no puede convertirse en instrumento de propaganda de intereses particulares. Y si se trata de funcionarios públicos, han de ser sus obras las que hablen por ellos y no las gestiones propagandísticas de un periódico. Hay un inconfundible acento de engaño cuando un medio que debe estar al servicio de toda la ciudadanía y en defensa de sus intereses, resulta transformado en órgano de propaganda de un funcionario.Los dineros que se destinan para el pago de la publicidad oficial no son dineros del funcionario sino de toda la sociedad. Por eso las jurisprudencias existentes sobre esta materia ordenan a los funcionarios contratar servicios de publicidad en los medios, de modo equitativo y sin privilegios para los medios adictos, ni discriminaciones para los de la oposición. Así mismo esos contratos de publicidad generalmente llevan implícito o explícito el mandato de respetar la independencia y autonomía de los medios de comunicación que prestan ese servicio.

Documentación.

Los periódicos, las revistas y las difusoras de radio y televisión en 1981 recolectaron 33000 millones de dólares de los anunciantes y apenas 7000 millones de dólares de sus públicos respectivos. Depender de los anunciantes en proporción casi de 5 a 1 es lo que ha distanciado a los medios de difusión de los deseos de sus públicos. (...)
Antes de la publicidad masiva los periódicos triunfaban tan solo porque complacían a sus lectores. Se agrupaban los lectores por sus ideas políticas y sociales, también se sabía que esos ciudadanos eran leales a tal o cual religión o región del país. Cada periódico tendía a ocuparse abundantemente de las preferencias de sus lectores...Y como apelaban a los vigorosos intereses de sus lectores, los suscriptores estaban dispuestos a pagar por los periódicos buen porcentaje de su salario. (...)
La publicidad ha producido extraordinarias ganancias para los grandes empresarios de la industria y de los medios de difusión, pero a un costo social muy elevado. Parte de este reside en la perdida de diversidad en la información y en las ideas. La insulsez del contenido, impreso y difundido, se intensifica con la ilusión de que quienes manejas los medios de difusión llevan a cabo una empresa imparcial que nada tiene que ver con los valores personales o sociales.

Ben Bagdikian.
El Monopolio de los Medios de Difusión. Fondo de Cultura Económica. México, 1986. Páginas 136, 141 y 148.

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