Consultorio Ético de la Fundación Gabo
26 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Cómo se puede ser ético en provincia, donde los espacios laborales son escasos y el periodista debe ser, además, vendedor de publicidad para sobrevivir? La ética no depende del alto o bajo sueldo, ni de la abundancia o escasez de oportunidades de trabajo, ni del buen o mal talante de los jefes. Si así fuera habría que concluir que la ética sólo es posible dentro de condiciones ideales de trabajo: buena paga, oportunidades múltiples, buenos jefes: comprensivos y éticos, etc.
La ética depende de la decisión personal de asumir unos valores como guías inapelables, decisión que nunca es fácil ni mecánica porque siempre encuentra obstáculos, entre ellos los malos sueldos, los jefes éticamente torpes, las amenazas, la escasa preparación profesional, etc.
A mayores obstáculos, mayor firmeza de la decisión ética del periodista y ésta, a su vez, depende de la claridad de los motivos y de la finura de la sensibilidad del periodista para ejercer un periodismo digno.
En último término, que se mantengan o no los principios y las normas éticas depende, fundamentalmente, del propio periodista.

Documentación.

Nunca una acción es buena sólo por ser una orden, una costumbre o un capricho. Para saber si algo me resulta de veras conveniente o no, tendré que examinar lo que hago más a fondo, razonando por mí mismo. Nadie puede ser libre en mi lugar es decir, nadie puede dispensarme de elegir y de buscar por mí mismo.
Cuando se es un niño pequeño, inmaduro, con poco conocimiento de la vida y de la realidad, basta con la obediencia, la rutina o el capricho. Pero es porque todavía se está dependiendo de alguien, en manos de otro que vela por nosotros. Luego hay que hacerse adulto, es decir, capaz de inventar en cierto modo la propia vida y son simplemente vivir la que otros han inventado para uno.
(...)Entre las órdenes que se nos dan, entre las costumbres que nos rodean o nos creamos, entre los caprichos que nos asaltan, tendremos que aprender a elegir por nosotros mismos. No habrá más remedio, para ser hombres y no borregos, que pensar dos veces lo que hacemos. Y si me apuras, hasta tres o cuatro veces en ocasiones señaladas.
(...)La primero que hay que dejar claro es que la ética de un hombre libre nada tiene que ver con los castigos ni con los premios repartidos por la autoridad que sea, autoridad humana o divina para el caso es igual. El que no hace más que buscar el castigo y buscar la recompensa que dispensan otros, según normas establecidas por ellos, no es mejor que un pobre esclavo.

Fernando Savater.
ética para Amador. Ariel, Barcelona, 1995.Páginas 57,58,59

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