Consultorio Ético de la Fundación Gabo
26 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Quisiera que me aclarara el concepto de amarillismo en la prensa escrita. Este concepto se acerca al de sensacionalismo, aunque los diferencian el contenido y el origen histórico de la palabra "amarillismo", un calificativo que en el comienzo no fue peyorativo. La clave encontrada por un diario de Nueva York, para aumentar su circulación, fue la publicación de un dibujo en el que un barbero chino comentaba el hecho del día mientras atendía a su clientela. El barbero, llamado Kid Yellow, se convirtió en personaje popular y solicitado por los lectores. Los imitadores de otros periódicos, que se valieron de un recurso parecido a Kid Yellow, se llamaron amarillistas término que acabó aplicándose a los periódicos que, para aumentar su circulación, se valieron de tipografía llamativa, fotografías de gran tamaño y de contenido estridente y escandaloso, de una redacción equivalente a gritos de vendedor y de colores y diseño concebidos para llamar la atención.

El sensacionalismo está iniciado en el amarillismo pero va más allá de la simple forma y consiste en una deformación de los hechos porque solo se destaca en ellos lo que puede excitar la curiosidad y el morbo del lector, con el fin de incrementar la circulación o sintonía de un medio.

Los dos, el amarillismo y el sensacionalismo, son extremos viciosos a los que llega el periodismo cuando deja de ser un servicio social y convierte la noticia en una mercancía más. Si el medio de comunicación se mira y se maneja como un negocio cualquiera, el tratamiento de la noticia finalmente degenerará en prácticas amarillistas o sensacionalistas.

Documentación.

Ser sensacionalita como el no ser objetivo, es algo de lo que usted irremediablemente será acusado. Lo que realmente quiere decir el lector es que en su opinión, usted ha dado el más sórdido y desagradable aspecto del sujeto principal de su información. En algunos periódicos, está práctica es estimulada. Pero en cualquier periódico que se respete, es constantemente combatida. Si usted tiene una extraña fijación por los asesinatos, las perversiones sexuales, los malos hábitos o los cataclismos cósmicos, mejor será que no vaya a tocar las puertas de un periódico respetable.

Ciertamente la vida puede ser espeluznante, pero muy pocos editores le permitirán que la describa con todo lujo de detalles. El argumento fundamental es que las madres, padres y niños no necesitan saber que a una joven mujer le sacaron el hígado con una navaja y lo metieron en un frasco de mayonesa, un hecho que realmente ocurrió y que se evitó lo leyeran los lectores de un periódico en Atlanta.

Los editores le harán saber rápidamente cuándo excede los límites del buen gusto y empieza a acercarse al desagradable terreno del sensacionalismo. Pero usted puede evitar por sí mismo esta llamada de atención con sólo no olvidar que algunos sucesos están llenos de detalles que será mejor mantener entre usted y la policía. Ron Taylor se convenció de esto hace algunos años cuando reportó a su editor que tenía a mano la información respecto de un hombre que había sido arrestado por bestialidad. El editor le dijo que nuestros lectores no estarían interesados en saber los sentimientos de este hombre por su vaca.

Una prueba periodística sobre estos asuntos es la siguiente: ¿ofenderá la noticia los sentimientos del público? En otras palabras: ¿repugnará a una persona normal? Si es así, no la escriba.

Ray y Taylor.
Sala de Redacción. Ediciones Gernika. México 1985. Pág. 122 y 123.

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