Consultorio Ético de la Fundación Gabo
25 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

El presidente no quiere hablar de un tema de importancia nacional que afecta a la población. ¿Se le debe insistir? Los organismos de control político o administrativo en un país son el congreso, la procuraduría, la contraloría y demás entes previstos por la constitución. La prensa y los periodistas tienen el mismo derecho de cualquier ciudadano a formular preguntas o a exigir respuestas.

Sin embargo los medios de comunicación tienen la fuerza suficiente para crear condiciones de presión sobre los gobernantes que los obligan, por conveniencia política, a tratar los temas de interés público por fuera de los entes de control.

Como se ve, deben cumplirse estas condiciones: que los temas sean de interés de toda la sociedad, porque estos son los que el gobernante tiene obligación de informar esto excluye asuntos de interés particular del medio, de algún grupo social o del propio periodista.

Además, debe hacerse la demanda de respuesta en nombre y para servicio de la población no como un motivo para aumentar circulación o sintonía, o en beneficio de la imagen del medio.

Estas consideraciones llevan al tema del papel del periodista y del medio en la sociedad, que es una función de servicio y no de poder. Como si se tratara de un juego de palabras, que no lo es, en la medida en que un medio es eficaz y sincero en la prestación de un servicio, fortalece su poder como instrumento fiable de la sociedad.

Documentación.

Con una redundancia se puede definir el gobierno de la democracia como el gobierno del poder público en público.

[...] La democracia, como régimen del poder visible, hace pensar en la imagen que nos llega de los escritores políticos de todos los tiempos que se reclaman al gran ejemplo de la Atenas de Pericles, del ágora o de la Ekklesía, es decir, de la reunión de todos los ciudadanos en un lugar público con el fin de hacer y escuchar propuestas, denunciar abusos o pronunciar acusaciones y decidir, alzando la mano o mediante pedazos de loza, después de haber escuchado los argumentos de los oradores. Escribe Glotz que cuando el pueblo estaba reunido el heraldo denunciaba a cualquiera que quisiese engañarlo, y para que los demagogos no abusasen de sus artes oratorias, la asamblea permanecía en todo momento bajo la mirada del dios. Los magistrados eran sometidos a una vigilancia continua y sus poderes debían renovarse con un voto de confianza nueve veces al año, bastaba alzar la mano y si no se obtenía ese voto de confianza los magistrados eran enviados a los tribunales.

Norberto Bobbio.
El futuro de la democracia. Fondo de Cultura Económica. México 2001. Páginas 94 y 95.

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