Consultorio Ético de la Fundación Gabo
25 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Tiene que ver con la ética la multiplicación de medios llamados comunitarios con una marcada línea oficialista y apoyo del gobierno? Es una manipulación de la información pública por parte de los representantes del poder gubernamental. El expresidente Alberto Fujimori en Perú estimuló la aparición de periódicos populares, que allí se llaman prensa "chicha"- con el fin de obtener apoyo para su gobierno, cuando la opinión pública reaccionaba en su contra. En la Dirección de Medios Alternativos del Ministerio de Comunicación e Información de Venezuela, están registrados 190 de estos periódicos, aparecidos en los últimos cinco años y sostenidos, en su mayoría, con propaganda oficial.

La prensa, sin embargo, no debe estar al servicio del gobierno sino de la sociedad, como factor de equilibrio del poder. La manipulación directa o indirecta de la prensa, por parte del poder, tiene el carácter de una usurpación, o indebido apoderamiento de un bien ajeno.

Desde el punto de vista ético, el periodista cultiva el valor de la independencia y lo aplica a su ejercicio profesional, para contrarrestar las presiones que provienen del poder, sea el armado, el económico, el político, el religioso o el gubernamental. Esta resistencia al poder no es un fin en sí misma, sino un medio para defender los derechos de las personas y de la sociedad contra los excesos de los gobernantes y poderosos. Un medio de comunicación dependiente del gobierno o sometido a directivas de los poderosos deja a la población sin una de sus más efectivas defensas, es decir, constituye una renuncia a su naturaleza y a la tarea que les corresponde como medios de comunicación. Estos, hay que repetirlo, no están hechos para ser voceros ni apologistas de los gobiernos sino sus críticos y fiscales, pero sobre todo para potenciar la palabra de los ciudadanos comunes y corrientes.

Documentación.

Los medios no pueden entenderse sino como servicio público. Son un servicio a la colectividad, imprescindible para la supervivencia democrática y para el desarrollo de la cultura. El concepto de servicio público parece no tener otro sentido que el material, aquel cuya titularidad la tiene el estado. Pero es otra reducción. Si es cierto que la información es un bien básico y la cultura se distribuye, en gran medida, a través de los medios de comunicación, estos se adecuarán a la definición de servicio público en la medida en que sean capaces de realizar este servicio.

¿Qué deben hacer para ser capaces?

Primero, concebirse no solo como sujetos de un derecho � la libertad de expresión- sino también como sujetos de deberes, que son la garantía de otros derechos básicos. Deben sentirse corresponsables de una serie de tareas entre las cuales está no solo la de informar bien o entretener con dignidad, sino la de formar, o no deformar, a un público vulnerable e inmaduro.

En segundo lugar los medios de comunicación serán un servicio a la ciudadanía si realmente consiguen interesarla y hacerla partícipe de aquello que debe importarle. [�] De la separación cada vez más abismal entre políticos y ciudadanía no solo es culpable la clase política y la misma ciudadanía los encargados de comunicar a unos con otros tienen también que analizar su parte de responsabilidad aunque sólo lo hagan por interés propio.

Victoria Camps.
El Malestar de la Vida Pública.
Grijalbo, Barcelona. 1996. P. 168-169

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