Consultorio Ético de la Fundación Gabo
22 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Soy videoperiodista y muchas veces tengo que presentar supuestos reportes "en vivo", cuando en realidad son grabados. ¿Considera correcta esta "mentira piadosa"? Las mentiras en televisión nunca son piadosas. Más que otras formas de engaño, las de televisión son dañinas por estas razones, entre otras:Por "la fuerza de veracidad inherente a la imagen, que hace la mentira más eficaz y, por tanto, más peligrosa". (Giovanni Sartori, Homo Videns) El televidente parte del supuesto de que ve cuanto sucede y de que no hay intermediario para su conocimiento. La cámara muestra hechos y personas los personajes y los protagonistas hablan a la cámara, que se limita a transmitir imágenes y sonidos tomados de la realidad. Esta convicción del televidente le da fuerza de veracidad a la televisión por sobre los contenidos que entrega la radio, que se oye pero no deja ver como la televisión, y por sobre lo que se encuentra en los medios impresos en donde los hechos y los testimonios ni se oyen ni se ven porque son elaborados con palabras. Esta persuasión de la teleaudiencia se refleja en las encuestas de opinión sobre la credibilidad de las instituciones. Cerca de entidades altamente creíbles como la Iglesia o las Fuerzas Armadas, suele encontrarse la televisión, de superior credibilidad a la radio y a la prensa. El televidente común le cree porque todo lo puede ver y oír.

Esto da lugar a un segundo factor: "el videodependiente tiene menos sentido crítico... al perder la capacidad de abstracción, pierde también la capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso". (Sartori) Esta circunstancia hace aún más pernicioso el engaño en televisión. Es el aprovechamiento de una debilidad que la misma televisión propicia. Además de la malicia que representa este aprovechamiento de la fuerza de veracidad que tienen las imágenes, se agrega el peligro para la credibilidad del medio. Televidentes agudos que comprueban el engaño de la falsa nota en vivo, trasladan su desconfianza a todos los contenidos. Así lo debió sentir el canal de televisión que mostró, como enviadas desde Irak, las notas de un reportero que acudió al montaje y al engaño urdidos desde los estudios del propio canal.

Documentación.

La televisión puede, paradójicamente, ocultar mostrando. Lo hace cuando muestra algo distinto de lo que tendría que presentar si hiciera lo que se supone que debe hacer, es decir, informar, y también cuando muestra lo que debe, pero de tal forma que hace que pase inadvertido o que parezca insignificante, o lo elabora de tal modo que toma un sentido que no corresponde en absoluto a la realidad.

De hecho, paradójicamente, el mundo de la imagen está dominado por las palabras. La foto no es nada sin pié, sin la leyenda que dice lo que hay que leer, es decir a menudo, meras leyendas que hacen ver lo que sea. Dar nombre, como es sabido significa hacer ver, significa crear, significa alumbrar.

Pierre Bourdieu: Sobre la televisión. Anagrama, Barcelona, 1997. Páginas 24 y 25.

La verdad es que para falsear un acontecimiento narrado por medio de imágenes son suficientes unas tijeras. No es absolutamente cierto que la imagen hable por sí misma. Nos muestran un hombre asesinado. ¿Quién es el asesino? La imagen no lo dice la voz de quien sostiene el micrófono lo dice y si el locutor quiere mentir, o se le ordena que mienta, dicho y hecho.

Disponemos de experimentos que confirman que en televisión las mentiras se venden mejor. En Inglaterra un famoso comentarista dio dos versiones de sus películas favoritas, una verdadera y otra falsa. Un grupo de 40 mil personas, teleespectadores, oyentes y lectores, respondió a la pregunta de en cuál de las dos entrevistas se decía la verdad. Los más sagaces para descubrir la mentira fueron os oyentes de radio (más de 73%) mientras que solo el 52% de los teleespectadores las descubrieron.

Giovanni Sartori, Homo Videns. Taurus, Madrid, 1998. p. 101, 102.

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