Consultorio Ético de la Fundación Gabo
22 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Qué es un código de ética profesional? Por qué es importante un código de ética profesional para el ejercicio de la profesión docente? Es el compendio de los valores que demanda el ejercicio de una profesión. Al hallazgo de esos valores le sigue la formulación pública de unas normas o guías de la actividad profesional, que es el papel que cumplen los códigos deontológicos. Se llama deontología a la ciencia de los deberes, y códigos deontológicos a los que enumeran los deberes de una profesión: abogados, médicos, contabilistas, congresistas, periodistas o, en su caso, educadores.
Un código es, pues, la proclamación pública de las obligaciones y responsabilidades que, cumplidas, hacen digna una profesión.
A esa proclamación le sigue un trabajo con legisladores y empresarios para obtener las condiciones laborales, profesionales y sociales que hacen posible el cumplimiento de las normas éticas.Ayuda mucho a la creación de esas condiciones, una información pública sobre esos valores y normas. Se hace, con frecuencia, a través de la denuncia de las violaciones que se le hacen a la naturaleza de la profesión, y la corrección de esos errores.

Documentación.

Quien ingresa en una profesión puede tener motivos muy diversos para hacerlo: desde costearse una supervivencia digna hasta enriquecerse, desde cobrar una identidad social a conseguir un cierto o gran prestigio. Pero, sea cual fuere su motivación personal, lo cierto es que al ingresar en la profesión debe asumir también la meta que le da sentido. No pueden un médico o una enfermera justificar su negligencia, ni un abogado sus trampas, alegando que, a fin de cuentas, entraron en ese mundillo por ganar dinero y no por promover la salud o hacer posible una connivencia más justa. Los motivos, conviene recordarlo, sólo se convierten en razones cuando concuerdan con las metas de la profesión. Y no puede una comisión universitaria dar la plaza a quien tiene menos méritos que otros, alegando que
Cuando los motivos desplazan a las razones, cuando la arbitrariedad impera sobre los argumentos legítimos, se corrompe una profesión y deja de ofrecer los bienes que solo ella puede ofrecer y que son indispensables para promover una vida humana digna. Con lo cual pierde su auténtico sentido y su legitimidad social.
Por eso importa revitalizar las profesiones recordando cuáles son sus fines legítimos y qué hábitos es preciso desarrollar para alcanzarlos. A esos hábitos los llamamos virtudes, y los griegos les ponían el nombre de aretai, esto es excelencias. Excelente era para el mundo griego el que destacaba con respecto a sus compañeros en el ejercicio de una actividad. Excelente sería aquí el que compite consigno mismo para ofrecer un buen producto profesional el que no se conforma con la mediocridad de quien, únicamente, aspira a eludir acusaciones legales de negligencia.Frente al ethos burocrático, de quien se atiene al mínimo legal, pide el ethos profesional, la excelencia, porque su compromiso fundamental no es el que liga a la burocracia, sino a las personas concretas, a las personas de carne y hueso, cuyo beneficio da sentido a cualquier actividad e institución social. Es tiempo, pues, de no despreciar la vida corriente, sino de introducir en ella la aspiración a la excelencia no de despreciar la excelencia, apostando por la mediocridad, sino de universalizar la aristocracia.

Adela Cortina.
En Hasta un Pueblo de Demonios. Taurus, Buenos Aires. 1998.

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