Consultorio Ético de la Fundación Gabo
22 de Julio de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Mi trabajo en radio me ha hecho conocida y por eso se han multiplicado las ofertas de trabajo: una compañía me pidió hacer sus relaciones públicas; un grupo político me ofrece ser oficial de información y una agencia de autos quiere que sea la modelo de su campaña de ventas. Mi sueldo en la radio es bajo, por lo que necesito un segundo trabajo. ¿Mi salario justifica que yo tome uno de estos trabajos? ¿Estoy obligada a la exclusividad para mi estación radial? R.- Es cuestión de independencia. El ejercicio periodístico demanda de los profesionales, la ruptura de todas las dependencias que pudieran limitarlo en su tarea de buscar y difundir la verdad de los hechos, sin la interferencia de los intereses.
Cualquiera de estos ofrecimientos, aceptado por el periodista, le crearía un conflicto de intereses y, por tanto, le plantearía dilemas insolubles, o lo llevarían a actuar contra su conciencia. En efecto, no se puede al tiempo desempeñar trabajo de publicista, ni de relacionista público con el de periodista. O lo uno, o lo otro. Además el periodista no tiene formación para ninguna de esas dos actividades.
En cuanto a la exclusividad, esta depende de lo que haya sido pactado en el contrato de trabajo. Si allí se contempla la dedicación total o parcial, eso es lo que debe hacerse en la práctica.
Finalmente un mal salario no justifica que se preste un mediocre servicio a los receptores de información. Mal podría justificarse el perjuicio para toda una población, por cuenta de los problemas económicos de una sola persona o de una familia. Por eso, antes de asumir sus tareas como periodista, que son compromisos con la sociedad, deben estar resueltos los problemas económicos del profesional, así, aceptar un mal salario es pésimo negocio para el periodista, pero es aún peor para la sociedad.
Documentación
Los empleos extras, de medio a tiempo completo, son cada vez más comunes en la acaparadora sociedad moderna Aparte de posibles daños de salud, no parecen presentar problemas serios para los trabajadores. Pero si se trata de un joven periodista que gana menos dinero que su vecino, a menos que seleccione una segunda ocupación con gran cuidado, está arriesgando su empleo y su reputación. Escribir un libro es buena opción, puede reportarle dinero y crédito para él y para la organización noticiosa. Escribir un folleto promocional para un urbanizador local, le puede acarrear despido. Escribir un artículo para otro periódico del área, también. Es permitido elaborar un artículo para el periódico de circulación nacional; escribir una pieza para un equipo profesional de teatro al cual se cubre, puede ocasionar problemas.
Un escritor que vende sus talentos al mejor postor, no actúa muy sabiamente si pretende sobrevivir como reportero. Las organizaciones noticiosas de Estados Unidos han lanzado un manto de oscuras sospechas sobre los empleos extras y actividades que podrían llevar al público a que sospeche que existen conflictos de interés.
Los editores pueden tener sus divergencias respecto a lo que constituye conflicto de interés para sus equipos de trabajo; algunos lo han registrado por escrito y algunos no; pero el requerimiento de aprobación previa para las actividades externas se aproxima al consenso en las salas de redacción de Estados Unidos. Trabajar para una organización de la competencia, definida esta como la orientada exclusivamente a una misma audiencia o a una parte de ella, es en casi todos los casos uno de los tabúes de los editores.

Eugene Goodwin, Por un periodismo Independiente. Tercer Mundo, 1994, pp 74, 75, 77,78

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