The New York Times acaba con el defensor del lector, ¿una decisión acertada?
5 de Junio de 2017

The New York Times acaba con el defensor del lector, ¿una decisión acertada?

El cargo existía desde 2003.
Fotografía: James Cridland en Flickr | Usada bajo licencia Creative Commons
Red Ética Segura

La ‘Dama Gris’, rotativo que por 166 años se ha destacado por ser uno de los mayores ejemplos de buen periodismo, anunció la semana pasada una decisión que tomó a muchos por sorpresa: eliminar el puesto de ‘public editor’ (defensor del lector).

Elizabeth Spayd, ex jefe de redacción del Washington Post, quien era la sexta persona en ocupar el cargo y lo regentaba desde el año pasado, fue notificada de que su contrato iría hasta 2018.

“Tener un defensor del público era una señal de integridad institucional, y perderlo envía un mensaje ambiguo: ¿están los directivos del periódico cansándose de los consejos del defensor? ¿O simplemente están buscando un nuevo modelo?... Eso está por verse”, dijo Spayd en su columna de despedida.

El rol de defensor del lector en el Times era relativamente reciente. Fue creado apenas en 2003 a raíz del escándalo producido por Jayson Blair, joven reportero estrella del diario, de quien se descubrió había plagiado, copiado, inventado, exagerado y falsificado muchos de sus artículos, algunos de ellos en portada.

En ese entonces la misión de Bill Keller, el primer ombudsman del New York Times, era ayudar a “restaurar la credibilidad del diario y ser un representante de los lectores”, una tarea urgente dado el daño que los errores de Blair significaron para la publicación neoyorquina.

Pero el despido de Spayd no significa que el Times cerrará sus oídos a los lectores. De hecho, el anuncio estuvo acompañado por el lanzamiento del Reader Center, un nuevo espacio digital coordinado por Hanna Ingber, quien se vinculó al área de redes sociales del periódico en 2012 y se desempeñaba hasta la fecha como editora internacional.

No está muy claro todavía cómo funcionará este Reader Center, pero su objetivo es el de buscar constantemente formas más eficientes de escuchar y hacer sentir a los lectores que sus voces son escuchadas, al mismo tiempo que se construye una más sólida comunidad de lectores.

Algunos han recibido el anuncio con algo de escepticismo. Por ejemplo, el blog de Columbia Journalism Review manifestó sus dudas respecto a cómo el Reader Center podría representar una voz crítica e independiente, similar a la que sostenía el defensor de las audiencias. “Confiarse en las críticas hechas en redes sociales y las voces airadas de las secciones de comentarios es una forma curiosa de reemplazar a un periodista experimentado que podía ofrecer carácter y perspectiva al mismo tiempo que contaba con el respaldo del diario más influyente del país”, afirma Pete Vernon.

La necesidad de contar con un defensor del lector fue uno de los primeros temas de tuitdebates realizados por la Red Ética Segura hace ya cinco años. La discusión, que contó con la participación de decenas de periodistas de toda Iberoamérica, se enfocó en cuál debe ser su papel en la nueva era digital de la información.

A lo largo de estos años, hemos entrevistado a diferentes defensores de la audiencia de la prensa de habla hispana, como lo han sido Lola Galán de El País; y Gerardo Albarrán de Alba, cuando sostenía el cargo en Radio MVS.

Adicionalmente, el tema del rol del defensor del lector en los medios de habla hispana ha sido recurrente en las preguntas hechas al maestro Javier Darío Restrepo en nuestro Consultorio Ético, quien siempre se ha manifestado a favor de su existencia en las redacciones.

“El Defensor, al representar al lector en el interior de un periódico, hace expreso y real su derecho a ser parte del periódico. Con el ombudsman, o defensor, el lector deja de ser un extraño y se convierte en alguien de la casa, por eso su voz es escuchada en todo lo que tiene que ver con el periódico y es atendida en lo que es viable y razonable”, manifiesta Restrepo en una de sus respuestas a un periodista mexicano.

Ya sea por motivos de presupuesto (como sucedió también con el Washington Post), o en realidad por la búsqueda de un nuevo modelo más eficiente, la decisión del New York Times ha sorprendido a muchos. Sus consecuencias están por verse.

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