La imparcialidad vs. las burbujas de información
17 de Diciembre de 2018

La imparcialidad vs. las burbujas de información

Carolina Robino, editora de BBC Mundo, reflexiona aquí sobre el verdadero significado de la imparcialidad en las decisiones periodísticas.
"A mi modo de ver en el centro de estas interrogantes está la imparcialidad, entendida no sólo como como el afán de intentar ser justos y equilibrados", argumenta Carolina Robino. Fotografía: Devanath en Pixabay | Usada bajo licencia Creative Commons.
Carolina Robino

El escritor mexicano Emiliano Monge publicó hace un par de años una novela maravillosa titulada "Las tierras arrasadas" en la que sin quererlo da un ejemplo de imparcialidad fabuloso.

El libro trata de los migrantes centroamericanos que cruzan México, pero los protagonistas son una pareja de secuestradores que se enamoran, sufren y luchan, con la que el lector no puede si no empatizar.

Lo que hace Monge es mostrar con maestría y complejidad la humanidad de los victimarios, un aspecto en el que no suelen ahondar ni la ficción ni el periodismo, pero que sin duda completa el puzzle de la violencia que afecta a América Latina.

Desde que lo leí no he dejado de pensar en los mundos que mostramos como periodistas digitales.

Hace mucho tiempo que no es ningún secreto que la masificación de internet y el advenimiento de las redes sociales nos han permitido acceder a una cantidad de información nunca antes vista. 

Sin embargo, no es menos cierto que los algoritmos y la forma en que funcionan, lejos de ampliar nuestro horizonte muchas veces nos confinan a burbujas en las que solo vemos lo que nos es afín y similar, y en las que las fake news y las opiniones desinformadas tienen un espacio y una credibilidad desproporcionados, que contrasta con la falta de fe que buena parte del público profesa hacia los medios tradicionales.

Esa falsa variedad que puede parecer tan obvia en Facebook, Twitter o Instagram cobra un matiz diferente cuando se cuela en nuestras redacciones.

En la mía jamás, seguramente pensamos todos. Pero ¿reflexionamos lo suficiente acerca de a quién le damos voz? ¿Cuánto salimos de nuestras zonas de confort? ¿Buscamos lo que no se está diciendo, lo que nos puede resultar incómodo? ¿Qué lugar ocupan nuestros prejuicios en las elecciones que tomamos? ¿Cuán completo es el mundo que describimos?

A mi modo de ver en el centro de estas interrogantes está la imparcialidad, entendida no sólo como como el afán de intentar ser justos y equilibrados, sino especialmente como compromiso de mostrar en un tiempo razonable, y en la medida de sus tamaños, una amplia gama de puntos de vista y el mayor número de aristas posible sobre los temas que cubrimos.

¿Lo hacemos? ¿Salimos de las ciudades, entendemos lo que sucede más allá de nuestras narices, de los medios que leemos y admiramos, de lo que nos parece lógico y razonable?

Algunos casos para reflexionar

Recuerdo que hace años tuvimos una discusión interesante en la redacción de BBC Mundo sobre si estábamos cubriendo demasiado el caso de Madeleine McCann, la niña inglesa que desapareció en Portugal en 2007.

Algunos sostenían que lo hacíamos simplemente porque era rubia y de familia acomodada, como si eso en sí mismo invalidara su historia.

Concluimos que el error –si había alguno- era no profundizar más en el drama de otros menores que desaparecen en el mundo, sin olvidarnos de McCann era uno de ellos. Lo otro habría sido un prejuicio de clase.

Más recientemente, creo que es curioso analizar por qué causó tanta sorpresa en ciertos círculos el triunfo del Brexit en Reino Unido, la elección de Donald Trump en Estados Unidos y el vertiginoso ascenso de Jair Bolsonaro en Brasil.

¿Mostramos lo que estaban pensando los que votaron por ellos en la justa proporción de lo que representaban? ¿O fracasamos? ¿Intentamos entenderlos o los descalificamos?

En otro orden de cosas, ¿somos justos con un país como México, por ejemplo, cuando sólo mostramos la feroz violencia que lo azota? ¿Qué pasa con sus otros aspectos, su fuerza creativa, sus industrias, sus proyectos científicos?

Como en todo dilema, las líneas son obviamente muy delgadas y probablemente hay que analizar los escenarios caso a caso. Las preguntas son muchísimas.

¿Cómo cubrimos a los grupos de extrema derecha que defienden ideas racistas, xenófobas, homofóbicas y misóginas?

Responder no es simple.

Hay medios que los sobre-representan, otros que los ignoran. ¿Pero cuál es punto preciso? Cualquiera sea la elección de la prensa, sus mensajes llegan a millones de personas a través de las redes sociales.

No estoy hablando de darle a todo el mismo espacio. Eso sería pecar de ingenuidad. Ni siquiera de que todo el periodismo deba ser imparcial. Hay muchos medios loables que tienen una visión particular del mundo y sus lectores lo saben.

Pero en el mapa digital en que desarrollamos nuestra labor hay desafíos que antes no existían. Al menos no a gran escala. Y que no podemos ignorar.

Uno de ellos es salir de nuestros nichos y entregarle a la ciudadanía una visión amplia de las complejas sociedades en que vivimos, basada en datos y en una pluralidad justa. Es fundamental que como periodistas nos auto-cuestionemos constantemente y que no nos convirtamos también nosotros en burbujas.

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Las opiniones expresadas en nuestra sección de blogs reflejan el punto de vista de los autores invitados, y no representan la posición de la FNPI y los patrocinadores de este proyecto respecto a los temas aquí abordados.

 

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