El rol de los editores frente al plagio
1 de Febrero de 2016

El rol de los editores frente al plagio

Hay y debe haber un nivel de confianza entre el editor y el reportero-redactor-columnista.
Fotografía: Tim Bartel en Flickr / Usada bajo licencia Creative Commons
Esther Vargas

¿Por qué un periodista comete un plagio?  ¿Por qué ensuciar una carrera con esta práctica atroz, con un robo? ¿Cómo te arriesgaste a desbaratar tu credibilidad, acaso lo más importante que tenemos los periodistas?

No hay excusas frente al plagio. Pero sí creo que los editores tenemos una tarea frente a esta situación. ¿Qué podemos hacer?

Me parece tremendamente absurdo pasar cada texto por un detector de plagios. Hay y debe haber un nivel de confianza entre el editor y el reportero-redactor-columnista. El plagio en ocasiones se presume o se intuye. Pero no siempre es así. Por ello, mi propuesta es que los editores desarrollemos tareas preventivas.

Los plagios cometidos por los periodistas deben analizarse en las redacciones. Es fundamental que los jóvenes como los más grandes vean el impacto que puede tener esta práctica en los tiempos de las redes sociales. En esa época sin internet, el escándalo quedaba en la organización de noticias o en los círculos de periodistas. En estos días, lo que ocurre en un medio estadounidense como en un diario colombiano acaba por ser noticia global, y gente de todas partes del mundo hace leña al periodista plagiador. En internet, los usuarios juzgan demoledoramente al que copia. No hay piedad para el periodista. Lo mismo ocurre con los políticos. Mientras escribo este artículo, un candidato presidencial de Perú es acusado de obtener el título de doctor en la Universidad Complutense con una tesis llena de plagios. Curiosamente, Anel Townsend, candidata a la vicepresidenta del señor César Acuña, es una mujer que ejerció el periodismo. Hoy es la principal escudera de este personaje.

A propósito del caso Acuña, me pareció importante que el director de Perú21, Juan José Garrido, compartiera con sus seguidores en Facebook –entre ellos los periodistas del diario– una serie de consideraciones sobre el plagio y la tesis de doctorado.  También está la atinada clasificación de periodistas plagiadores que hizo Craig Silverman, profesor del Instituto Poynter.

Los editores tenemos que prevenir el plagio. Si bien es una responsabilidad ética del periodista con sus lectores, los que dirigimos las salas de redacción debemos reflexionar sobre un tema del que poco se habla: ¿Acaso no estamos asignando demasiadas tareas a nuestros reporteros-redactores? ¿No será que por las exigencias del tiempo real estamos incentivando el copy paste? ¿Será posible que por cumplir, el reportero-redactor termine haciendo copy paste desesperadamente para no perder el trabajo?

En redacciones precarias, cada vez más pequeñas y sin recursos, los propios editores impulsan un flujo frenético de notas por el bendito tráfico. Esta práctica a la larga sale cara. La calidad se resiente y periodistas no bien formados que buscan reconocimiento rápido optan por el copiar y pegar. Comienza quizás de la forma más inocente: con un citado a medias de la fuente (o en otras palabras, la curaduría mal entendida). Cuando se produce un plagio pierde el periodista y el medio. Así que los medios deben preocuparse en serio por estas cuestiones.

Un curtido periodista me dijo esta semana que un profesional con principios éticos jamás plagiaría. Y tiene razón. Sin embargo, considero que la ética se construye. La universidad es el primer y principal espacio que tiene el estudiante de periodismo para confrontar la realidad, para conocer las exigencias del oficio y aprender a citar con el rigor de un cirujano.

Las casas de estudio no siempre son las mejores escuelas. Tenemos también profesores apurados, saturados de horas de trabajo, mal pagados, que dictan clases en hasta cuatro sitios para llegar a obtener un salario digno. ¿Este profesor está en capacidad de revisar minuciosamente el breve ensayo de un alumno? Algunos profesores sí lo hacen. Otros seguro que no. Por eso, en las redacciones, los editores tenemos una tarea pedagógica con los periodistas recién egresados que llegan: hay que descubrir cómo están formados, de qué están hechos, qué valores tienen.

Lo que no está explícito muchas veces no existe. Y en los decálogos de buenas prácticas que tienen algunas redacciones se debe decir muy claro que el plagio no está permitido, y que se sanciona con el despido. ¿Es una medida drástica? El plagio no tiene excusas. Un despido por plagio puede ser ejemplificador para la redacción.

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