¿Tiene alguna validez la autocensura entre periodistas?
22 de Julio de 2016

¿Tiene alguna validez la autocensura entre periodistas?

Foto: dimitrisvetsikas1969 // Pixabay

¿Tiene alguna validez la autocensura entre periodistas? La autocensura nunca es válida porque atenta contra el deber de dar información a la sociedad. Como el médico que se niega a proteger la salud; o el abogado que se abstiene de promover y defender la justicia, el periodista que, por la razón que sea, oculta o silencia la verdad que es útil y necesaria para la sociedad, contradice la naturaleza de su profesión.
La autocensura es, pues, el silencio mantenido por miedo o por interés del periodista.
Se la confunde con la autorregulación, esta sí indispensable para el periodista. Son las reglas que se impone el periodista para cumplir de manera excelente su oficio. Pueden ser reglas relacionadas con la técnica de su trabajo: reglas para investigar, o para escribir, o para entrevistar a las personas, o para acceder a las fuentes, o para redactar según los géneros periodísticos, etc.
Otras reglas están relacionadas con el manejo y la oportunidad de las noticias: hay noticias que son más importantes que otras, las hay que son imprescindibles y deben darse al público, otras son inútiles o dañinas y no deben darse. Son valoraciones que hacen parte del proceso autorregulador, guiado por los más altos intereses del lector.
Hay reglas para el comportamiento del periodista en su trabajo, el control de sus emociones, la práctica de la serenidad y ecuanimidad, el rechazo de las presiones: las que vienen de fuera o las que se originan en el interior del medio o del periodista. Otras tienen que ver con las relaciones y trato con las fuentes, o con el manejo de documentos, a veces la autorregulación impondrá la urgencia de informar o los controles para no hacer daño con la información.
Son, pues, dos realidades diferentes: la autorregulación, -práctica buena- y la autocensura –siempre mala porque impide el ejercicio profesional libre.
Documentación.
La censura lleva una connotación dura porque históricamente ha hecho referencia a los actos oficiales de los gobiernos, no a las decisiones privadas sobre lo que se debe publicar o decir. La idea de la autocensura por ser imprecisa no nos sirve para entender los valores de las noticias. Podría significar el silencio de la cobardía o el silencio de la discreción perfecta.
Todos los días los periódicos toman la decisión de no publicar determinada información. Los diarios con frecuencia tienen normas escritas que limitan cuando van a identificar a menores de edad acusados de delitos, a las víctimas de crímenes sexuales, etc. Un periódico puede decidir no publicar fotografías pavorosas de personas muertas. Puede negarse a mostrar desnudos. Puede negarse e imprimir lenguaje soez del tipo que comúnmente se utiliza en las salas de redacción.
Fuera de de estos asuntos es necesario tomar decisiones más sutiles. Por ejemplo, si un hecho cuya publicación podría causar mucho dolor (por ejemplo la divulgación de la situación médica embarazosa para alguien o los detalles de sus problemas financieros) debe ser publicado de todas maneras por ser tan importante o ser tan insignificante que la violación de la privacidad es mucho peor que cualquier bien que pudiera derivarse de dicha publicación.
Ocasionalmente los periódicos aceptan las solicitudes oficiales para retener información, -durante secuestros, por ejemplo, o cuando está en peligro la seguridad nacional. En tiempos de guerra loas corresponsales acceden a no publicar determinados tipos de información – el número de bajas de las fuerzas amigas, o los planes para el movimiento e tropas, cuando dicha información puede ofrecer una ventaja para el enemigo en el campo de batalla.
De manera que las organizaciones noticiosas constantemente censuran lo que reportan en bien de la decencia, del buen gusto, para evitar daños innecesarios, para no empeorar una situación violenta o, incluso, por solicitud del gobierno para proteger operaciones secretas.
Pero ¿qué tipo de cálculo deben utilizar un reportero y un editor en esta tipo de situación?
Aunque a veces se oye decir a los periodistas que no se interesan en las consecuencias de lo que publican –siempre y cuando sea verdad- por lo general no actúan de esa forma. Cuando toman la decisión de retener la información, es pragmática, sopesando los probables resultados de publicar contra los probables de no publicar. Se presume que se debe publicar a menos que haya fuertes razones para no hacerlo. Esto se deriva del papel que desempeñan los periódicos como contadores de la verdad y refleja un escepticismo justificado respecto de las razones que se proponen cuando se pide no revelar algo, especialmente las razones planteadas por aquellas personas cuyos intereses se verían lesionados con dicha revelación.
Jack Fuller: Valores periodísticas Sociedad Interamericana de prensa, Chicago 1996. Pp 48 y 49.

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