Consultorio Ético de la Fundación Gabo
25 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Cuándo el periodista manipula, está mintiendo? Manipular, en periodismo, es una forma de mentir. La manipulación de una información, por ejemplo, implica acomodarla al propio enfoque o interés, darle la forma que se ajusta a la propia conveniencia aún con el sacrificio de la exactitud y de la realidad de los hechos. La manipulación, por consiguiente, atenta contra la verdad objetiva de los hechos.

También se entiende la manipulación como la acción disimulada con que se somete la voluntad de otra persona, sin que ella sea consciente de esa presión ni de su origen. Tiene así la manipulación elementos de engaño y deslealtad que la convierten en una práctica abominable.

Las prácticas de manipulación contradicen el perfil ético del periodista, que se distingue por el juego limpio y por la veracidad. Las descripciones de ese perfil en los códigos y manuales de estilo, expresamente prescriben la actitud franca, como expresiones del compromiso con la verdad y la actitud de respeto para con los demás, que veda los disimulos y las trampas. El periodista, en suma, por su oficio y por el papel que desempeña frente a la sociedad, debe ser persona confiable y digna de fe.

Documentación.

Manipulación no significa una mera influencia o ejercicio de poder como tales, sino una forma del todo específica, irracional, de ejercer influencia y poder. Es el ejercicio del poder sin legitimación, sin autoridad. La manipulación descarta el razonamiento crítico del interesado.

Los estímulos de la manipulación no son percibidos de forma consciente, por medio de un arreglo hecho hábilmente permanecen ocultos a la conciencia. Crean así una falsa conciencia, a partir de la cual la víctima de las prácticas de manipulación cree falsamente que ha tomado una decisión racional. Al aprovecharse de forma irresponsable de una disposición fundamental del hombre, de su naturaleza social, paralizando así su capacidad de objetivación y e distanciamiento, la manipulación ha de ser considerada de hecho como más inhumana que todas las demás formas de violencia o de opresión. Y dadas las características del ejercicio del periodismo, la manipulación es uno de sus graves riesgos.

(...) Existe el imperativo moral de la Humanidad en todo hombre y en cada grupo, que le obliga a extender continuamente el ámbito de la libertad humana y a ir suprimiendo al dominio de la manipulación. La lucha de la libertad contra toda manipulación no ha de entenderse como un episodio, sino como una realidad permanente. La manipulación siempre la tendremos con nosotros. Ella obliga a adoptar una postura moral adecuada. El polo contrario de la manipulación es la concienciación. Esa actitud se identifica con la de criticidad. La manipulación es incompatible con la dignidad del hombre.

Ramón Córdoba Palacio.
Bioética Fundamental II. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín 2001. Página 180-181.

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