Noticias falsas: ¿por qué tienen mayor difusión y cómo combatirlas?
10 de Abril de 2019

Noticias falsas: ¿por qué tienen mayor difusión y cómo combatirlas?

Foto: Filip Mishevski - Pixabay / Creative Commons.

¿Por qué las fake news tiene mayor difusión y distribución con mayor fluidez que las noticias de fuentes fiables?

Respuesta de Gumersindo Lafuente

Para empezar, habría que llamar a las cosas por su nombre en español y hablar de "bulos", "trolas", "paparruchas", "mendacidades", "falsedades" o "mentiras", en vez de "fake news". 

Este problema sobre la difusión mayor de las mentiras no es una cuestión ética, sino técnica; y responde en la actualidad al funcionamiento selvático de las redes sociales, en las que se puede mentir y difamar anónima e impunemente. Pero las redes sociales no son medios periodísticos.

Respuesta de Mónica González

Las noticias falsas son difundidas deliberadamente con un formato, palabras, imágenes y protagonistas que buscan capturar la atención inmediata de un gran número de personas. El sensacionalismo es el arma predilecta de quien o quienes están en el origen de esas noticias falsas y cuyo objetivo es capturar un gran caudal de personas que la repliquen y comenten. Sus presas predilectas son aquellos que hacen de su protagonismo en las redes sociales una tarea cotidiana y por ello buscan ser los primeros en dar a conocer una información que interesa a muchos. De allí la importancia de que los periodistas antes de replicar una noticia entendamos que debemos contrastarla y aprendamos a discernir qué fuentes son confiables, entre otras medidas de chequeo. Pero también se hace urgente que las audiencias sepan el peligro que representa darle crédito a fuentes no confiables y difundir noticias que son deliberadamente erróneas o falsas. Y en eso estamos.

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¿Cómo puede el periodismo blindarse de las noticias falsas?

Respuesta de Javier Darío Restrepo

No se prefiere lo falso por ser falso sino porque es lo que más se ajusta a las preferencias de las personas, que son las mismas de las de su entorno, reunidas bajo la burbuja de la unanimidad.

Estar y coincidir con ese entorno vuelve fácil la tarea del conocimiento: “Si lo dijo fulano tiene que ser verdad”; es un acto de renuncia a la propia inteligencia y de sumisión, que paraliza el pensamiento y lo dispone a aceptar todo, aunque sea falso.

Además, gran parte de las mentiras en circulación no necesita debate alguno, hace superfluo el ¿por qué?. Ahorran, por tanto, el trabajo intelectual que la cultura digital desincentiva.

Lo común no es la necesidad de verdad, ni someterse al rigor de los hechos sino sentir; de modo que estar de acuerdo en los sentimientos es más fácil que elaborar razonamientos y juicios críticos. Sentir se ha vuelto más atractivo y fácil que pensar y analizar.

Envía aquí tus inquietudes sobre ética periodística.

Esto explica el éxito de las burbujas en las que grupos de personas no comparten pensamientos sino sentimientos y emociones.

Agregue usted a las anteriores razones la explicación que daba Emily Bell, exdirectora de The Guardian: “En la era digital es más fácil que nunca publicar información falsa, que se comparte fácilmente y se toma como verdadera”.

Los políticos han entendido esto y lo aprovechan. Las noticias falsas se han convertido en parte del arsenal publicitario y en argumento que producen votos.

Por último, la tecnología ha convertido las noticias en buen negocio; lo cual le viene bien a las empresas periodísticas que han hecho del negocio la máxima prioridad y que usan la tecnología, no para mejorar su calidad profesional, sino para ganar más, y la noticia falsa vende más por las razones anteriores. La consigna ética del momento es, por tanto, la de mantener el rigor informativo para servir mejor a la población.

 

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