Fotoperiodistas recurren cada vez más a Instagram para hacer su trabajo

Fotoperiodistas recurren cada vez más a Instagram para hacer su trabajo

Este artículo, extraído de la revista American Photo, muestra cómo utilizar correctamente las redes sociales en alianza con periodistas profesionales.
El periodista Ben Lowy cubrió el paso de la tormenta Sandy con su smartphone / American Photo
Red Ética FNPI

Hemos traducido del inglés el siguiente artículo de Travis Marshall publicado por la revista American Photo, pues hemos encontrado que contiene interesantes reflexiones sobre la ética de la imagen en la convergencia del periodismo con las redes sociales.

El artículo muestra cómo utilizar correctamente las redes sociales en alianza con periodistas profesionales para realizar cubrimientos noticiosos en vivo, además de profundizar en el impacto que internet y las nuevas tecnologías están teniendo en la ética y estética de la reportería gráfica.

Para navegar en los flujos de noticias a través de las plataformas de redes sociales globales, perspicaces fotógrafos profesionales (y sus editores) han encontrado una nueva herramienta: el smartphone. Hemos hablado con varios reporteros gráficos amantes de la tecnología sobre cómo y por qué Instagram se está convirtiendo en una parte importante de su trabajo.

Mientras la supertormenta Sandy barría la Costa Este de los Estados Unidos, la directora de fotografía de la revista Time, Kira Pollack, tomó una arriesgada decisión sobre cómo documentar el caos que acontecía. “Era el lunes en la mañana (la tormenta golpeó Nueva York ese mismo día en la noche)”, dice Pollack. “No sabíamos en verdad qué iba a pasar: si cortaban la energía eléctrica, cómo íbamos a enviar las imágenes”.

¿La solución? El equipo de Pollack contactó a cinco fotoperiodistas y les dio la contraseña de la cuenta de Time en Instagram, dándoles acceso ilimitado a la presencia de la revista en la red social de fotografías. Las imágenes también aparecerían en LightBox, el blog fotográfico de Time.

“De inmediato tuve acceso a cientos de millones de seguidores”, dice el fotógrafo Michael Christopher Brown sobre la misión que se le encargó. “Tuve esta tremenda sensación de poder, pues me había convertido tanto en fotógrafo como editor, teniendo la posibilidad de llegar a una gran audiencia mucho antes que las agencias de noticias”.

En cuestión de horas, los cinco fotógrafos salieron a la calle para documentar la devastación: BrownBen LowyEd KashiAndrew Quilty y Stephen Wilkes.  Cuatro de ellos utilizaron principalmente sus smartphones como cámaras. (Quilty usó su iPhone y una cámara DSLR, mientras que Wilkes usó también un computador portátil para descargar las imágenes).

“Era cuestión de velocidad”, dice Pollack. “Fue una forma de conseguir imágenes tan rápido como pudiéramos, pero teníamos además a los fotógrafos acertados para que funcionara bien la idea”. Ella explica que Lowy, Brown y Kashi especialmente fueron elegidos por su experiencia fotografiando con sus teléfonos móviles. “Son extraordinarios periodistas, y lo que hacen con la tecnología es igual de asombroso”, añade. “Brown estaba literalmente tomando fotografías en el medio de la noche, en total oscuridad, sin energía eléctrica en la ciudad, usando solamente su teléfono celular”.

Lowy y Brown no son novatos en esto de reportar desde lugares de devastación. Cada uno se especializa en fotografía de conflicto, donde han encontrado que la tecnología de los smartphones le añade flexibilidad y libertad a su trabajo periodístico. “En Libia, todos los demás usaban sus teléfonos para capturar fotos y videos, así que yo no iba a ir contra la corriente”, dice Brown.

Brown había tomado fotografías con su teléfono para un proyecto en China y luego compró su primer smartphone para cubrir reportajes en la República Democrática del Congo, Ruanda y Uganda por encargo de la revista Time. “Volé a África con tres teléfonos y ninguna cámara”, recuerda. “Debo agradecerle a Kira Pollack por creer en el proyecto. En trabajos anteriores para otras publicaciones, se creía que la única tecnología confiable era la de 35 milímetros”. Lowy ganó reconocimiento cuando imágenes que había tomado en Afganistán con la aplicación Hipstamatic terminaron siendo publicadas por la revista de The New York Times.

“Volé de regreso a Nueva York desde California mientras la tormenta avanzaba”, recuerda Lowy. “Cuando el avión aterrizó recibí un e-mail del editor de fotografía en Time, Paul Moakley, diciéndome que pensaban llamarme para cubrir la tormenta, entonces me di cuenta de que necesitaba estar en Coney Island y las Rockaways”. Su instinto fue acertado, pues una de sus fotografías tomada con un iPhone mostrando las olas golpeando Coney Island llegó a ser portada de la versión impresa de Time más adelante.

Cámaras conectadas

La fotografía digital ha hecho que sea más fácil para todo el mundo crear y distribuir contenidos gracias a los smartphones y el acceso a herramientas de publicación inmediata.

“Creo que, con la democratización de la fotografía, la gente mira lo que tiene y puede decir –mientras que yo tomo fotos de mi almuerzo o de mi gato con mi iPhone, estos tipos lo usan para fotografiar Afganistán, Libia o el huracán-. Eso hace que estemos más cerca a ellos”, afirma Lowy. “No es una herramienta extraña. Es como un puente psicológico que se puede usar para conectarnos con nuestra audiencia”.

Esta sencilla herramienta podría tener el poder de cambiar cómo los fotógrafos profesionales interactúan, no solo con su equipo o su audiencia, sino con los clientes que compran su trabajo. Es difícil medir todavía el impacto que tendrá esta fotografía conectada.

En noviembre de 2012, Samsung lanzó la Cámara Galaxy, su primer intento para incorporar el sistema operativo Android y una antena telefónica a una cámara fotográfica. Luego Canon lanzó la EOS 6D, su primera cámara DSLR con Wi-Fi y herramientas para compartir integradas. “Esta conectividad pronto será lo normal”, dice Richard Koci Hernández, un periodista multimedia ganador del premio Emmy y profesor de periodismo en la Universidad de California en Berkeley. “Nunca apuesten en contra de la tecnología”,

Hernández fue uno de los primeros en adoptar los usos del iPhone para la fotografía y las redes sociales. Como reportero gráfico para el San José Mercury News, compró su primer iPhone en 2007, con su cámara de apenas 2 mega pixeles. “La combinación de una cámara y una conexión a internet significó que ya no tenía que sacar mi computador portátil de la oficina”, recuerda Hernández. “Era tan conveniente que ya no quería usar nada más”.

Hernández era un ávido usuario de cámaras Lomo y Holga antes de adoptar el iPhone, y todavía cree que las deficiencias de los smartphones – como por ejemplo la falta de controles manuales o la baja calidad de las imágenes -, son apenas pequeños sacrificios en comparación con la habilidad de editar y publicar imágenes desde la palma de su mano.

Hoy en día, Hernández tiene más de 160.000 seguidores en Instagram y sus imágenes callejeras en blanco y negro han sido publicadas por el blog fotográfico de The New York Times y Slate, además de un libro de National Geographic publicado en Alemania bajo el título “iPhone-Fotografie”, que incluye fotos de Hernández y otros cuatro fotógrafos de iPhone, entre los que también está Michael Christopher Brown. “Con el iPhone 4S, la cámara pasó a ser al menos finalmente aceptable”, dice Hernández. “Lo suficientemente buena como para llegar a un libro de la National Geographic”.

En un mundo donde cada parte del negocio de hacer imágenes está luchando para atraer a una audiencia cada vez más fragmentada y distraída, encontrar formas de involucrar a la gente a través de las redes sociales y los sitios web para compartir fotos es algo muy conveniente. “Se me han acercado empresas de vehículos, ropa y alcohol para que les dé consejos sobre fotografía móvil”, dice Hernández.

El despegue de Instagram

El rol de los fotógrafos experimentados como Hernández al formar comunidades alrededor de un tema, sin importar si es una nueva destilería artesanal o un evento noticioso como Sandy, está todavía en fase experimental. Pero abundan ejemplos de fotógrafos pioneros que toman magníficas fotografías con herramientas sencillas, involucran a sus seguidores online, y terminan formándose carreras gracias en parte a las fotos que toman con sus teléfonos inteligentes.

Veamos el ejemplo de Liz Eswein, quien junto a otros dos usuarios de Instagram, Brian DiFeo y Anthony Danielle, fundaron el Mobile Media Lab, una de las primeras agencias de consultoría en mercadeo a través de las redes sociales construida a partir de Instagram.

Eswein era una estudiante de la Universidad de Nueva York cuando se unió a la red social de fotografías en 2011 bajo el nombre de usuario @newyorkcity. “Decidí que quería mostrar fotos de la ciudad. Intenté algunos nombres y sorprendentemente éste estaba disponible”, dice Eswein. “Estaba tan emocionada cuando alcancé los 50 seguidores, y luego simplemente se disparó”.

Eswein rápidamente entendió el valor inherente de su nombre de usuario cuando usuarios de todo el mundo empezaron a darle me gusta, compartir y comentar a sus fotos de los rascacielos, calles, comida y moda. Sus seguidores rápidamente alcanzaron el medio millón, y le empezaron a llegar ofertas de marcas dispuestas a pagar por aparecer en su flujo de fotografías.

Recién salida de la universidad, Eswein, entonces de 23 años, inadvertidamente se había convertido prácticamente en una agencia publicitaria unipersonal con una audiencia tan grande como la de varias revistas. Se había convertido en la cara de Nueva York en Instagram. Fue entonces cuando se le ocurrió la idea de su propia empresa.

“Brian, Anthony y yo estábamos trabajando por objetivos similares cuando decidimos fundar la compañía, y logramos un gran contrato con Samsung justo después de crearla”, recuerda Eswein. “Ha sido realmente exitosa hasta el momento, dado que el 95 por ciento de nuestros clientes se han acercado a nosotros, en lugar de nosotros a ellos”.

Mobile Media Lab ha trabajado recientemente cubriendo eventos para Kérastase en la Semana de la Moda de Nueva York y agua Evian en el US Open, así como invitaciones virtuales, conocidas como Instagram Takeovers, para empresas como la revista Lucky.

Hacia una estética móvil

Un producto cuya demanda ha ido en aumento para la fotografía digital es el de los filtros y marcos en las imágenes que se comparten en Instagram y aplicaciones similares. Sirven para ocultar las fallas que son consecuencia de la baja calidad de las fotos, pero esos filtros también se han convertido en una estética en sí mismos.

El veterano fotógrafo Brad Mangin resaltó que en la edición del pasado 23 de julio de 2012 en la revista Sports Illustrated se incluía un artículo de 3 páginas titulado 18 imágenes de béisbol en Instagram que fueron tomadas durante la temporada preparatoria de primavera.

Al igual que muchos fotógrafos que buscaban una nueva perspectiva gracias a la simplicidad y creatividad de la fotografía en teléfonos inteligentes, Mangin encontró liberador el poder dejar a un lado sus enormes cámaras y lentes para empezar a experimentar. “Siempre estamos buscando formas de presentar el juego de béisbol como si fuera un divertido ensayo fotográfico”, dice Mangin. “Y nos gustó la idea de Instagram porque era una narrativa nueva que no había sido probada por ninguna de las grandes revistas semanales”.

El exdirector de arte de iPhoneographer Tim Young nunca había tomado fotos seriamente con una cámara cuando empezó a compartir las fotografías tomadas con su iPhone en Instagram, pero dos de sus imágenes fueron elegidas para ser incluidas en el primer Show Internacional de iPhoneografía en la Galería de Arte Digital SoHo. En consecuencia, su trabajó fue incluido en un libro con los creadores de las aplicaciones FX Photo Studio y Color Splash Studio, además de más exposiciones en galerías y trabajos por encargo.

“Soy un fotógrafo que elige usar el iPhone. Es más fácil de usar, es mi propio cuarto oscuro y galería”, asegura Young. “La tecnología me deja compartir imágenes de prueba con efectos rápidamente, y luego definir una imagen final para la fecha de entrega. Pero a fin de cuentas, mis clientes me quieren por mi arte y no por el aparato que use”.

Editorializando

Publicar en la web es otra de las alternativas para las que la fotografía digital se presta perfectamente. En los últimos cinco años ha habido una explosión de contenido original online, y se necesita de más imágenes que puedan salir de la cámara para llegar al lector rápidamente.

Kirsten Alana, fotógrafa de viajes, bloguera y consultora en redes sociales comenzó a tomar fotos con su smartphone gracias a una falla técnica de sus equipos. “Mi 5D Mark II tuvo un mal encuentro con el agua”, narra. “Así que decidí viajar con menos equipaje y me probé a mí misma que podía capturar imágenes lo suficientemente buenas como para remitírselas a mis editores”.

Ahora Alana pasa gran parte de su vida de viajando como colaboradora de revistas como Afar magazine, Gadling y Hostelworld, así como corresponsal para Expedia. También ofrece charlas y dicta clases sobre el uso de teléfonos inteligentes en la fotografía. “Llevo como dos años usando mi iPhone como cámara de trabajo”, dice añadiendo “hasta ahora, no tengo quejas”.

Alana agradece en especial el tamaño que le permite llevar en su bolsillo no solamente un arsenal de aplicaciones, sino la posibilidad de publicar fotos desde cualquier lugar del mundo. “Quiero que la gente sienta que está ahí, viajando conmigo, experimentando el destino conmigo”, explica. “Mi teléfono me permite hacerlo mejor que con las cámaras”.

El debate por los derechos de autor

Justo cuando este artículo se estaba escribiendo, Instagram anunció que planeaba realizar cambios en sus términos y condiciones de servicio, dando lugar a críticas entre los usuarios del sitio, incluidos muchos de los fotógrafos aquí entrevistados. El cambio más controversial tenía que ver con la propuesta de darle a Instagram y su empresa asociada Facebook los derechos para publicar y vender las imágenes para publicidad, sin consentimiento o compensación para el fotógrafo.

La ola de críticas obligó a Kevin Systrom, CEO de Instagram, a publicar un blog aclarando la situación en menos de 24 horas, donde se podía leer “Para ser claros, no es nuestra intención vender sus fotos”. Poco después, Systrom anunció “estamos reversando la sección de venta de publicidad que habíamos añadido para volver a nuestra declaración original vigente desde octubre de 2010”.

Michael Christopher Brown estaba esperando que la situación se calmara. “Inicialmente, mi reacción fue esperar al veredicto final”, declara. “Pero si hubieran cambiado los términos de servicio a lo que estaban proponiendo, yo habría cerrado mi cuenta”. Mangin dice que también se preocupó y habría abandonado la red social si Instagram no hubiera regresado a sus términos originales. Pero el lado bueno de la historia está en que la empresa escuchó a sus usuarios.

En la era de las redes sociales y las publicaciones instantáneas, debates como éste seguirán apareciendo. Instagram, al igual que muchas otras redes sociales, puede ser una poderosa herramienta de publicación, pero también es una empresa que necesita  tener utilidades.

Al papel

A fin de cuentas, las razones que llevaron al equipo fotográfico de Time a cubrir la supertormenta Sandy con smartphones son las mismas que llevaron a Eswein y Alana a usarlos: en un mundo donde todo sucede más rápido, la conveniencia, velocidad y conectividad son prioridad.

Tanto una revista como sus lectores se benefician cuando la reportería gráfica se difunde lo más ancho y alto posible. Pollack había publicado imágenes tomadas con smartphones desde antes que sucediera lo de la tormenta Sandy, incluso incluyó Instagram al primer número digital de la revista Time. Pero el cubrimiento de la tormenta fue un experimento, su primer intento para usar una plataforma con el fin de narrar lo que sucede con las noticias de última hora y gran magnitud.

El experimento funcionó, significándole un 13 por ciento de tráfico adicional al sitio web de Time durante toda una semana, una de las de más altas visitas en toda su historia. “Las imágenes fueron fuertes, inmediatas y emocionales. Se difundieron como el fuego en un bosque”, dice Pollack. “Cuando se combinen de nuevo la historia correcta con los fotógrafos correctos, lo haremos de nuevo”.

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