El lado B de las drogas: relatoría del segundo Encuentro de investigaciones y nuevas narrativas sobre drogas
11 de Marzo de 2021

El lado B de las drogas: relatoría del segundo Encuentro de investigaciones y nuevas narrativas sobre drogas

Captura de pantalla del encuentro virtual.
Alfonso Buitrago

Durante décadas, en el cubrimiento periodístico de los fenómenos relacionados con las drogas de uso ilícito, se ha privilegiado el enfoque del narcotráfico: la vida de los narcos, con sus lujos, vendettas y capturas; los laboratorios, las incautaciones y las rutas; y las cifras oficiales que buscan réditos políticos y promocionar pequeñas victorias. Noticias acompañadas de imágenes que muestran hombres esposados, militares en operativos, jóvenes encapuchados, cuerpos ensangrentados, jeringas, líneas de coca y pastillas, que causan miedo, se vuelven tabú y generan desinformación. 

Pocas veces se apela a las evidencias científicas que ofrecen alternativas para enfrentar uno de los negocios más rentables del mundo; no se presta atención a los eslabones más vulnerables y perjudicados de la cadena; no se considera una aproximación desde un enfoque de reducción de daños para los consumidores ni de la violación a los derechos humanos; ni se asume una posición crítica frente a las fallas y fracasos de la llamada guerra contra las drogas.

“La narrativa de las drogas ha sido históricamente binaria, de blancos y negros, sin matices”, dijo Diego García Devis, oficial sénior del Programa de Política de Drogas de Open Society Foundations, en la introducción del II Encuentro de investigación y nuevas narrativas sobre drogas, organizado en alianza con la Fundación Gabo, y puso como ejemplo el caso reciente de una portada de un medio de Oregon, Estados Unidos, que anunciaba la “descriminalización de las drogas” con una imagen de una jeringa, un billete de mil pesos colombiano enrollado y unas líneas de cocaína. “Las antiguas narrativas están aún vigentes y no desanuda la estigmaticación”, agregó.

La alianza entre la Fundación Gabo y la Open Society Foundations busca promover un cambio en la matriz de interpretación del fenómeno, que se pregunte por los costos económicos y humanos que produce. “La guerra contra las drogas pierde sentido cuando se amplía la legalización de sustancias prohibidas en Estados Unidos y otros países”, dijo Jaime Abello Banfi, director de la Fundación Gabo, en sus palabras de bienvenida al grupo de periodistas becarios de Ecuador, Bolivia, Colombia, Paraguay, Perú y México, que asistieron al encuentro.

“Se trata de mostrar el lado B de las drogas”, agregó Catalina Gil Pinzón, oficial del Programa Global de Política de Drogas de Open Society Foundations en la presentación de los expertos invitados al encuentro: Adriana Muro Polo, directora ejecutiva de Elementa DD.HH., quien compartió la guía “Desintoxicando narrativas. Kit de herramientas para garantizar el acceso a la información en política de drogas”, y David Restrepo Díaz, director del Área de Desarrollo Rural, Economías Ilícitas y Medio Ambiente del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (CESED) de la Universidad de los Andes, quien presentó la charla “Coca: cadena de valor, usos alternativos y política”. 

¿Cómo garantizar el acceso a la información sobre políticas de drogas desde los medios de comunicación?

Impulsar cambios en la política de drogas requiere un diálogo abierto y público entre el Derecho y diferentes disciplinas, que demande y proteja el derecho a la información y exija rendiciones de cuentas oficiales. “El derecho a la información es una herramienta fundamental para la construcción de ciudadanía. En la medida en que se cuente con información de calidad, se puede impactar lo efectos de la política de drogas”, dijo Adriana Muro.

La directora de Elementa, una organización que trabaja en temas de políticas de drogas y derechos humanos en México y Colombia, lanzó cuatro preguntas iniciales relacionadas con el derecho a la información, que sirven para hacer un diagnóstico sobre qué se dice y qué se debería decir al narrar el problema y las políticas de drogas: 

  1. ¿Con qué información se mantiene la narrativa de la prohibición? Principalmente con la información oficial anclada en las narrativas de la guerra contra las drogas; 
  2. ¿Qué información permite debatir sobre las medidas adoptadas por el enfoque prohibicionista y su efectividad? La información académica, como en el caso colombiano de la erradicación de cultivos y su nexo causal con la violencia y las masacres; 
  3. ¿Qué información da cuenta de los efectos de la “guerra” contras drogas y cómo se presenta? Por ejemplo, visibilizar la información relacionada con política de drogas y violaciones de derechos humanos, como la desaparición forzada en México; 
  4. ¿Con qué información se puede impulsar cambios desde el debate público? Es el caso de la valoración de esfuerzos locales, que se dan en distintas partes del mundo y en forma creciente.

En todos los países de procedencia de los becarios participantes en el encuentro existen serias dificultades para acceder a la información oficial sobre las políticas de drogas. Así como profundos debates en relación con la conveniencia y utilidad del prohibicionismo y disyuntivas entre los movimientos que defienden los usos ancestrales y la regulación de los usos recreativos ilegales. 

¿Cómo abordar de manera honesta los debates polémicos y contradictorios del prohibicionismo con los usos tradicionales y los efectos de las drogas?, fue una de las preguntas de los participantes. Muro recomienda tomar una posición política en relación con la prohibición y señala que “el mensaje de la prohibición como única medida para atender la política de drogas se ha replicado por generaciones dentro de la sociedad. Los mitos alrededor del tema han sido difundidos como ‘evidencia científica’ en los imaginarios colectivos asociados a las drogas: marginalidad, exclusión social, discriminación, enfermedad, delincuencia, alarma”. 

En respuesta, ofreció una serie de seis herramientas útiles para los periodistas y que ayudan a “desintoxicar” la forma cómo miramos y contamos el problema de las drogas.

¿De qué debemos desintoxicar las narrativas?

  • Desprecio por la evidencia: hay información y evidencia científica sobre los estragos de la política prohibicionista.
  • Estigmas: derribar estigmas sobre el uso, la adicción y las propiedades de las sustancias.
  • Racismo y clasismo: son transversales en la política prohibicionista, hay discriminación de las comunidades campesinas e indígenas productoras y de los usos ancestrales, así como sesgos por el color de piel al dar información sobre consumidores y traficantes.
  • Criminalización: es el uso del sistema penal como herramienta favorita para mostrar resultados del prohibicionismo, con sus consecuencias en violaciones de los derechos humanos y hacinamiento carcelario.
  • Lugares comunes: la militarización y la erradicación son las soluciones, la regulación aumenta el consumo, se debe proteger a niños y jóvenes, Controvertir los lugares comunes, que crean un imaginario colectivo. 
  • Enfoque bélico: Es el que más cuesta desintoxicar de las narrativas tradicionales. Existe un movimiento de la academia latinoamericana que procura no hablar de “lucha”, “guerra”, “combate”, “enemigo público”. Se requiere pensar en formas creativas de identificar las consecuencias del prohibicionismo.

Los relatos ocultos de la hoja de coca

Los mitos, las estigmatizaciones y la desinformación relacionados con los usos de las drogas no siempre parten de la falta de información, sino del desconocimiento del trabajo, análisis y estudios que llevan a cabo la academia, organizaciones sociales y organismos multilaterales. “Hay mucho conocimiento sobre la coca que no se comenta en los medios ni en la sociedad y es responsabilidad de los periodistas e investigadores de tener una visión integral e informar la discusión pública”, dijo en su presentación David Restrepo, investigador del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas de la Universidad de los Andes. En su charla abordó temas como la historia de la coca, la cadena de valor, las economías ilícitas, la política de drogas actual y algunas perspectivas de reforma. 

Restrepo plantea cuatro ideas claves sobre la coca que se deben considerar en la búsqueda de nuevas narrativas sobre drogas:

  • Ir más allá del narcotráfico. La coca es una piedra angular de la identidad de la región andina desde hace 8 mil año hasta hoy.
  • Anomalía histórica. La prohibición de la coca-cocaína es contraproducente por la violencia que genera y los efectos al medio ambiente. 
  • Peores resultados. Hay una relación entre políticas punitivas más drásticas y peores resultados en control, derechos humanos y desarrollo rural.
  • Otros paradigmas son posibles. Los modelos alternativos de control y aprovechamiento de la coca muestran gran potencial y han sido probados en diferentes países.

Es necesario desafiar el paradigma actual a la hora de informar, teniendo presente que “hay miedos genuinos, hay que escuchar a la gente sin juzgar. No usar la palabra educar en términos de superioridad moral, sino de informar, y es fundamental utilizar expertos como fuentes primarias para reportar temas de drogas”, dijo Restrepo. 

Dar contexto para comprender la historia y evolución del negocio

La planta de coca pertenece al género Erythroxylum, que contiene 230 especies. En al menos 23 de dichas especies se ha encontrado la molécula de cocaína y alcaloides relacionados, y dos especies han sido domesticadas y cultivadas: E. coca (Perú, Bolivia, Amazonas) y E. novogranatense (Perú y Colombia). La historia de su domesticación hace más de 8 mil millones de años en la región andina de Suramérica y de su evolución hasta nuestros días se puede dividir en cinco etapas: pre-colonial, colonial, boom legal, declive ilegal, boom ilícito. 

Pre-colonial y colonial

Hay evidencia de la gestación de un prejuicio racista sobre el consumo de la hoja de coca desde la conquista española. Durante la colonia se toleró su uso como estimulante para el trabajo en la producción minera. Sirvió como forma de pago para los trabajadores y se cultivó en las haciendas. Y se convirtió en símbolo de la identidad indígena (como elemento diferenciador de los españoles).

Boom legal

Entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del siglo XX se da el boom legal. Desde que Albert Niemann, de la Universidad de Göttingen (Alemania), aísla por primera vez la molécula de cocaína en 1859, se desarrollan los primeros productos de consumo, se comprueban sus efectos anestésicos, hasta que el peruano-francés Alfred Bignon inventa la pasta de cocaína en 1885, que detona el comercio internacional de la coca y la cocaína. Perú (y en menor grado, Bolivia) se convierte en líder del mercado global, el cultivo es libre, paga impuestos y los grandes terratenientes dominan el mercado. EE.UU. es el líder de consumo per cápita.

Declive ilegal

Desde principios del siglo XX se reportan adicciones y toxicidad relacionadas con el clorohidrato de cocaína (que es la cocaína aislada y procesada). Surgen en EE.UU. movimientos civiles contra el alcohol y las sustancias psicoactivas, que son ligados con grupos marginales y bohemios, violencia intrafamiliar y “degeneración” social. E inicia la prohibición: Convenciones de la Liga de las Naciones de 1908 y 1912 contra el opio; el Harrison Act de 1914 contra la coca, la cocaína y los opioides sin receta y la Enmienda 18 de la Constitución de EE.UU. (aprobada en 1919), que prohíbe el consumo de licor. En 1922, la ley Jones-Miller prohíbe la importación de opio, coca y cocaína, y crea el Federal Bureau of Narcotics (ahora DEA). Tras la victoria en Segunda Guerra Mundial, EE.UU. exporta su modelo prohibicionista al mundo.

Boom ilícito

La cocaína como droga de lujo y de fiesta nace en La Habana a partir de la década de los 40s del siglo XX y pasa a Miami y Nueva York tras revolución cubana. En los 60s surgen pequeños circuitos de cocaína ilegal en Perú y Bolivia y luego se desplazan a Chile y Cuba, y el narcotráfico colombiano debuta con la marihuana. La “guerra de las drogas” declarada por el presidente Nixon (represión de marihuana, opioides y anfetaminas tras la convención de 1971) y la caída de los circuitos de cocaína chilenos (tras Pinochet y Castro) se conjugan para volcar el narcotráfico colombiano hacia la cocaína. En los 80s y 90s se da la integración vertical y horizontal del narcotráfico colombiano y la interdicción aérea en el Perú desde 1994 da como resultado la explosión de cultivos de coca en Colombia.

Considerar los usos tradicionales y el valor nutricional

En su intención de abordar la comprensión del fenómeno más allá del narcotráfico, David Restrepo propone considerar los usos tradicionales y el valor nutricional de la hoja de coca, sobre la que se ha demostrado que no genera ningún efecto nocivo en la salud. La hoja de coca contiene una molécula de cocaína que se oxida y se absorbe fácilmente en el cuerpo humano, pero la cocaína que se vende y consume en la calle es una sal de cocaína (clorohidrato), con diferentes efectos y componentes. Los usos tradicionales de la planta se pueden clasificar en físicos y metafísico y sociales. 

Usos físicos 

  • Estimulación mental
  • Desempeño físico
  • Supresor temporal del apetito y el hambre
  • Alivio para el soroche
  • Medicina para la indigestión y analgésico
  • Anti-depresivo y potenciador sexual

Usos metafísicos y sociales 

  • Canal de comunicación entre las personas y con la naturaleza 
  • Vehículo de intercambio y de reciprocidad para fortalecer los lazos de la comunidad
  • Herramienta para fortalecer la disciplina personal y vocación al trabajo

Valor nutricional

Hay consenso científico sobre el alto valor nutricional de la coca, pero también hay controversia sobre su biodisponibilidad a la hora del consumo humano. La coca contiene calcio, caroteno, hierro, vitaminas y proteína vegetal. Se ha identificado una absorción significativa del caroteno y las vitaminas y se ha propuesto añadir ácido ascórbico en suplementos alimenticios para aumentar la biodisponibilidad de los minerales.

Identificar las relaciones entre los eslabones de la cadena de valor del negocio para ampliar la mirada periodística 

Entre los mercados de drogas ilícitas, el de la cocaína es el segundo mayor del mundo por cantidad de ingresos y el primero por rentabilidad. Y como todos los mercados de commodities agrícolas, es un mercado profundamente desigual. La cadena de valor de la coca-cocaína favorece la comercialización (70%). El 30% del valor se genera en producción, donde el eslabón de cultivo se queda con solo el 1-2% del valor del mercado.

La gran mayoría de los cultivadores cocaleros experimentan pobreza monetaria y se encuentran en zonas con bajos niveles de desarrollo y escaso acceso a servicios. Por tanto, no se puede hablar de “narcocultivadores”, pues son el segmento más pobre. La incidencia de la probreza en zonas de cultivo de coca es cerca del 60%. 

Los cultivadores de coca tienen poca tierra y su tenencia es informal y frágil (en el caso de Colombia), y la necesidad económica es la razón principal para participar en el cultivo de la planta, pues, aunque es una actividad precaria, les permite a las familias cocaleras mejorar su calidad de vida. 

En Colombia, la política de drogas punitiva promueve la movilidad social en territorios marginados, pero a costa de la seguridad. Ni la planta ni el aumento de los cultivos causan violencia; lo hacen las disputas territoriales de grupos criminales que buscan dominar el negocio ilícito. 

Evaluar los impactos de la política de drogas: a mayor castigo, peores resultados

En Perú y Bolivia existen espacios de legalidad para la coca tradicional: 18 477 hectáreas permitidas en Perú para cultivos empadronados, con venta a la Empresa Nacional de la Coca (ENACO) y 22 000 hectáreas permitidas con registro, industrialización y promoción de usos alternativos de coca en Bolivia. En Colombia solo se reconoce el derecho al cultivo en territorios indígenas.

Un análisis comparativo de la política de drogas sobre la producción y venta de hoja de coca (erradicación, confiscación de alcaloides, mercado legal y grados de punitividad) en los tres países de la región andina muestra resultados muy divergentes y menores niveles de impacto cuando las medidas se hacen más coercitivas.

En Colombia, donde el grado de punitividad es el más alto y el mercado legal es el más restringido, existe la mayor extensión de hectáreas cultivadas y erradicadas, la mayor cantidad de toneladas de alcaloide incautadas, la mayor prevalencia de consumo de cocaína, la tasa de homicidios más alta y el precio de la hoja más bajo.

En Perú y Bolivia existen políticas no-prohibicionistas con resultados medibles, pero en países como Colombia y México no hay interés en esas evidencias. Es importante un enfoque de costo-beneficio cuando se hace un cubrimiento periodístico que puede favorecer formas castigo más estrictas. 

Analizar alternativas

Una revisión de la bibliografía científica muestra múltiples y posibles aplicaciones para la hoja de coca, especialmente medicinales, tales como:

  • Potencial para enfrentar grandes desafíos de salud pública
  • Mejora la oxigenación y las afeccciones respiratorias
  • Regula el azúcar en la sangre, la diabetes y el sobrepeso
  • Aplicaciones en terapias para usos problemáticos de estimulates
  • Tratamientos de la impotencia sexual, anti tumoral y anti viral

La hoja de coca tiene un potencial enorme en innovación, pero la actividad de i+d alrededor del mundo sigue siendo baja.

Sobre Adriana Muro Polo

Directora ejecutiva de Elementa DD.HH. Abogada mexicana, graduada por la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, con maestría en Derechos Humanos y Democratización de la Universidad Externado de Colombia. Tiene más de 10 años de experiencia trabajo en organizaciones de la sociedad civil en México y Colombia. En 2014 fundó Elementa DD. HH., una organización con sede en Bogotá y Ciudad de México que busca, a través del uso creativo del derecho, aportar a la garantía de los derechos humanos en la región. Específicamente en el área de política de drogas, coordina proyectos de la mano de colectivos, organizaciones e instituciones del Estado para la creación de escenarios jurídicos viables y el desarrollo de estrategias de litigio e incidencia nacional e internacional para visibilizar los efectos de la guerra contra las drogas y transitar hacia una política respetuosa de los derechos de las personas.

Sobre David Restrepo

Director del Área de Investigación en Desarrollo Rural, Economías Ilícitas y Medioambiente, del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (CESED), de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes.

Sobre el Encuentro de investigaciones y nuevas narrativas sobre drogas

El encuentro fue organizado por la Fundación Gabo y Open Society Foundations. Se realizó en el marco del 'Fondo para investigaciones y nuevas narrativas sobre drogas', a través del cual las dos organizaciones entregaron becas a periodistas latinoamericanos para apoyar investigaciones y coberturas que amplíen la mirada desde la que se aproximan a temas de drogas. 

 

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