Periodismo de ida y vuelta para evitar la “pornomiseria” en las coberturas de migración
1 de Diciembre de 2020

Periodismo de ida y vuelta para evitar la “pornomiseria” en las coberturas de migración

La periodista Ginna Morelo propone volver a los lugares y con los protagonistas de nuestras historias como receta para no caer en la superficialidad. 
Ginna Morelo. Fotografía: Fundación Gabo.
Alberto Pradilla

“Deberíamos hacer periodismo de ida y vuelta, como lo son los viajes de los protagonistas de nuestras historias”. Ginna Morelo, periodista colombiana, propone adecuar nuestra reportería sobre migración al tiempo de los migrantes. Y esto implica conjugar el verbo “volver” con más frecuencia de lo que lo hacemos. Volver al lugar que motivó la huida. Volver con los protagonistas a los que ya acompañamos. Volver a los lugares que ya fueron transitados. Volver, en definitiva, para hacer un periodismo de mayor profundidad. 

“Cuando retornamos a los lugares de origen o acompañamos a los protagonistas en esos viajes de vuelta encontramos ángulos que no hallamos previamente, o que pasamos muy rápido porque las condiciones no nos permitieron quedarnos”, explica Morelo. La urgencia, que casa tan difícilmente con los matices, puede hacer que nos perdamos partes fundamentales de la historia. “Siempre estamos andando rápido por sitios peligrosos. Por eso hay que volver. Porque en segundos o terceros viajes se te amplía la perspectiva y hay posibilidad de profundizar más en los relatos”.

“Volver” es una de las enseñanzas clave del taller sobre desplazamiento forzoso en Centroamérica que impartieron los reporteros Ginna Morelo y Óscar Martínez y promovido por Acnur y la Fundación Gabo. El retorno tiene aquí dos significados. Por un lado, el del periodista hacia la historia. Por otro, el de los propios migrantes o desplazados, que en demasiadas ocasiones se ven forzados a regresar al lugar del que escaparon. 

En el caso centroamericano esto tiene varias aplicaciones prácticas. Hacia los protagonistas y sus historias: regresar a San Pedro Sula, en Honduras; a San Salvador, en El Salvador; a Quetzaltenango, en Guatemala; a Masaya, en Nicaragua; como forma de explicar de qué huyen sus poblaciones. Retornar una y otra vez al camino, porque las condiciones cambian y más ahora en un contexto de pandemia por covid-19. 

El regreso de quienes trataron de escapar es también parte de la historia. Por ejemplo, la de los nicaragüenses que se establecieron en Costa Rica y ahora deciden regresar a su país en unas condiciones terriblemente difíciles. O la de guatemaltecos, hondureños, salvadoreños o nicaragüenses forzados a regresar tras ser detenidos en Estados Unidos o en México. El retorno forzado es parte del éxodo. 

El riesgo de enamorarse de las historias 

Enamorarnos de los personajes y sus historias es uno de los riesgos que afrontan los periodistas que cubren historias de migración. “Andamos con gente que huye y esta carga emotiva nos puede llevar a romantizar la historia”, explica Morelo. La otra cara de este periodismo superficial es la “pornomiseria”: limitarse a la enumeración del sufrimiento sin ningún contexto ni explicación. 

Su propuesta: un periodismo “de exhumación”, que vaya más allá de lo testimonial, que no se quede únicamente en el enunciado de la gente que huye. 

“Si nos quedamos en la idea romántica de quien carga maletas está el riesgo de quedarnos en el periodismo de la pornomiseria”, explica. 

Ante la tentación de la superficialidad, Morelo propone el periodismo de ida y vuelta. 

Tres objetivos: 

  1. Fortalecer el pensamiento crítico. 

  2. Ser, estar, ver, oír y compartir, lo que permite quedarte con las cosas más importantes. 

  3. Volver amplía la perspectiva. 

“Hay que hacer varias vueltas. Pensar que tienes que conectar con ese camino mas de una vez”, explica Morelo. 

Pone como ejemplo su propia experiencia en el trabajo ‘Venezuela a la fuga’, que recibió el Premio Gabo 2018 en la categoría de Cobertura. Naykore es una de sus protagonistas. Pero el contacto no se abandonó terminado el reportaje. Volvieron a reunirse con ella en varias ocasiones. 

“Más que hacer un periodismo de largo aliento se requiere periodismo lento”, explica la reportera, convencida de que “solo al regresar entiendes una emergencia humanitaria compleja”. En caso contrario, puede caerse en el riesgo de la desconexión, lo que dificulta “la posibilidad de entender la multicausalidad del fenómeno”.

En este retorno, insiste Morelo, hay varias opciones: volver al origen, o volver al camino, o volver con las mismas fuentes con las que partiste o volver a las explicaciones que quedaron pendientes. Al final, la migración también es un fenómeno cambiante. Por desgracia, hay pocas coberturas que permiten hacer estos viajes. La vorágine del día a día nos come y “son tal la cantidad de sucesos que no te da la opción de volver”, como explica Morelo. 

La pandemia de covid-19 vino a cambiar las reglas del mundo y, por lo tanto, también del oficio. Como recuerda la reportera, en América Latina había experiencia en guerras y violencia, pero nadie podía saber cómo cubrir las consecuencias del coronavirus. “Esto no es equiparable a nada”, reconoce.

En términos prácticos, Morelo asume que el confinamiento ha limitado las prácticas periodísticas e, incluso, afectado en la calidad de muchos productos. “Se observa la enorme diferencia cuando podemos estar o no en el campo de trabajo”, afirma. 

¿Es posible hablar de una narrativa ética si es una imagen con la que estamos hablando? ¿Se puede verificar si tenemos un acceso más corto a los archivos?

La pandemia ha añadido una dificultad: si antes “volver” era un problema añadido, ahora ni siquiera sabemos si podremos “ir”. Una limitación muy evidente cuando hablamos de un periodismo como el de migraciones, que necesita del reporteo sobre el terreno. 

Sobre el taller virtual ‘Refugiados y migrantes: ¿cómo cubrir el caso centroamericano?’

Fue organizado por la Fundación Gabo y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) para 12 periodistas de América Latina y fue impartido entre el 5 y el 16 de octubre. El taller estuvo dirigido por la periodista colombiana Ginna Morelo y el periodista salvadoreño Óscar Martínez.

 

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