12 principios periodísticos de Camilo José Cela
14 de Febrero de 2017

12 principios periodísticos de Camilo José Cela

A quince años de su fallecimiento, el 17 de enero de 2002, vale la pena recordar la íntima relación que el Nobel de Literatura español Camilo José Cela tenía con el periodismo.
Foto: La Vanguardia

Cela era un lector voraz de periódicos y revistas y un colaborador infatigable de diferentes publicaciones, a pesar de que sus relaciones con el gremio no fueron todo lo cordiales, pues fue expulsado de la Asociación de la Prensa de Madrid en 1952 tras la publicación en Buenos Aires de ‘La Colmena’.

Publicó artículos en los diarios ‘Arriba’ y ‘La vanguardia’ a lo largo de su vida, especialmente entre los años 1949 y 1952. Fue habitual colaborador de ABC. Allí encontramos su último artículo “El color de la mañana: Chiflidos espirituales”, publicado el domingo 13 de enero de 2002. Una de sus mayores satisfacciones fue la creación de la carrera de Periodismo en la universidad que lleva su nombre en Madrid.

El siguiente Dodecálogo de Deberes del Periodista fue presentado en mayo del 2001 pasado en la Universidad Camilo José Cela, durante la clausura del ciclo Comunicación y Sociedad en el Siglo XXI.

I. Decir lo que acontece, no lo que quisiera que aconteciese o lo que imagina que aconteció.

II. Decir la verdad anteponiéndola a cualquier otra consideración y recordando siempre que la mentira no es noticia y, aunque por tal fuere tomada, no es rentable.

III. Ser tan objetivo como un espejo plano; la manipulación y aun la mera visión especular y deliberadamente monstruosa de la imagen o la idea expresada con la palabra cabe no más que a la literatura y jamás al periodismo.

IV. Callar antes que deformar; el periodismo no es ni el carnaval, ni la cámara de los horrores, ni el museo de figuras de cera.

V. Ser independiente en su criterio y no entrar en el juego político inmediato.

VI. Aspirar al entendimiento intelectual y no al presentimiento visceral de los sucesos y las situaciones.

VII. Funcionar acorde con su empresa -quiere decirse con la línea editorial- ya que un diario ha de ser una unidad de conducta y de expresión y no una suma de parcialidades; en el supuesto de que la coincidencia de criterios fuera insalvable, ha de buscar trabajo en otro lugar ya que ni la traición (a sí mismo, fingiendo, o a la empresa, mintiendo), ni la conspiración, ni la sublevación, ni el golpe de estado son armas admisibles. En cualquier caso, recuérdese que para exponer toda la baraja de posibles puntos de vista ya están las columnas y los artículos firmados. Y no quisiera seguir adelante -dicho sea al margen de los mandamientos- sin expresar mi dolor por el creciente olvido en el que, salvo excepciones de todos conocidas y por todos celebradas, están cayendo los artículos literarios y de pensamiento no político en el periodismo actual, español y no español.

VIII. Resistir toda suerte de presiones: morales, sociales, religiosas, políticas, familiares, económicas, sindicales, etc., incluidas las de la propia empresa. (Este mandamiento debe relacionarse y complementarse con el anterior.)

IX. Recordar en todo momento que el periodista no es el eje de nada sino el eco de todo.

X. Huir de la voz propia y escribir siempre con la máxima sencillez y corrección posibles y un total respeto a la lengua.

XI. Conservar el más firme y honesto orgullo profesional a todo trance y, manteniendo siempre los debidos respetos, no inclinarse ante nadie.

XII. No ensayar la delación, ni dar pábulo a la murmuración ni ejercitar jamás la adulación: al delator se le paga con desprecio y con la calderilla del fondo de reptiles; al murmurador se le acaba cayendo la lengua, y al adulador se le premia con una cicatera y despectiva palmadita en la espalda.

 

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