Lecciones que nos deja el escándalo de Der Spiegel
30 de Enero de 2019

Lecciones que nos deja el escándalo de Der Spiegel

Claas Relotius, uno de sus periodistas estrella, fue despedido tras descubrirse que había inventado detalles en las historias de varios reportajes.
Portada del Spiegel en 2011. Paul Sableman en Flickr. Usada bajo licencia Creative Commons
Red Ética

Con 33 años de edad y varios premios nacionales e internacionales de periodismo en su vitrina personal, el joven reportero Claas Relotius se proyectaba hasta hace poco como una de las grandes promesas del periodismo alemán.

Sin embargo, la ascendente carrera del periodista de Der Spiegel terminó cuando uno de sus colegas logró demostrar que Relotius había mentido en al menos 14 de los 60 reportajes que había publicado en la tradicional revista alemana.

Fue el periodista español Juan Moreno, quien había viajado con Relotius a la frontera que divide a Estados Unidos de México para coescribir un artículo sobre la situación de los migrantes bajo el gobierno de Donald Trump, quien alertó al rotativo de Hamburgo sobre los testimonios que su colega podía estar inventando.

"El periodista de Der Spiegel Claas Relotius ha falsificado historias e inventado protagonistas, con lo que ha engañado a los lectores y a sus colegas", explicó Der Spiegel en un extenso artículo donde describe lo sucedido.

Pero una vez el hervor de este escándalo ha mermado, ¿qué podemos aprender de lo sucedido para que este tipo de historias no se repitan en redacciones de otros medios de comunicación, tal y como ya pasó con Jayson Blair en el New York Times? Revisamos varias columnas de opinión y artículos que se han escrito analizando el caso Relotius para extraer algunas lecciones:

1. No nos dejemos cegar por una buena historia

Una de las reflexiones que más recomendamos leer sobre el caso de Relotius es la escrita por Jeff Jarvis donde aborda la seducción de contar historias. Allí cuenta cómo ha sido testigo de muchos casos similares a lo largo de su carrera como reportero y profesor de periodismo. “En los inicios de mi carrera profesional en el Chicago Tribune, vi a un redactor jefe escribir un titular y después ordenar a su equipo de investigación que consiguiera esa historia”, relata Jarvis. Lo que nos enseña allí es que a veces los periodistas tenemos tantas ganas de contar una buena historia, que nos permitimos ciertas licencias éticas con tal de que quede bien narrada. No caigamos seducidos en esa trampa.

2. Los premios no son garantía de un periodista impecable

Hasta el momento en que Moreno lo desenmascaró, según recuenta la BBC, Relotius había ganado cuatro premios alemanes de periodismo, un premio de la prensa europea, la cadena CNN lo había nombrado  "Periodista del año" y la revista Forbes lo incluyó en la lista de las 30 personas menores de 30 años más influyentes de los medios en Europa. Relotius también escribió un largometraje para la revista suiza Reportagen, por el que recibió dos Premios CNN de Periodismo en 2014. Aunque CNN aclaró que le retiró los galardones y que nunca publicó ninguno de sus trabajos, el daño ya estaba hecho.

3. No subestimemos la presión que la fama puede ejercer en un periodista joven

"Estoy enfermo y necesito ayuda", admitió Relotius en la delcaración donde pedía disculpas por lo sucedido, añadiendo que “el miedo al fracaso aumentaba” conforme se iba haciendo más y más famoso. “Nuestros Pulitzers son negativos para el periodismo estadounidense porque nos empujan más a impresionar a los demás que a realizar un servicio público”, comenta Jarvis sobre el tema en el artículo arriba citado.

4. Tener un ejército de editores no evita que se cometan errores

Tal y como lo admite Der Spiegel en la carta de disculpas dirigida a sus lectores, el departamento de investigación y verificación de datos de la revista cuenta con más de 600 empleados. ¡600! ¿Qué mentira puede lograr sobrevivir tras pasar por un filtro de ese tamaño? “Nos faltó ser autocríticos en lo que se refiere a los reportajes de Relotius”, admite el editor Stefen Klusmann, lamentando además no haber prestado atención a distintas señales de alerta, como cuando Relotius solicitó no incluir ciertas fotografías, o evitar que sus artículos fueran traducidos en ocasiones. The Atlantic explica con claridad aquí cómo las mentiras de Relotius podían olerse desde mucho antes, cuando publicó una crónica demasiado buena para ser verdad sobre Fergus Falls, Minnesota, cuna de algunos de los más fuertes fanáticos de Donald Trump.

5. Encargar los reportajes a duplas de reporteros

Tal vez las ficciones de Relotius habrían seguido propagándose por años al mismo tiempo que su prestigio aumentaba, de no ser por la señal de alerta encendida por su colega Juan Moreno. Enviar duplas de reporteros a cubrir un evento noticioso puede ayudar no solo a enriquecer el relato de los hechos con perspectivas diferentes, sino también blindar la cobertura para que el uno al otro se cuiden de no permitir que el canto de sirenas de una buena historia nuble su capacidad de juicio periodístico. “Los periodistas deberían exigirse a sí mismos lo que están exigiendo a Facebook y Silicon Valley: transparencia, una autoevaluación ética, una crítica de los riesgos morales de nuestros modelos de negocio y parámetros, y honestidad sobre nuestra pérdida de confianza”, concluye Jarvis en su reflexión sobre el caso Relotius.

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