Drama, manipulación y verdad: manteniendo la utilidad del fotoperiodismo
23 de Mayo de 2013

Drama, manipulación y verdad: manteniendo la utilidad del fotoperiodismo

Traducimos aquí al español la columna de Fred Ritchinn sobre la polémica suscitada tras el otorgamiento del premio World Press Photo 2013 al sueco Paul Hansen.
Fotografía: Pixabay.com | Usada bajo licencia Creative Commons
Red Ética

El blog de fotógrafos de la Revista Newsweek y el portal The Daily Beast ha publicado una columna de opinión escrita por  Fred Ritchin, profesor de fotografía de la Universidad de Nueva York, sobre la polémica suscitada tras el otorgamiento del premio World Press Photo 2013 al sueco Paul Hansen.

Traducimos aquí al español la columna, al considerar que contiene interesantes reflexiones sobre la ética de la fotografía de no ficción y los límites de la manipulación digital de imágenes.

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La fotografía de Paul Hansen que ganó recientemente el premio World Press Photo como imagen del año fue aparentemente modificada para aumentar su dramatismo, una técnica para hacer ver más vívidos y saturados los colores que parece cobrar cada vez más popularidad en círculos de fotoperiodistas. Como tal, se ajusta a la tradición de permitirles a los fotógrafos aumentar el contraste de sus imágenes para resaltar el ambiente – en este caso una trágica procesión fúnebre para dos niños en Gaza.

El problema aquí  no es tanto la ética de la dramatización, sino que la ansiedad de las fotografías, incluso en momentos de alta tensión, no sería notada si no se revela de acuerdo a esta nueva moda de la espectacularidad. Y es un miedo bien justificado – debido a los billones de imágenes compitiendo por la atención en internet, y el énfasis en el sensacionalismo de la prensa, lo cual hace difícil esperar que los editores vayan a elegir publicar una fotografía que no tenga tal dramatización visual, o que no vaya a llamar la atención de los lectores. Como resultado, estas fotos parecen cada vez más haber sido sacadas de una película como “Apocalypse Now”, dándole prioridad a la crudeza explícita.

La fotografía de Paul Hansen ganadora del World Press Photo 2013 / AP

La fotografía de Paul Hansen ganadora del World Press Photo 2013 / AP

Es un área en la que los editores y fotógrafos tienen un alto grado de responsabilidad. La gran cantidad de escenas fotográficas que son organizadas por políticos y celebridades (aunque en los pies de fotos se indique se trató de eventos espontáneos), o las ilustraciones fotográficas en las que los fotógrafos organizan la escena para sus propios propósitos, degradan la autenticidad de la em presa periodística. La generalizada manipulación de la imagen fotográfica en sí misma, acelerada por la facilidad y eficiencia del software digital durante casi los últimos 25 años (Photoshop fue lanzado en 1989), no ha sido suficientemente restringida por la industria fotoperiodística internacional, la cual se ha negado a trazar los límites de lo que deberían ser las modificaciones apropiadas.

Como resultado, tenemos varias controversias en curso sobre cómo deben los fotógrafos aclararle al público si han trabajado de acuerdo a los límites de modificación de la imagen – tanto si se trata de una situación fotografiada, como de una imagen editada antes de su publicación.

Una fotografía periodística puede ser vista como una cita visual, de manera similar a cuando las palabras de alguien son puestas entre comillas.  El lector espera que lo visto en la imagen representa lo que estuvo ahí, de la misma forma que unas comillas indican que las palabras ahí citadas fueron en realidad dichas por las personas a la que se le atribuyen. Parafrasear las palabras de alguien más puede preservar la esencia de lo dicho, pero no se puede ni pensar que esa paráfrasis sea igual a una cita textual.

Reflexionando sobre este tema, en 1994 yo dirigí un comité en la Universidad de Nueva York que proponía incluir un ícono que significara “no con lente”  y se usara de manera parecida al símbolo de copyright ubicándolo cerca a la fotografía para indicar que había sido modificada más allá de los estándares aceptables. El lector podría usar el cursor de su computador para pasar sobre el símbolo y ver información que le dijera cómo fue alterada la foto antes de su publicación. El uso del ícono no implicaría que una imagen era más “verídica” que otra, sino que se emplearon estrategias diferentes, y que el lector merece saber cuáles fueron manipuladas.

Recientemente sugerí, primero en un libro de 2008 titulado “Luego de la Fotografía” (After Photography) y ahora en un libro que se publicará el próximo mes bajo el título “Doblando el marco: Fotoperiodismo, documental y el ciudadano” (Bending the Frame: Photojournalism, Documentary, and the Citizen) que en cada una de las cuatro esquinas de la fotografía se consigne información por parte del fotógrafo, la cual permita conocer más sobre cómo fue editada para el lector interesado. La esquina de abajo a la derecha contendría el crédito, copyright o información de la licencia Creative Commons, una descripción e información clara sobre si la imagen fue manipulada. La esquina inferior izquierda proveería un contexto más amplio sobre cómo se obtuvo la imagen, la historia, narrada por el fotógrafo, quien aparece ahí o un testigo. La esquina superior izquierda tendría enlaces relacionados, un video o algo de información que pueda ofrecer mayor sentido respecto a lo que estaba ocurriendo ahí en el momento cuando la cámara fue accionada. Finalmente, en la esquina superior izquierda debería ir un enlace a otros sitios web (la propia página del fotógrafo) que ayude a conocer más detalles e información pertinente.

La intención aquí es animar al fotógrafo a ser un autor más completo de la imagen, de la misma forma que un director de cine puede ofrecer un más amplio contexto de cada escena de su película. La idea de las cuatro esquinas, con su contextualización aumentada, también serviría para ayudar a distinguir el trabajo de los fotógrafos profesionales de aquellos que no lo son. Y como las fotografías ahora viajan por internet siendo apropiadas y publicadas por cualquiera, la estrategia de las cuatro esquinas, si se respeta bien, permitiría al fotógrafo retener algo de la autoría de la imagen.

Todas las controversias que han hecho erupción debido a la manipulación fotográfica, incluyendo la más reciente, requieren una respuesta panorámica. El problema no es simplemente sin la fotografía ganó un premio o no, sino si vamos a informarle al público sobre cómo es que los fotoperiodistas trabajamos. Mientras ha habido una gran dedicación y coraje demostrado por aquellos que han estado en el gremio por décadas, ahora es momento de pensar seriamente y tomar decisiones que ayuden a determinar la utilidad futura del fotoperiodismo.

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Fred Ritchin, profesor de Fotografía en la Universidad de Nueva York. Fue editor de imágenes para el New York Time Magazine entre 1978 y 1982. Su más reciente libro, “Bending the Frame: Photojournalism, Documentary, and the Citizen”, sera publicado el próximo mes por la editorial Aperture.

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