¿Están abusando los noticieros de TV del recurso de las cámaras de seguridad?
18 de Agosto de 2015

¿Están abusando los noticieros de TV del recurso de las cámaras de seguridad?

Existe un creciente uso de los recurso que brindan las cámaras de seguridad por parte de noticieros de televisión, sin embargo esta herramienta ha sido utilizado numerosas veces sin ningún tipo de análisis.
Fotografía: Ervins Strauhmanis en Flickr / Usada bajo licencia Creative Commons
Red Ética FNPI

Pregunta de Óscar Durán, redactor independiente de Bogotá – Colombia, en el Consultorio Ético.

Siento que los noticieros de televisión están abusando del recurso a las cámaras de seguridad y le dedican a estos  videos la mayor parte de sus emisiones sin ningún tipo de análisis.

¿Es esto correcto? 

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R.-  El rigor en la información periodística es parte del compromiso con la verdad que impone la ética profesional.

Ese rigor rechaza, por ejemplo, el uso de una sola fuente, impone el recurso a fuentes plurales y diversas y el análisis de contenido de la información obtenida en las fuentes.

Contra la convicción común de que basta ver para llegar a la verdad de los hechos, el periodista cuidadoso no considera suficiente el ejercicio de ver u oir e incluye entre sus tareas de búsqueda de la verdad, el análisis, como base para la interpretación de los hechos.

Así, el ver es otro elemento, no el único para conocer. El material registrado por las cámaras de seguridad. En consecuencia, se incorpora a otros datos que, manejados críticamente y con imaginación,  permiten entregarles a los televidentes una versión lo más cercana posible a la realidad de los hechos. Esto supone un trabajo de recolección de información mucho más exigente que el solo uso de los videos

Las nuevas tecnologías, por tanto, han de ser utilizadas como otros recursos para informar, no como sustitutos de la actividad profesional en busca de la verdad que se pone al servicio de la sociedad. Así como las grabadoras de sonido no han de reemplazar la memoria, ni el ejercicio crítico del periodista al conversar con sus fuentes, los aparatos de video no pueden ser utilizados como reemplazo del ojo, ni de la mirada. Cualquier producto de la tecnología debe ser mantenido en su calidad de instrumento de una voluntad y de un propósito libre de los humanos.

Documentación

Expertos estiman que los diarios impresos tienen ahora tres caminos para su supervivencia: el perspectivista, el periodismo local y una tercera vía que es la mezcla de los dos.

El perspectivista, o de referencia, es el que se dedica al análisis, a la interpretación y profundización de los temas.

Conocido como inmediatista, el periodismo local busca hacerse fuerte en su territorio natural. Es coyuntural, de reacción rápida, privilegia el servicio al lector, la información útil.

El tercer camino es ecléctico, mezcla las dos tendencias anteriores y busca un equilibrio basado en ser perspectivista para lo nacional y mundial, pero de utilidad y servicio en lo local.

Con tres opciones claras para el futuro, la actual crisis de los diarios impresos no parece deberse, necesariamente a la competencia de otro tipo de medios o al avance indetenible de la informática, sino a la falta de autocrítica.

En efecto, pocos son los propietarios y editores jefes que en medio del vértigo del trabajo cotidiano y de la presión de los cierres se detienen a reflexionar sobre lo que están haciendo.

Se preguntan a veces con desesperación, qué hacer para que los lectores compren el periódico, pero es posible que olviden interrogantes esenciales: ¿realmente hace falta leer el diario para que la gente viva su día? ¿Hasta qué punto se está volviendo un acto suntuario la compra del diario? ¿Qué contenidos informativos justifican que el lector realice el esfuerzo económico de adquirir un ejemplar todos los días?

Las respuestas no son fáciles porque pasan, sobre todo, por una decisión crucial: pensar un periódico distinto, renovado, abierto a la realidad circundante.

Se trata de un reto difícil, porque implica un cambio de mentalidad, de cultura, y de hábitos y actitud que no se puede hacer por decreto o memorando del director, sino mediante una estrategia, con objetivos y cronogramas precisos, cuyo eje sea un proceso intensivo de capacitación, motivación e involucramiento de todo el equipo que participará en el cambio.

Rubén Darío Buitrón: Periodismo por Dentro. Ciespal, Quito,  2005, p 86- 87

 

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