Los dilemas éticos a los que se enfrenta un corresponsal de guerra, según Jon Lee Anderson
6 de Junio de 2022

Los dilemas éticos a los que se enfrenta un corresponsal de guerra, según Jon Lee Anderson

En entrevista con la Red Ética, el corresponsal de guerra estadounidense Jon Lee Anderson, miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo, dialoga sobre las encrucijadas que enfrenta un periodista que cubre conflictos bélicos, a propósito de la guerra que transcurre en Ucrania.
Jon Lee Anderson, miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo y corresponsal de guerra.

“Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser un buen hombre, o buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas”. Así lo dejó consagrado Ryzard Kapuscinski, corresponsal de guerra polaco, en su libro Los cínicos no sirven para este oficio. Ser periodista implica la labor adicional de cargar con deberes éticos y morales. Cuando un periodista es buena persona intenta comprender a los demás: es empático.

Esta máxima del periodismo es recordada por Jon Lee Anderson, reportero de la revista The New Yorker, corresponsal de guerra y miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo, al señalar enfáticamente que la labor de cualquier reportero de guerra es actuar como ser humano –ayudar y socorrer– antes que como un periodista que solo está en el lugar de los hechos para tomar una fotografía o realizar una nota. 

En entrevista con la Red Ética de la Fundación Gabo, Anderson se refiere a los dilemas éticos a los que se enfrenta un corresponsal de guerra. Expone anécdotas de pasados cubrimientos y habla de la independencia periodística y las dificultades para cubrir la guerra Rusia-Ucrania. Cita la sinceridad como el camino que mantendrá el balance cuando el periodista está en medio de una penumbra de hostilidades y confusiones, y subraya la necesidad de una correcta utilización del lenguaje, invitando a los reporteros a elegir con cuidado las palabras que usan, en especial, cuando de estas dependen la vida de las personas. 

 Red Ética (RE): ¿Cuáles son los dilemas éticos más frecuentes a la hora de cubrir una guerra o conflicto? 

Jon Lee Anderson (JLA):  La ética es una de las cosas más importantes para cualquier periodista que cubre un conflicto o reportea una guerra, ya que no hay un manual ético. Quizás debería haber uno que prepare a un reportero ante las múltiples eventualidades e impasses morales y éticos con los que se puede encontrar en un campo de guerra o conflicto. Uno de estos dilemas es cuando estás ante una situación de emergencia y debes decidir entre el deber de un reportero y el de un ser humano o ciudadano común. Si solo te quedas mirando, observando y tomando notas o sacando fotos. Lo menciono porque es el más común y muchos periodistas jóvenes que se encuentran ante una situación así no se dan cuenta, sino hasta tiempo después, de que no han reaccionado bien. Se supone que están ahí para un oficio y para realizar un trabajo.

Algunos periodistas son muy ambiciosos: solo están ahí para sacar la foto y tener la nota. Creo que no se debe operar así. Primero está el deber de uno como ser humano: ayudar y socorrer a una persona en una situación de emergencia. Eso prima ante cualquier otra consideración. Para ti es una historia, pero estás en la realidad y tú no eres propietario de ella; eres uno más. Entonces te toca a veces intervenir. 

Esto no es como asistir a un juego de baloncesto. Si estás presenciando un incendio en una casa y sabes que hay una diferencia entre halar a alguien por el brazo y sacarlo del incendio, o simplemente observar mientras se quema, tienes el deber de sacarlo por el brazo. Punto. Lo mismo pasa si uno está en la playa y ve a alguien ahogarse. Hay cierto riesgo para uno, pero ¿acaso quieres vivir contigo mismo después de no haber ayudado? Soy muy vehemente en esto porque he visto de todo. Esta sería una primera lección; es más: la subrayaría como la máxima principal que hay que tener en cuenta. 

RE: ¿Qué pasa cuando el periodista está  ante situaciones que implican un riesgo mayor? ¿Aún en esos casos debería primar su intervención para ayudar?

JLA: El periodismo de guerra te pone en un plano o terreno donde el dilema moral está mucho más presente, y tienes que estar filosófica, moral y éticamente preparado para eso. Hay gente que no está dispuesta a enfrentar estas vicisitudes y a hacer su trabajo a la vez. No es para todo el mundo, así como ser bombero no es para todo el mundo. Eso también es muy bueno saberlo pronto. Muchos jóvenes piensan que el trabajo de cubrir una guerra o ser corresponsal de guerra tiene glamour. Hay toda una tradición literaria y periodística que consagra eso como un el reino del glamour y aventura; y yo no digo que no haya momentos así, pero no es glamouroso. El día que ves lo que le hace una bala a la cabeza, a la cara de una persona, cómo la revienta como a una sandía, te vas a dar cuenta que la muerte no tiene ningún glamour. 

RE: Suena terrible, pero hay hechos dramáticos que de cierta forma emocionan a los periodistas porque tienen una buena historia o primicia de un hecho catastrófico. Por el contrario, a veces pueden ‘romperse’ emocionalmente al ver hechos atroces y no ser capaz de terminar la historia o deciden no publicar por la inseguridad a la que podrían estar expuestos.  ¿Cuál es el deber moral del reportero en estos casos? 

JLA: Te pondré un ejemplo: llegas a un pueblo en el que han violado mujeres,  matado gente y estás entrevistando a los sobrevivientes. Primero tienes que estar consciente de que, por más que sea una cosa que se haya hecho casi en público, estamos hablando de algo que ha sido un trauma terrible en la vida de esta gente. Uno tiene que demostrar sensibilidad humana, aunque ya estén fuera de peligro, y no tratarlos como alguien que te va a dar a ti una primicia. Puedes emocionarte con el hecho de que estás ahí y estás viendo algo dramático, pero para ellos es la pesadilla de sus vidas. Entonces, otra vez: esto no es para todo el mundo. 

Tienes un deber moral mucho más grande si has entrevistado a esta gente y si has visto lo que sucedió; es tu deber publicarlo, por más que te cueste o si no tienes un buen medio donde publicarlo o pone en inseguridad tu integridad física. Son muchos deberes que uno va acumulando. Todavía esa gente está en peligro. Al haber intervenido en el escenario, ya eres alguien que, quieras o no, eres parte de de sus salvación o puedes ser parte. Esto tampoco está en un manual. Nos dicen que hay que mantenerse neutral e imparcial y que no eres parte de la historia, pero si estás con gente que necesita tu ayuda, es tu obligación moral socorrerlos y punto. 

RE: Con todo lo que se puede vivir durante una guerra y, teniendo en cuenta que el periodista se implica en la situación, los corresponsales de guerra pueden estar expuestos a traumas ¿Tú, que has cubierto varias guerras, cómo has afrontado las lesiones psicológicas que deja el cubrimiento de un conflicto?

JLA: Yo nunca he padecido de eso, y toco madera. He pasado por etapas en las que me doy cuenta después que he estado deprimido o que me he sentido en una oscuridad interior. Intuitivamente he cambiado mi comportamiento, he dejado de ir  a una zona de guerra que se haya vuelto muy tétrica, porque si uno se rodea demasiado de la muerte, esta empieza a poseerlo: la muerte empieza a convivir con uno desde adentro. Me ha pasado en varias etapas y yo me he distanciado de la guerra, pero muy intuitivamente. Quizás primitivamente he dejado de ir a ese sitio y he buscado otras cosas y quizás es lo que me ha salvado a mí de no tener esos traumas. Pero ojo, todo tiene sus consecuencias: si te metes en un incendio te vas  a quemar; si eres chofer de autos y te gusta ir rápido, en algún momento te vas chocar; y si vas mucho a la guerra, te vas a lastimar. Quizás no físicamente pero psíquicamente. Yo reconozco eso y digo que son gajes del oficio y hay que aceptarlos. 

RE: También los periodistas pueden verse influenciados por sentimientos nacionalistas. ¿Se puede ser independiente cuando cubres una guerra en la que participa tu país? 

JLA: Es muy difícil. Mira, a mí me ha tocado ser norteamericano en países donde mi país está peleando. Me ha tocado y no es fácil, pero hay que hacerlo. Cuando Estados Unidos decidió bombardear a Bagdad (Irak), yo me quedé en Bagdad. Fui bombardeado por mis paisanos o vi cómo mis paisanos bombardearon la ciudad. Menos mal fui aceptado por los iraquíes. En Afganistán y en Irak anduve entre iraquíes, no enquistado con la tropa norteamericana. Pero hay toda una generación nueva de periodistas que solo conocen la experiencia de estar enquistado, es decir, de estar con las tropas de tu país. Y no digo que no se puede sacar buen periodismo de eso, pero estás cubriendo solo un lado y, si bien pueden todavía hacer periodismo independiente así, es mucho más difícil y la tendencia siempre es compadecerse y simpatizar con la gente a la que uno es más afín: tus propios conciudadanos, en un país en el que culturalmente y lingüísticamente te es ajeno. La gente que te está disparando a lo mejor tú no la llamas enemigos; son los enemigos de tus conciudadanos que te están protegiendo a ti. Es natural que sientas empatía por quienes te salvan la vida. La tendencia es que tú termines identificándote más con los que te están protegiendo que con los que te están disparando (risa). Claro, es un problema ético mayor y muy actual.

RE: En el caso de una guerra como la de Rusia y Ucrania, ¿qué tan difícil sería para un periodista cubrir esta guerra sin que se asomen sentimientos nacionalistas?

No sé si hay periodistas rusos cubriendo desde Kiev (Ucrania) lo que está haciendo (Vladimir) Putin, pero creo que estarían en peligro porque la hostilidad al ruso en estos días es naturalmente muy grande. Puede que haya. La otra salvedad es que Ucrania es un país muy afín a Rusia y hay muchos ucranianos que hablan ruso y hay rusos étnicos dentro de Ucrania, que no necesariamente están con Putin. Son relaciones de ambivalencias y contradicciones que están presentes en el conflicto actual y me imagino que, de acuerdo a la ciudad, hay diferentes experiencias. Hay sospechas y lealtades divididas, y en otros lugares han logrado una compenetración más plena y no es un problema. Las enemistades sectarias y nacionales van a agudizarse y eso lo hace más difícil para los periodistas de ambos lados. 

Si yo fuese un periodista ucraniano encontraría muy difícil separar mis sentimientos ucranianos de lo que estoy viendo y presenciando. Y ante el hecho de que mis parientes estén tan vulnerables a las bombas de los rusos como cualquier otra persona, difícilmente podría ser imparcial. Puede que lo logre, pero no es fácil. 

RE: ¿Y sería una falta a la ética no separar esos sentimientos patrióticos o nacionalistas, en el caso de los ucranianos?

JLA: No. En el país de uno es la excepción. Una cosa es intentar ser justo, aunque no sea imparcial, y plasmar lo que uno ve y entiende de primera mano, lo que uno ve y escucha, plasmarlo con sinceridad. Yo creo que es lo mínimo que uno tiene que hacer como periodista. 

Aunque, en la práctica es difícil, porque si uno es periodista y te dejan entrar a Kiev y estar en una zona militar, te pueden pedir no revelar ciertas cosas. Ahí hay un lío ético que se multiplica cuando estás en una zona de guerra. Te dicen que no describas la zona donde estas porque los rusos pueden tirar artillería acá. Tienes un deber ahora moral, además de legal con el ejército que te ha dejado entrar a una zona. 

Pero ¿qué haces si vas por un callejón y ves a soldados golpeando y disparando a alguien, aunque sea un preso ruso? ¿Lo censuras? ¿No lo revelas porque sabes que al hacerlo se van enojar contigo y no te van dejar entrar de nuevo en la zona o lo publicas porque es tu deber? Ahí hay otro dilema ético y moral con que uno tiene que lidiar, todas esas cosas ocurren.

RE: De cierta forma no revelar sería censura, aunque al tiempo callar te está permitiendo obtener más datos para seguir contando otros aspectos de la guerra. ¿Se podría aceptar la censura en estos casos? 

 JLA: Cuando tu aceptas la censura tienes que medir qué tipo de censura es. La censura puede ser momentánea, y en este momento la hay en Ucrania. Todos los que están ahí deberían decirlo: que están en un sitio que no pueden describir por la censura de las autoridades militares, y tú como lector o televidente aceptas eso a cambio de entender que tu interlocutor es sincero y te está tratando de plasmar una realidad que es honesta, aunque sí, parcialmente encubierta por razones de seguridad. 

Esa es solo una parte del lío. Muchos periodistas de otros países que no hablan ni ruso ni ucraniano andan con traductores que son de ahí y esperan que estos traduzcan con honestidad. Pero no es un mundo perfecto y te das cuenta de ello con la experiencia. He estado en otros países con traductores de los que llegué a desconfiar y entonces he tenido que recurrir  a otro o  verificar lo que me han dicho con una grabación para estar seguro de que me tradujeron bien. Eso es por intuición, instinto y olfato; no es de manual o de escuela. También si llegas a un sitio y los militares ucranianos te dicen que allá están matando a los abuelos, si a ti no te consta, no puedes reportearlo así no más. Tienes que poner en contexto al lector: decirle que en la guerra hay desinformación, que hay una guerra psicológica y que hay información que no se puede esclarecer, que se están acusando mutuamente y tienes que contextualizar para que tu audiencia sepa que estás en medio de la penumbra. 

RE: Y si el periodista decide autocensurarse momentáneamente, pero después tiene la oportunidad de decir lo que vio y no lo publica, ¿sería una falla ética?

JLA: Es una falta y sucede mucho. Hay los que se compenetran tanto con sus anfitriones uniformados que no se dan cuenta hasta después de que lo que vieron eran crímenes de guerra. Tengo un amigo de cuando estaba en Bagdad, que llegó allí con tropas norteamericanas, y el primer día que nos vimos me dijo que dos días antes una tropa detuvo en la carretera un vehículo lleno de civiles y se los ‘fumaron’ porque no se detuvieron. Mucho de eso pasó: los ‘encendieron’, los quemaron. Era una locura llegando a Bagdad, mataron a todo lo que se movía. Hubo soldados que dispararon a familias que estaban escapando y que no entendieron las señales de detenerse, y muchos periodistas lo vieron. Algunos lo documentaron y otros  no. Eso es lo que llaman la neblina de la guerra: muchas atrocidades ocurren y después es que se dan cuenta de lo que ocurrió. Los periodistas enquistados con tropas son los más propensos a convivir y, por ende, corren el riesgo de encubrir actos así. En algunos casos, les duele y les atormenta después y es lo que hace que pierdan los estribos.

RE: Sobre el lenguaje que hay que usar, ¿cuál es el término más apropiado para referirse a lo que está ocurriendo con Rusia y Ucrania? ¿Guerra, conflicto bélico, invasión?

JLA: Putin lo ha calificado como una operación militar especial y en Rusia hay un decreto de ley que criminaliza hasta por 15 años de prisión a cualquiera que lo describa como otra forma, ya sea como guerra o invasión. Este es un decreto de un tirano, porque obvio que lo que ha hecho Rusia es invadir bélicamente y ha empezado una guerra en un país vecino. Era una invasión y ya es una guerra. No es una convulsión estatal; es una guerra. 

RE: Ese caso me recuerda a Colombia,  cuando el presidente actual dijo que no había masacres, sino homicidios colectivos. ¿Cuándo un periodista disfraza la realidad con lenguaje oficialista está cometiendo una falta ética?

JLA: Así es. Es parecido a lo que dijo Putin y eso lo hacen para restarle responsabilidad moral al Estado. Una masacre es un término policial y clínico que está definido mundialmente. Debemos llamar las cosas por lo que son. Es como cuando llaman terroristas a todas las guerrillas. En Colombia, por ejemplo, bajo el gobierno de Álvaro Uribe funcionó muy bien; después la población lo repetía y los anunciantes de la televisión también. Pero una cosa es un guerrillero y otra un terrorista. Hay grupos guerrilleros que cometen actos terroristas; eso es diferente. Una cosa es poner una bomba en una calle donde hay civiles –eso es terrorismo– y, aunque nos duela, disparar o hacer una emboscada a un vehículo lleno de soldados es un acto de guerra. Siempre dolerá la muerte de estos jóvenes, pero hay que tener muy claro como gremio cuáles son las definiciones y en unanimidad aceptar tales términos para hacernos fuertes como periodistas ante los esfuerzos de los bandos en conflicto, para no volvernos instrumentos de su violencia. 

RE: ¿Qué recomendación daría para el cubrimiento de la guerra Rusia-  Ucrania?

Hay que ser balanceado; pero ojo: hay un agresor mayor y es Rusia. Aunque a ellos les duela, lo que uno va a terminar reporteando es la persecución de Ucrania por Rusia, en gran medida. A lo mejor tratarás de mostrar que no todo es bonito del lado ucraniano, pero ahí hay un dilema ético: ¿vas a alimentar la propaganda de Putin? ¿Vas a ayudar a la maquinaria de guerra de Putin? Es un campo minado y no hay muy buenas formas de proceder. Eso hay que tenerlo presente y cuestionar lo que uno ve y escucha, y hay que escoger cuidadosamente las palabras, porque pueden costar vidas. 

©Fundación Gabo 2022 - Todos los derechos reservados.