Charlie Hebdo: tres preguntas de ética periodística surgidas tras los atentados
15 de Enero de 2016

Charlie Hebdo: tres preguntas de ética periodística surgidas tras los atentados

A un año de estos atentados, recopilamos a continuación las tres preguntas que el maestro Javier Darío Restrepo respondió durante 2015 en el Consultorio Ético de la FNPI, a propósito de los lamentables hechos en París.
Fotografía: Valentina Calá en Flickr / Usada bajo licencia Creative Commons.
Red Ética FNPI

Este jueves 7 de enero se cumple un año de la masacre cometida por terroristas encapuchados en contra del semanario satírico francés Charlie Hebdo, hecho que generó el repudio por parte de periodistas y medios de comunicación de todo el mundo hacia quienes quieren ejercer la violencia para apagar la libertad de prensa y de expresión.

Ante lo sucedido, el maestro de la FNPI Miguel Ángel Bastenier destacó que los atentados no iban en contra solamente de la revista humorística francesa, sino en general contra la libertad de expresión, la cual es un bien supremo. Bastenier coincidió con el también maestro de la FNPI Jean-François Fogel, quien señaló que los atentados no estaban dirigidos solamente contra el periodismo.

Los atentados también generaron numerosas reflexiones y debates sobre los límites de la libertad de expresión y la función social de la caricatura política. A un año de estos atentados, recopilamos a continuación las tres preguntas que el maestro Javier Darío Restrepo respondió durante 2015 en el Consultorio Ético de la FNPI, a propósito de los lamentables hechos en París.

1. ¿Considera usted que se abusa de la libertad de expresión en el semanario Charlie’s Hebdo?

Pregunta de Gemma Moscoso, estudiante de periodismo en Lima, Perú.

R.- Cuando se presentan abusos de la libertad de expresión suele suceder que el concepto de libertad es incompleto o equivocado.

El caso más frecuente es el de quien entiende la libertad como la facultad de hacer lo que uno quiere sin que nadie se lo impida. En consecuencia, se pretende que la libertad de expresión dé luz verde para escribir o decir lo que uno quiera: injurias, calumnias, mentiras o atentados contra el honor y buen nombre de las personas. Se piensa que la libertad da derechos absolutos para los que no existe limitación alguna

Ocurre, sin embargo, que no hay derechos absolutos y que el derecho propio llega hasta donde comienza el derecho de los demás. Esta expresión se le debe a Benito Juárez y con ella se ratifica una definición de la libertad como la facultad de hacer lo que uno debe hacer, sin que nadie se lo impida. No es el capricho personal el que define las acciones de los seres libres, sino el deber; no se protege como derecho el quehacer caprichoso de los humanos, sino su capacidad para dar cumplimiento a sus deberes.

No se escribe, caricaturiza o fotografía lo que uno quiera y como lo quiera en ejercicio de la libertad, sino lo que uno tiene el deber de comunicar.

Documentación

No hay ética sin libertad. Aún dentro de una concepción determinista hay ética propiamente dicha porque no hay un determinismo absoluto, porque implícitamente está presente la libertad, o sea, la capacidad de opción, de valoración, y de decisión; porque existen alternativas y posibilidades abiertas; porque la realidad ética es obra del esfuerzo y la lucha, del empeño y la acción constantes y voluntariamente asumidos.

Un mundo indiferente y descualificado no es mundo en sentido estricto. Es innegable que la condición libre del hombre ha sido radicalmente cuestionada. La libertad es problema, es, incluso, el problema fundamental de nuestro saber del hombre y de nuestro hacer; pues a pesar de que parecería que son preguntas resueltas, se plantean de nuevo y con nueva urgencia las viejas preguntas: ¿qué es realmente la libertad?¿Consiste en una pura indeterminación, en una completa espontaneidad o gratuidad? ¿Rompe la libertad el encadenamiento natural?

Parece indudable que la libertad implica indeterminación y espontaneidad y que estas no caben dentro de un régimen de pura causalidad necesaria o determinista, que es la que con frecuencia se ha creído prevalece en la totalidad de la naturaleza.

Juliana González: Ética y Libertad. Fondo de cultura económica, México 2001, páginas 9 y 10.

2. A propósito de Charlie Hebdo, ¿cuáles son los límites éticos de la libertad de expresión? ¿Se puede ofender o blasfemar en nombre de ese derecho?

Consulta de Andrés Gómez, periodista independiente de Cali, Colombia.

R.- Entre los pensamientos más recordados de Benito Juárez está el que señala el límite de las libertades y derechos, que terminan donde comienza el derecho ajeno. Es un límite que no señala ley alguna porque lo traza la conciencia de cada uno, guiada por su sensibilidad y apertura hacia el otro.

Es explicable el rechazo a la posibilidad de que se les fijen límites a libertades como la de expresión e información, cuando se da por aceptado que ser libre es hacer lo que uno quiera; una idea distinta de la otra: ser libre es hacer lo que uno debe hacer sin que nadie se lo impida. En la primera, el capricho personal adquiere carta blanca; en la segunda el sujeto del derecho se guía por su relación con el otro.

La libertad de expresión que elimina todos los obstáculos para decir o escribir lo que uno quiera resulta tan absurda como la que pretendía tener un taxista que reaccionó cuando su pasajero le pidió apagar el cigarrillo que acababa de encender: “estoy en mi taxi y aquí hago lo que me dé la gana y lo echo a usted si me da la gana”. Los periodistas que reprodujeron y rechazaron la escena, pueden estar defendiendo su libertad sin límites sin caer en la cuenta de su cercanía al taxista en cuestión. Tanto el taxista como el periodista son servidores públicos; el taxi es de servicio público, lo mismo que la información y el medio de comunicación que, aunque propiedades personales, están al servicio del público, lo que impide que puedan ponerse al servicio particular del taxista o del periodista.

Esos derechos del otro, que señalan los límites de la libertad, imponen el respeto por el otro que implica deberes tan elementales como no hacerle daño, tratarlo como a persona, no ofenderlo.
Se comprende así en el caso del taxista, pero no aparece tan obvio en el caso del periodista que maneja un bien social, que es la información, y presta un servicio social.
La información del periodista es para el receptor, por tanto tiene en cuenta las necesidades del receptor y, desde luego, sus derechos. Tiene derecho a que le digan la verdad, a que se respete su intimidad, a no ser ofendido.

Esto no obsta para que se controviertan sus ideas, se sometan a crítica sus creencias, con razonamientos, con humos, con fantasías, recursos estos que descartan la burla y la ofensa.Es una afirmación elemental pero indispensable: no existe ni el derecho, ni la libertad para ofender, ni para hacer daño a las personas.

Documentación

En los seis años que llevo escribiendo jamás me han censurado una coma. Por ello y porque como anarquista soy un defensor a ultranza de las libertades, me ha generado un profundo dolor lo ocurrido en Charlie Hebdo.

Me es muy difícil aceptar que la libertad y más la libertad de expresión, tenga límites. Pero los tienen, o por lo menos los tienen para mi. Mis libertades terminan cuando su ejercicio afecta negativamente las del prójimo. No me atrevería a sugerir censura alguna, de ningún tipo, a la libertad de expresión. Pero yo, personalmente, sé que mi propia libertad sí tiene límites y que no puedo decir ni escribir lo que me venga en gana. Como anarquista sé que mi libertad ha de ser ejercida responsablemente y que mi derecho llega hasta donde empieza el de los otros.

La masacre contra Charlie Hebdo es injustificable, pero tampoco valida lo realizado en estos años por esa revista. Porque así como nada, absolutamente nada, justifica la masacre, nada justifica el burlarse y mancillar aquello que es sagrado para mil y para miles de personas en el mundo. Así como es sagrada la vida, también lo es respetar las creencias del otro, por muy absurdas que a uno puedan parecerle.

En el centro de todo, en el ojo de la tormenta, una idea flota pero ya no la comprendemos, ya no sabemos lo que significa y nos asusta, nos fastidia pues la creíamos superada. Pero esa palabra que ya nadie usa es base del respeto y la convivencia en estos tiempos de ruido, de confusión. En esta torre de Babel de la edad de las comunicaciones la palabra clave, creo yo, es compasión. La compasión no es otra cosa que la capacidad de sentir empatía por los otros, de tratar de ponerse en la piel ajena. Y ¿por qué ha de hacerse? Por las infinitas veces en que hemos deseado que otros hiciesen lo mismo por nosotros. Porque la compasión es la madre del respeto por la experiencia de la vida ajena, porque es la forma cómo podemos medirnos y autorregularnos frente a los demás.

Pero quizás la pregunta más importante no es ¿cuáles son los límites de la libertad de expresión?, sino ¿quién ha de impone dichos límites y de qué dependen? Creo que dependen de nosotros mismos, los columnistas, caricaturistas, locutores, actores, periodistas, editores y en general aquellos que usamos este gran poder de los medios y a quienes nadie controla. La verdad es que no siempre lo hacemos con responsabilidad, pues aún cometiendo errores, somos incapaces de dar ejemplo y reconsiderar, parar y, de ser necesario rectificar.

Julián López de Mesa: Los límites de la libertad. Columna en El Espectador del 15-01-15

 

3. Siento que después de los atentados terroristas de extremistas musulmanes los medios tienden a generalizar y extremar la musulmanofobia contra el pueblo árabe. ¿Qué hacer para que no sea así?

Pregunta de Samir Mondragón, estudiante de comunicación en Maicao, Colombia. 

R.-La ética periodística busca la creación de actitudes con las que el periodista pueda llegar a la excelencia profesional. Esas actitudes incluyen, por ejemplo, el rigor en materia de exactitud.

La islamofobia mencionada en la consulta como resultado de informaciones periodísticas tiene que ver con el escaso o ningún rigor al buscar y difundir la verdad de unos hechos y prueba los daños que produce un informador ignorante.

De esto se quejan los conocedores para quienes el asesinato de los caricaturistas de Charlie Hebdo es un acto de guerra que corresponde a otros actos de guerra.

Esta afirmación, enmarcada en un contexto histórico, da una visión distinta del “acto terrorista” así llamado en la información occidental que parece ignorar lo que Jeffrey Sachs, profesor de la Universidad de Columbia y asesor del secretario general de las Naciones Unidas, describe como un “siglo de destrucción de vidas humanas en Oriente como si nada”. Respalda su afirmación este profesor en hechos como estos: invasión de Estados Unidos a Irak en 2003 con 100.000 civiles muertos; la guerra civil de Siria impulsada por Estados Unidos y Arabia Saudita: 200.000 sirios muertos; mucho antes, el Reino Unido, Francia y Estados Unidos “organizaban golpes de Estado, grandes operaciones encubiertas en el Medio Oriente; además, Estados Unidos mantiene más de 20 bases militares en seis países de la región; son acciones que los islamistas  terroristas “ven injustificados” agregan el profesor de Columbia.

Cada vez que la prensa occidental hace sus llamados a la islamofobia ignora estos hechos y desconoce su deber de informarse bien antes de emitir conclusiones y consignas. Más que de odio, son mensajes de ignorancia de quienes debieran informarse antes de informar.

¿Qué hacer? Desde la universidad se hace necesaria la creación de una conciencia de respeto y amor por las diferencias, y de la obligación de informarse bien como disposición necesaria para trabajar las noticias.

Documentación

El problema es también el Islam que nos hemos inventado. Creo que los que solemos escribir sobre el Islam, los opinadores debemos ser mejores conocedores del tema, como un deber ético para con los lectores y para con los creyentes.

Un invento es que el Islam es, por definición, violento. La palabra tiene el mismo origen de la palabra salam que significa paz.

Y musulmán es el que practica el islam, sometido a sus normas, a la religión que expandió Mohamed por el mundo. Ese sometimiento es a su fe. Puede resultar ofensivo traducir Mohamed como Mahoma ya que sus seguidores prefieren el nombre original y lo mismo aplica para Allah, Dios en árabe, que no lo traducen.

Pero eso no significa que el Dios de los árabes se llame Allah, como nadie diría que el Dios de los estadounidenses se llama God. Además no todos los árabes son musulmanes ni todos los musulmanes son árabes.

La expresión Allahu Akbar que traduce Dios es el más grande, la he oído de labios musulmanes ante casi cualquier cosa. Su uso no es necesariamente confesional. Lo difícil es indagar antes de concluir, explorar lo que ellos entienden por islam, sin imponer lo que nosotros deducimos. Por ejemplo, no existen los mahometanos: los musulmanes no adoran a su profeta sino solo a Dios (diferente de los cristianos). Y como la prensa debe hablar también a los especialistas, qué poca credibilidad genera un texto que empiece hablando de los mahometanos.

Víctor de Currea-Lugo en Traduciendo el islam. El Espectador, 12 de enero de 2015. Página 31.

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Si usted tiene preguntas para nuestro Consultorio Ético, puede formularlas aquí para que sean respondidas a la mayor brevedad por el maestro Javier Darío Restrepo.

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