París y las intenciones ocultas de los medios: clima, sostenibilidad y responsabilidad empresarial
28 de Septiembre de 2015

París y las intenciones ocultas de los medios: clima, sostenibilidad y responsabilidad empresarial

¿Está los medios esperando a que entren en vigor las directrices que elabore el Estado, o están adoptando desde ahora mismo prácticas de responsabilidad empresarial en respuesta al agravamiento de la crisis climática mundial?
París / Por Fabricio Sziami en Flickr / Usada bajo licencia Creative Commons
Veet Vivarta

Cuando faltan menos de tres meses para la Cumbre sobre el Clima de la ONU en París, uno de los objetivos prioritarios de los periodistas de América Latina sigue siendo investigar si sus gobiernos están seriamente comprometidos a realizar un verdadero esfuerzo por lograr un amplio acuerdo global. 

Sin embargo, y a pesar de que el espectro de cobertura de las noticias relacionadas con la COP21 es muy amplio, los grupos de comunicación de la región tienen un reto de otro cariz: ¿Están implementando medidas para disminuir el impacto ambiental desde el punto de vista de su gestión empresarial?

Incluso teniendo en cuenta la tendencia hacia la agudización de la crisis económico-financiera internacional –pues no hay que olvidar que fue precisamente un capítulo anterior de este drama el causante casi principal del incumplimiento de las expectativas que había generado la Cumbre de Copenhague, COP15–, todo parece indicar que el planeta ya no corre el riesgo de que se repita un fracaso de las proporciones del registrado hace seis años.

No obstante, desde el punto de vista de las salas de redacción, este panorama más optimista no es razón para descuidar los diversos aspectos de las negociaciones que siguen en curso en estos momentos, pues tan cruciales para la consolidación de un pacto mundial efectivo como los debates que se extenderán durante quince días en París y que, como suele suceder, vendrán cargados de emoción y suspense.

Por ese lado, las próximas semanas se avizoran como muy interesantes para los equipos de redacción. El 1 de octubre se vence el plazo para que cada uno de los casi doscientos países que participan en la negociación envíe a la secretaría de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático el documento con sus metas para 2030 de reducción de gases de efecto invernadero, conocido como Contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional (siglas en inglés: INDC). El hecho de que países clave, como son Estados Unidos, China, India y el bloque de la Unión Europea, estén dando señales de que van a anunciar firmes compromisos de reducción de sus emisiones ejerce presión sobre los de Latinoamérica.

El elemento crítico, como se sabe, es que la implementación de cualquier propuesta mínimamente sólida que se presente a la comunidad internacional representará impactos de fondo en la economía. Es decir, que son innumerables los actores actualmente implicados, en cada país, en agrias disputas acerca de la definición de estas metas. Y para muchos de ellos su principal interés radica en impedir que se formulen objetivos muy ambiciosos.

En el caso de América Latina merece especial atención el hecho de que el combate a la desforestación, a pesar de seguir constituyendo un objetivo prioritario para los países, ya no podrá representar su principal contribución a la mitigación del calentamiento global.  Fruto precisamente del éxito de las iniciativas de protección de la Amazonia que se han efectuado en los últimos años, esos países están obligados ahora a desarrollar otras medidas conducentes a reducir sus índices de emisión de gases invernadero, con lo que el foco se amplía hasta abarcar a sectores como el energético, el agropecuario, el industrial, el de la construcción y el de transporte, por nombrar algunos. Para resumir: las políticas de lucha contra el cambio climático diseñadas por los gobiernos latinoamericanos exigirán una participación cada vez más activa del sector privado.

De la redacción a la dirección

Es muy probable que a los periodistas acostumbrados a escarbar bajo la superficie de los discursos oficialistas les encante que se comente este abanico de cuestiones. Pero no se puede olvidar que esa agenda temática a su vez presenta unas exigencias muy concretas a los directores de los grupos de comunicación.

La pregunta que debe hacerse un observador que pretende detectar si una compañía tiene una visión estratégica y una postura coherente es muy simple: ¿Está esperando a que entren en vigor las directrices que elabore el Estado, o están adoptando desde ahora mismo prácticas de responsabilidad empresarial en respuesta al agravamiento de la crisis climática mundial?

Algo que menoscaba la imagen de los principales conglomerados de medios de información de la región es el hecho de que este tema no es exactamente nuevo. En el contexto del movimiento internacional que busca impulsar una acción social y ambientalmente responsable por parte del sector privado, este debate lleva ya medio siglo en marcha. Desde el inicio del nuevo milenio en particular, esas cuestiones forman parte de diversas herramientas que ofrecen a las empresas de comunicación parámetros sólidos para la construcción de sus políticas de sostenibilidad. Cabe mencionar tres excelentes muestras:

Los indicadores estructurados por GRI, que constituyen el aporte más reciente, son un buen ejemplo del tipo de investigación interna que debe adoptar cualquier grupo interesado en avanzar eficientemente en la implementación de principios de sostenibilidad que tomen en cuenta el desafío climático. En el capítulo sobre el medio ambiente del Suplemento para o Setor de Mídia se encuentran cuestiones de este tipo:

  • ¿Cuánta energía, y de qué fuentes, consume la empresa para elaborar sus productos?
  • ¿Qué cantidad y qué tipo de materiales (papel, plásticos, tintas, etc.) se utilizan en el proceso de producción y distribución de contenidos?
  • ¿Qué cantidad de emisiones –directas e indirectas— de gases invernadero se generan en el proceso de producción y distribución de contenidos?
  • ¿La empresa está desarrollando iniciativas para mitigar los impactos ambientales generados por sus productos y servicios? ¿Cómo maneja los residuos resultantes de los diversos procesos de producción?

No pretendemos afirmar que se trate de un proceso simple. Ese tipo de medidas exigen una planificación estratégica a largo plazo y una firme voluntad institucional desde lo más alto de la jerarquía de la empresa. Por otra parte, y tal como sucede en tantos otros aspectos relacionados con la responsabilidad socioambiental de los grupos de comunicación, también en esta cuestión de la agenda climática hace mucho tiempo que perdió validez la excusa de que se está esperando a que se invente la rueda. Lo que está en debate es la decisión de poner en práctica metodologías de evaluación de desempeño que ya se han desarrollado, experimentado y aprobado en el contexto internacional.

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Para más información

En el documento Una nueva ruta empresarial hacia el periodismo de calidad – La autoevaluación como estrategia para asegurar la credibilidad de los productos informativos y una gestión sostenible, —publicado por la FNPI en colaboración con Sura, en el ámbito de la Red Ética Segura–, encontrarán una introducción objetiva y de fácil manejo a los principios más relevantes del Suplemento para o Setor de Mídia de GRI.

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PORTUGUÊS VERSÃO ORIGINAL

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Paris e a agenda da mídia: clima, sustentabilidade e responsabilidade empresarial

Faltando cerca de três meses para o inicio da Conferencia do Clima das Nações Unidas (COP21), em Paris, segue como prioridade para os jornalistas a missão de investigar se os governos da América Latina estão seriamente comprometidos em contribuir com o esforço por um amplo acordo global.

Mas por mais abrangente que venha a ser a cobertura relacionada à COP21, um outro desafio permanecerá colocado para os grupos de comunicação da região: do ponto de vista da gestão empresarial, estão implementando medidas capazes de diminuir o impacto ambiental de seu negócio?

Mesmo com a tendência de agravamento da crise financeira internacional –  não podemos esquecer que um dos capítulos anteriores desse drama esteve entre os principais vetores responsáveis pela frustração das expectativas colocadas em Copenhagen (COP15) –, ao que tudo indica o planeta não mais corre o risco de que se repita um fracasso das proporções daquele registrado seis anos atrás.

Do ponto de vistas das redações, esse cenário mais otimista não significa, entretanto, que se possa negligenciar os diversos aspectos da negociação que ainda estão em curso neste momento – os quais são tão relevantes para a consolidação de um efetivo pacto mundial quanto os debates, sempre carregados de fortes doses de emoção e suspense, que se estenderão pelas duas semanas do encontro, em Paris.

Nesse trajeto, as próximas semanas tem tudo para mobilizar o foco das redações. No primeiro dia de outubro vence o prazo para que cada uma das quase 200 nações envolvidas na negociação envie à secretaria da Convenção Quadro do Clima da ONU o documento com suas metas de redução gases de efeito estufa (GEE) para 2030, conhecidas como Contribuições Pretendidas Nacionalmente Determinadas (INDC, na sigla em inglês). Coloca pressão sobre o continente latino-americano o fato de que países chave nesse jogo, como Estados Unidos, China, Índia e o bloco da União Europeia, vêm dando sinais de que irão anunciar compromissos consistentes de redução de suas emissões.

O ponto crítico, como bem se sabe, é que a implementação de qualquer proposta minimamente robusta apresentada à comunidade internacional envolverá impactos de fundo econômico. Ou seja, não são poucos os atores que estão envolvidos, no âmbito de cada país, em acirradas disputas pela definição dessas metas – e, para muitos deles, o principal interesse está em minar a construção de objetivos mais ambiciosos.

No caso da América Latina, merece especial atenção o dado de que o combate ao desmatamento, apesar de seguir como prioridade de um grupo significativo de nações, não mais poderá representar seu principal meio de contribuir para o enfrentamento do aquecimento global. Precisamente em função do êxito de iniciativas de proteção à Amazônia operadas ao longo dos últimos anos, esses países serão obrigados a acelerar o desenvolvimento de outras medidas capazes de reduzir seus índices de emissões de GEE, ampliando o foco para áreas como matriz energética, agropecuária, indústria, construção e transporte, por exemplo. Em resumo, as políticas de combate às mudanças climáticas desenhadas pelos governos latino-americanos virão, cada vez mais, a exigir a participação ativa do setor privado.

Da redação à direção

O conjunto desses assuntos provavelmente soa como música para os ouvidos de qualquer jornalista acostumado a escavar abaixo da linha rasa dos discursos oficiais. Mas não podemos esquecer que essa agenda temática acaba colocando uma demanda concreta também para os gestores dos grupos de comunicação.

Para o observador em busca de visão estratégica e coerência no negócio, a pergunta a fazer é simples: estas companhias ficarão aguardando que passem a vigorar as diretrizes regulatórias elaboradas pelo Estado ou estão, desde já, adotando práticas de responsabilidade empresarial capazes de responder ao agravamento da crise climática mundial?

Pesa contra a imagem dos mais importantes grupos de mídia da região o fato do assunto não ser exatamente inédito. No contexto do movimento internacional que busca impulsionar uma atuação social e ambientalmente responsável entre os agentes do setor privado, este debate já contabiliza quase meio século. E, de forma específica, desde o início do novo milênio tais questões integram diversas ferramentas que buscam oferecer às empresas de comunicação parâmetros sólidos para a construção de suas políticas de sustentabilidade. Vale mencionar três ótimos frutos dessa safra:

Mais recente contribuição ao tema, os indicadores estruturados pelo GRI exemplificam bem o tipo de investigação interna que deveria ser adotada por qualquer grupo interessado em avançar com eficiência na implementação de princípios de sustentabilidade que tomem em conta o desafio climático. Na seção ambiental do Suplemento para o Setor de Mídia é possível encontrar questões com o seguinte perfil:

  • Quanta energia – e de que fontes – consome a empresa para elaborar seus produtos?
  • Que quantidade e que tipo de materiais são usados (papel, plásticos, tintas, etc) no processo de produção e distribuição dos conteúdos?
  • Que quantidade de emissões, diretas ou indiretas, de gases de efeito estufa são produzidas no processo de produção e distribuição dos conteúdos?
  • A empresa desenvolve iniciativas para mitigar os impactos ambientais gerados por seus produtos e serviços? Como manejam os resíduos gerados pelos diversos processos de produção?

Ninguém está dizendo que se trata de um processo simples. Tais medidas exigem planejamento estratégico de largo prazo e vontade institucional ancorada no topo da hierarquia da empresa. Mas como acontece com tantos outros aspectos relacionados à responsabilidade socioambiental dos grupos de comunicação, também para a agenda climática há muito tempo perdeu validade a justificativa de que se está esperando inventar a roda. O que se encontra em debate é a decisão de fazer valer metodologias de avaliação de desempenho já desenvolvidas, testadas e aprovadas no contexto internacional.

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Para conhecer mais

Uma introdução objetiva e de fácil manuseio dos princípios mais relevantes do Suplemento para o Setor de Mídia do GRI estão no documento Una nueva ruta empresarial hacia el periodismo de calidad – La autoevaluación como estrategia para asegurar la credibilidad de los productos informativos y una gestión sostenible, publicado pela FNPI em parceria com a Sura, no âmbito da Red Ética Segura.

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