Lo que los medios pueden aprender de la industria de las gaseosas
24 de Mayo de 2016

Lo que los medios pueden aprender de la industria de las gaseosas

Entre los medios de comunicación impera la ley del ‘sálvese quien pueda’.
Fotografía: Pixabay / Usada bajo licencia Creative Commons
Hernán Restrepo

Los principales fabricantes y distribuidores de bebidas gaseosas en Colombia anunciaron la semana pasada que habían llegado a un acuerdo histórico. Para proteger la salud de los niños y niñas, dejarían de venderlas en colegios, además de otras medidas, que buscan ayudar a combatir la epidemia de la obesidad infantil en el país.

El anuncio, criticado desde varios sectores que lo vieron como un ‘pañito de agua tibia’ con el cual la industria de las gaseosas pretende lavarse las manos para evitar así que se aprueben impuestos que limiten el consumo de las bebidas azucaradas, tiene también algunos elementos destacables. Por ejemplo, demostró que empresas que compiten a muerte para lograr sobrevivir en un mundo donde los jóvenes prefieren cada vez más los productos que se presentan como ‘naturales’ y ‘saludables’, pueden ponerse de acuerdo y autorregularse para propender por un mercado más equilibrado y con reglas claras.

De hecho, esa es la gracia de la autorregulación: empresas que son competidoras reconocen qué están haciendo mal y se ponen de acuerdo para enmendar el camino, evitando así que sea el Estado quien tenga que intervenir.

Haciendo un paralelo con la industria de los medios de comunicación, son pocos los ejemplos que puedan encontrarse en Iberoamérica sobre iniciativas exitosas de autorregulación. Por el contrario, entre los medios de comunicación impera la ley del ‘sálvese quien pueda’.

¿Si una industria como la de las gaseosas puede ponerse de acuerdo para autorregularse,  por qué a los medios de comunicación les cuesta tanto tomar medidas para implementar mejores prácticas que redunden en beneficio de todos?

Es necesario en este punto dejar clara la diferencia entre autorregulación y autocensura, pues muchas veces se confunden. Como lo explica el maestro Javier Darío Restrepo en una de sus numerosas respuestas sobre el tema en el Consultorio Ético de la FNPI, “la autorregulación comprende el conjunto de actitudes de disciplina profesional que la persona se impone para hacer un trabajo de calidad. Otra cosa es la autocensura que impone silencios por algún interés personal o por miedo”, responde a la pregunta de un periodista peruano.

Mientras a la prensa en nuestra región la ahoga la autocensura, le falta mucha autorregulación. Y sin autorregulación, los medios de comunicación son difícilmente sostenibles. “Actualmente en Iberoamérica las encuestas han demostrado que cae la confianza en los medios de comunicación. Por esta razón, a los medios no les basta con decir que son independientes. Ahora tienen que dar pruebas de eso”, dijo Geraldinho Vieira al presentar la Ruta de Autoevaluación, un documento que todo empresario de medios debería leer.

Inglaterra puede ser visto como el ejemplo a seguir en cuanto a iniciativas de autorregulación que buscan mejorar la calidad del periodismo, a pesar de las diferencias que existan entre distintas casas editoriales. Luego de que se presentara el célebre Informe Leveson, que señaló a los responsables del escándalo de interceptaciones telefónicas por parte de periodistas del diario News Of The World, los directores de los principales rotativos del país se reunieron para analizar las recomendaciones y ponerlas en práctica.

¿Entonces qué es lo que pueden aprender los medios de las gaseosas?… Basta con mirar la etiqueta con la información nutricional: debemos ser claros con el consumidor sobre cómo está hecho nuestro producto. A fin de recuperar la confianza de sus audiencias, los medios de comunicación deberían ponerse de acuerdo en tres asuntos urgentes que podrían ayudarlos a proyectar una imagen de transparencia y autorregulación.

1.  Ser claros respecto al contenido patrocinado: estandarizar la forma en que los publirreportajes y otras piezas informativas se presentan, a fin de que no quede duda alguna de que alguna empresa pagó o influyó de alguna manera para que una noticia sea publicada.

2. Separación información y opinión: aunque los diarios separan con claridad las columnas de opinión y el comentario editorial diario del resto de información, en medios como la radio y la televisión esta distinción no es tan clara. Abundan los conductores de noticieros radiales que editorializan cada vez que tienen la oportunidad de hacerlo, en especial luego de que sus entrevistados han colgado el teléfono. En cuanto a los noticieros de TV, es poco claro cómo eligen a los analistas que invitan siempre para opinar sobre los temas del momento. Antes de que salgan al aire, hace falta aclarar por qué este o aquel analista es invitado con frecuencia al programa y cuál es su orientación política. O al menos publicar infografías con regularidad donde se evidencie cuántas veces fue invitado a hablar un analista en comparación con otros.

3. Transparencia sobre quiénes son los dueños: Mientras más grandes son, los medios de comunicación tienden a pertenecer a más empresarios. Para la audiencia es importante saber cómo influye en las decisiones editoriales el conglomerado empresarial que es dueño de un medio, porque siempre influyen. Si los dueños del medio son también dueños de una cadena de restaurantes de pollo asado, ¿cómo afectará esto a las noticias que involucren a este sector? Si son también dueños de un banco o de salas de cine, ¿de qué manera  influirá esto en las noticias? Debería incluirse en la página web de cada medio un organigrama estandarizado que le muestre al visitante cómo está compuesto el grupo empresarial al que el medio pertenece.

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