Llevar el casco virtual: los riesgos de las redes sociales para los reporteros gráficos
1 de Junio de 2021

Llevar el casco virtual: los riesgos de las redes sociales para los reporteros gráficos

El maestro de la Fundación Gabo Stephen Ferry reflexiona sobre los riesgos que enfrentan los reporteros gráficos al usar las redes sociales en un contexto de peligro.
Enfrentamiento en el Portal Las Américas el día 24 del paro nacional de 2021 | Stephen Ferry.
Stephen Ferry

Frente al peligro que conlleva el ejercicio de la profesión en Colombia, el gremio del periodismo en este país se caracteriza por un alto grado de apoyo mutuo y solidaridad entre colegas. Los periodistas han formado asociaciones,  como el Consejo de Redacción y la Asociación de Prensa Internacional de Colombia, que sirven para  la defensa de la profesión, el intercambio de información, y para la discusión de buenas prácticas. 

El ejemplo más reciente es la Asociación de Fotografía Periodística y Documental en Colombia, que se formó inicialmente como grupo en WhatsApp con 169 participantes para responder a las vulneraciones de nuestro trabajo y a nosotros mismos.  El hecho catalizador para la formación de este grupo fue un artículo de la revista Semana que reportó sobre la acción de unos manifestantes que pusieron tinta roja a la fuente en frente de la sede de la revista.  Según Semana:  

“Llama la atención que el fotógrafo de esta agresión contra Semana sea Mauricio Alvarado del diario El Espectador. En su Instagram, publicó la fotografía con la siguiente leyenda: ‘Sangrienta Semana en Bogotá’. En esa red social publica fotos solicitando la renuncia del presidente Iván Duque y otra del expresidente Álvaro Uribe, con los labios morados, donde señala: ‘Imposible de limpiar’. Se trata de un activista que para el periódico al que el narcotraficante Jesús Santrich le agradece. Semana pudo confirmar que el fotógrafo estaba en su horario laboral. Hizo este trabajo para El Espectador o era parte, como fotógrafo, del show violento contra Semana”.

Publicación del fotógrafo Mauricio Alvarado en su cuenta personal de Instagram.

Si bien, un medio puede considerar tal acción como una ofensa, ello no implica que el fotógrafo que la documenta sea responsable. La inferencia a que Alvarado haya sido actor y no testigo del hecho es peligrosa para su seguridad y la del gremio en general. Los ataques violentos a la prensa, de donde vengan, muchas veces se basan en el concepto de que los periodistas trabajamos para uno u otro bando, en lugar de ser observadores. Y es peor: sugiere que El Espectador, y por extensión su fotógrafo, tiene alguna afinidad con Jesús Santrich, el fallecido comandante guerrillero quien renunció al proceso de paz y formó una nueva guerrilla para combatir al estado colombiano.  

La revista Semana debe ser consciente, sobre todo, de que los discursos que asocian a los periodistas con la guerrilla han sido una constante en las amenazas de muerte que muchas veces anticipan los ataques violentos.  En tiempos pasados, periodistas valientes de su propia casa fueron sujetos a amenazas y atentados. Además, es absurdo sugerir que El Espectador tiene un sesgo a favor de  Santrich, como es fácil ver en reportajes como “Las deudas con la justicia de ‘Jesús Santrich’, muerto en Venezuela”, publicado el 18 de mayo de este año.

En su comunicado a la opinión pública la Asociación de Fotografía Periodística y Documental en Colombia pronunció que “El artículo publicado por Semana contiene afirmaciones que desconocen la trayectoria y calidad del trabajo de Mauricio, estigmatiza su labor, pone en riesgo su integridad física y moral y la de todas y todos los que ejercemos este oficio, en un país donde tan solo en el periodo entre el 28 de abril y el 6 de mayo de 2021 la FLIP ha registrado 115 agresiones contra la prensa”.

El uso de redes deviene especialmente complejo en un contexto donde hay actores utilizando el ciberpatrullaje para acusar a los periodistas de ser subversivos. Incluso, en 2019, fue la misma revista Semana (antes de su reciente cambio de dirección) la que reveló que unidades de la inteligencia militar estaban espiando las comunicaciones y escrutando las redes sociales de una cantidad de periodistas, aparentemente en aras de encontrar evidencia para deslegitimar nuestra labor.

El caso del casco

Otra situación reciente puede arrojar luces sobre esta cuestión. Juan Páez, un reportero gráfico que vive en el sur de Bogotá, hizo un post en su Instagram compuesto de una foto de un manifestante lanzando un volador a la policía y otra de una pareja dándose un beso con un fuego atrás.

Fotos por Juan Paez. Alteración digital con permiso del autor.

Su intención fue mostrar dos lados del fervor del momento, la acción y el romance. Me comentó Juan que, “como es un Instagram personal, estoy tratando de tener una perspectiva personal. Estoy tratando de dar una mirada más fresca. Por eso hago dípticos, trato de usar metáfora”. 

Su publicación desató todo un debate en el gremio, porque se ve que el manifestante que lanza un artefacto hechizo estaba portando un casco que dice “PRENSA.”  En el pie de foto solo se leía: “A la generación de cristal se le encendió el amor por la revolución, la que hará cambiar el país.” 

Varios colegas escribieron en su Instagram para exigirle que bajara la foto, porque daba para que otros la usaran para acusar a la prensa de ser partícipe y no observadora de actos violentos. Se quejaron de que el post nos puso a todos en peligro. Otros salieron a decir que no debería hacer caso, que eso sería un acto de autocensura. Finalmente, Juan decidió bajarla de su Instagram.  

Le comenté a Juan que para mí el problema reside en el pie de foto, que era importante aclarar que el personaje con el volador no es miembro de la prensa. Me dijo lo siguiente:

“Sería muy engorroso poner toda la información en cada foto. Pero sí considero que hay situaciones donde es importante, si puede haber una mala interpretación, hacer la salvedad en el pie de foto”. Después del debate, Juan Páez habló con los manifestantes de primera línea para pedirles que eviten el uso de insignias de prensa. “Los muchachos dijeron que no estaban de acuerdo tampoco con que usen ese casco, que eso pone en peligro a todos.” 

Como habrán visto, tomé la precaución, quizás exagerada, de escribir encima de la imagen del manifestante con el casco que dice PRENSA, para evitar que algún actor malintencionado pueda sacar la imagen de este contexto y rotarla en redes para acusar a los periodistas de ser actores violentos. La posibilidad que eso pase se debe al fenómeno que la sociología llama “colapso del contexto”: en las redes uno no puede saber exactamente cuál es su público y cualquier mensaje puede estar desligado de su contexto original.

El tema de cómo los reporteros gráficos debemos usar las redes sociales es muy complejo. Por un lado pueden funcionar como medios periodísticos basados en la reportería de hechos y no tanto en opiniones personales.  Por otro lado, ofrecen un formato relativamente libre de protocolos donde muchos fotógrafos despliegan prácticas personales, artísticas y socialmente comprometidas. Es una contradicción inherente que reta a los reporteros gráficos, sobre todo cuando, siendo también ciudadanos, nos sentimos involucrados a nivel personal, familiar y social.  

Un post con secuelas

Quisiera terminar con un último ejemplo que fue bastante comentado en su momento. Después de realizar un reportaje para The New York Times, en equipo con el periodista Nick Casey, sobre las FARC durante el proceso de paz, el reconocido fotógrafo Federico Ríos subió a Instagram una foto de sí mismo montado en una moto conducida por un excombatiente uniformado; una especie de selfie desde el campo de trabajo. 

Claramente, es legítimo que un equipo periodístico visite un campamento de las FARC, para que la sociedad tenga elementos para entender y evaluar lo que pasa con el proceso de paz. No obstante, como se puede ver en el pantallazo de Twitter arriba, unos políticos del Centro Democrático sacaron provecho de la foto para deslegitimar el trabajo del New York Times.  (Poco antes Casey había publicado una investigación que demostraba que el Ejército colombiano estaba implementando políticas que podrían llevar a una nueva ola de falsos positivos.) Tanta fue la presión que el periódico tomó la precaución de sacar a los dos periodistas del país. 

Federico me comentó: “Desde esa experiencia, de ahí en adelante no pongo nada de mis opiniones personales en redes. Muchas veces posteo una vez que haya salido de un lugar. Antes de poner un post pienso: ¿me pueden matar por esto?  No queda la menor duda de que hay miradas oscuras desde el Gobierno escrutándonos.“  Y agregó: “pero no creo que haber dejado de poner mis opiniones personales en los posts haya limitado mi trabajo como fotoperiodista”.

Propongo que en este contexto tan peligroso que los reporteros gráficos reflexionemos más las posibles consecuencias de cada post que hagamos en redes.  No estoy apelando a la autocensura, pero sí creo que es vital que tomemos las precauciones necesarias para protegernos a nosotros mismos y a la profesión.

Finalizo compartiendo estas piezas para compartir en redes sociales creadas por la Asociación de Fotografía Periodística y Documental en Colombia, en el contexto de tanta agresión que han vivido los reporteros gráficos últimamente. 

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