La responsabilidad social del periodista deportivo en el uso del lenguaje
17 de Noviembre de 2017

La responsabilidad social del periodista deportivo en el uso del lenguaje

"Bajar en exceso el listón idiomático para colocarlo a la altura de la audiencia no deja de ser una claudicación periodística y una dejación de funciones profesionales", afirma José Luis Rojas Torrijos en esta nueva entrada de su blog.
Fotografía: Tomnn en Pixabay | Usada bajo licencia Creative Commons
José Luis Rojas Torrijos

Desde un punto de vista periodístico, el lenguaje es uno de los elementos más definitorios de la especialización. Un redactor demuestra solvencia en su campo de especialidad cuando también exhibe destreza en el uso del idioma, piedra angular de la profesionalización del periodismo porque es la que permite adoptar los estándares requeridos para comunicar de manera más eficaz y correcta. Es la principal herramienta de trabajo de todo profesional de la información a la hora de dirigirse al público para trasladar su mensaje. Por eso hacer un buen uso del lenguaje tiene implicaciones éticas.

Desde el año 2010 el blog Periodismo deportivo de calidad, que surge como continuación de una tesis doctoral sobre uso del lenguaje y libros de estilo en la Universidad de Sevilla, propone una línea de trabajo que aúna precisamente la calidad con la ética, porque no puede entenderse la una sin la otra. Así, hablar de periodismo deportivo de calidad es hacerlo de preservación y fomento de los principios éticos de la profesión, de un tratamiento de fuentes informativas que sea adecuado y plural, de diversificación y enriquecimiento de los contenidos o de perspectiva de género, pero muy especialmente de la importancia de usar correctamente el idioma.

En este sentido, y teniendo en cuenta que los largos tentáculos de la información deportiva calan socialmente llegando a influir en las maneras de hacer y decir de la ciudadanía, de forma muy particular entre la población más joven, la responsabilidad social del periodista deportivo reside en contribuir a la transmisión de noticias y conocimiento, y a la formación de opinión mediante buenos usos lingüísticos que construyan mensajes que sean claros y comprensibles para todo tipo de mentalidades.

Por eso usar de forma adecuada y precisa las palabras es una exigencia ética para el periodista, también el especializado en Deportes. Este ha de estar familiarizado con las diferentes obras académicas (Gramática, Ortografía) y, dada la naturaleza dinámica del idioma, también con las recomendaciones de la Fundación del Español Urgente (Fundéu); debe conocer suficientemente el léxico de las diferentes modalidades sobre las que va a informar, la traducción de los términos a otras lenguas, la procedencia de las palabras, sus usos y acepciones registradas en los diccionarios o incluso la pronunciación de voces extranjeras, tan comunes en esta parcela informativa. Proceder de esta forma es actuar con rigor y mostrar respeto hacia el público en general y hacia los profesionales del deporte en particular.

Poca amplitud léxica

Velar por el buen estilo periodístico es evitar distorsiones lingüísticas que empobrecen el discurso o entorpecen su entendimiento como las que en ocasiones se producen en esta área informativa. Entre otros aspectos manifiestamente mejorables del lenguaje periodístico deportivo, figuran los traslados semánticos equivocados, la poca amplitud léxica empleada en una misma información, el abuso de extranjerismos y neologismos que resultan superfluos o innecesarios, el empleo reiterado de clichés y lugares comunes que no aportan nada nuevo ni relevante y hacen que el contenido sea más previsible, la incitación a la violencia a través de términos extraídos de la jerga militar-belicista como metáforas manidas o la existencia de rasgos sexistas en los textos.

Quizá una de las cuestiones más llamativas y controvertidas en el lenguaje habitual de este ámbito informativo sea la acusada tendencia a la coloquialización. Las formas coloquiales del idioma, manifiestas de casi siempre en la radio y la televisión, se implantaron hace años también en los medios escritos, quizá con el ánimo de acercar el discurso periodístico al público y buscar así su complicidad. Sin embargo, no por expresarse con un lenguaje más llano, como un hincha más, uno se hace entender siempre mejor. Escribir como se habla, además de suponer un salto de registro inadecuado, es una manera de empobrecer el lenguaje al renunciar a formas consideradas como más cultas y que pueden aportan más matices a la información.

Bajar en exceso el listón idiomático para colocarlo a la altura de la audiencia no deja de ser, por otra parte, una claudicación periodística y una dejación de funciones profesionales. El periodista se acomoda a una dinámica en la que reduce deliberadamente su repertorio léxico y en la que corre el riesgo de vulgarizar el lenguaje dando entrada a expresiones malsonantes e indecorosas, inadecuadas y repetitivas. El lenguaje periodístico abandona así su vocación formativa y, como consecuencia, el gran perjudicado acaba siendo el público receptor.

El buen estilo es un posicionamiento editorial que debe procurar el medio con la puesta en marcha de controles de calidad, pero sobre todo una responsabilidad profesional que ha de asumirse a diario a título individual. Es preciso que el periodista adopte así una actitud proactiva que pasa por la formación permanente y una toma de conciencia sobre la importancia que tiene cultivar un lenguaje adecuado y respetuoso para poder cumplir con su obligación de servir públicamente la información de la forma más honesta y diligente. Está en juego su credibilidad. 

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