Entendiendo por qué la desinformación se convirtió en un problema del siglo XXI
12 de Julio de 2021

Entendiendo por qué la desinformación se convirtió en un problema del siglo XXI

Fragmento del primer capítulo del libro 'Periodismo ante la desinformación', publicado por la Fundación Gabo como una recopilación de las reflexiones de expertos presentes en seis actividades del Festival Gabo Nº8.
Fotografía: Michal Matlon en Unsplash. Usada bajo licencia Creative Commons.
Jean-François Fogel | Redacción: Agustina Heb

El siguiente es un fragmento del libro digital 'Periodismo contra la desinformación', que puede descargarse de forma totalmente gratuita aquí

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Para abordar el papel del periodismo frente a la desinformación organizada, primero es necesario aclarar algunas cuestiones acerca de su significado y origen. 

El asesor de medios Jean-François Fogel, maestro y miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo, explicó que la desinformación es el resultado de información errónea, que no es creada con la intención de hacer daño, y de información perjudicial, que es aquella que parte de la realidad con la intención de dañar a personas, instituciones, organizaciones o países. “Cuando ambos territorios se combinan estamos en la desinformación”, aclaró el maestro francés durante el ciclo de charlas  ‘¿Puede el periodismo combatir la desinformación?’

Esos contenidos se enmarcan dentro de la posverdad, como se conoce a la distorsión deliberada de la realidad para manipular creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en las actitudes sociales.

Según Fogel, esa es una manera de tratar la desinformación. “Hay personas que se dedican a mirar el contenido e identificar la desinformación. Otros miran un aspecto más tecnológico del problema”, señaló. 

El origen de la desinformación y su aceleración en el siglo XXI

“La desinformación comenzó en los años 20 (del siglo XX). Hay libros que muestran cómo había estados que desde entonces desinformaban sobre otros. Tuvo mayor fuerza durante la Guerra Fría", recordó Fogel. 

Aunque el fenómeno de la elaboración y difusión de contenido manipulado no es nuevo, sí ha cobrado más importancia los últimos años con la masificación de las plataformas digitales. Fogel remarcó que la desinformación “tiene raíces profundas”. Pero su presencia se instaló con fuerza en 2016 durante la elección presidencial en Estados Unidos, en la que se enfrentaron los candidatos Donald Trump, republicano, y Hillary Clinton, demócrata, y que terminó con la victoria del primero. 

“Trump fue la revelación de la potencia de la desinformación. Él demuestra que se puede hacer comunicación sin la verdad como algo imprescindible”, analizó Fogel. 

La vinculación de la desinformación con gobiernos o fuerzas políticas 

El fenómeno de la desinformación seguirá aumentando —pronosticó Fogel— y multiplicará también los desafíos del periodismo, especialmente en 70 países con fuerzas políticas o gobiernos involucrados en la manipulación de medios sociales, según una investigación de la Universidad de Oxford, publicada en 2019.

Esa institución identificó distintas iniciativas mundiales, organizadas por los gobiernos o desde la sociedad civil, para distribuir contenido engañoso a través de plataformas digitales. 

• Metas. Fogel identificó tres acciones que se buscan generar al momento de lanzar una ofensiva en redes sociales con la intención de aprovechar la desinformación: modificar o influenciar la opinión pública; modificar la agenda política; y promover nuevas ideas. 

• En el mundo. A nivel global, las prácticas para desinformar de manera organizada ocupan bastante espacio, sobre todo en los países desarrollados, potentes y ricos. 

• América Latina. Algunos países que forman parte de la lista son Colombia, Guatemala, Brasil y Argentina. De acuerdo a datos del informe, en Colombia, por ejemplo, la desinformación es una actividad que viene de grupos políticos y de empresas privadas. En Guatemala, se identifican varios actores que intentan divulgar y financiar información falsa, como el gobierno, partidos políticos, personas a título privado e influencers. En Brasil, las campañas eran financiadas o realizadas por organizaciones políticas, empresas privadas e influencers, que aprovechaban sus posiciones en redes para actuar de manera concertada en esta dirección. Argentina también hace parte de esos 70 países. Según el informe, la desinformación en este país viene por un financiamiento del gobierno, de grupos políticos y de ciudadanos privados que se involucran en la utilización de este contenido.

El negocio de la desinformación y la profundidad de sus raíces

Fogel planteó que cuando se habla de combatir la desinformación, se habla de hacerle frente a una actividad que tiene una utilidad o trae utilidades para ciertos actores. Puntualmente, dijo que “es una realidad que funciona con una dimensión económica”. ¿Qué quiere decir esto? Que la desinformación es un gran negocio. 

“La desinformación es un un negocio para muchas agencias o grupos que se dedican a ofrecer servicios de desinformación; para medios u organizaciones que se dedican a certificar contenidos acertados o no a través del fact-checking; para investigadores que estudian la desinformación y buscan soluciones. Y, por supuesto, es una palanca política”, señaló Fogel. 

Por lo tanto, según Fogel, cuando se habla de combatir la desinformación desde el periodismo se tiene que entender que “es una cosa tan fuerte como muchos otros negocios”. 

Para representar cuán arraigada está esta práctica, Fogel graficó que la desinformación tiene “raíces profundas”. Tal como mencionó el maestro, la desinformación se instaló con fuerza en 2016. “Esto tiene un origen obvio: la imagen de la elección presidencial de Estados Unidos en 2016. Desde entonces, la desinformación es un tema obsesivo para los gobiernos, la prensa y muchas personas involucradas en la vida pública”, reforzó. 

Al buscar la palabra “desinformación” en Google Trends, entre 2006 y 2020, Fogel se encontró con que el interés es “grande” en países de América y Europa, y que subió a un nivel “alto” desde el 15 de septiembre de 2019. “La cuestión está bien establecida. No baja de ninguna manera”, marcó Fogel.

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Este fragmento hace parte del libro digital de descarga gratuita 'Periodismo ante la desinformación', editado y publicado por la Fundación Gabo en el marco de su programa ‘Ética periodística’, posible gracias a la alianza con con los grupos SURA y Bancolombia, con sus filiales en América Latina. El texto profundiza en los aprendizajes que dejaron los expertos invitados a seis actividades que se desarrollaron durante el Festival Gabo 2020

Sobre el programa de Ética periodística 

La Fundación Gabo ha considerado la ética como una dimensión fundamental del oficio periodístico. Para Gabriel García Márquez, la ética y la técnica van de la mano, y desde 1995, año en que la Fundación empezó su actividad, invitó a Javier Darío Restrepo, periodista colombiano, para que diera una serie de talleres sobre el tema. Cuando en mayo de ese año se hizo el primero de ellos, con el apoyo de la Unesco, Gabo pronunció una frase que hoy es famosa y se ha convertido en un lema: «En periodismo, la ética es a la técnica como el zumbido al moscardón».

Desde 2012 la Fundación Gabo, en alianza con el Grupo SURA y sus filiales, desarrolla este programa, que ha permitido potenciar el trabajo acumulado a lo largo de los años –en particular del Consultorio Ético–, y crear la Red Ética. En 2016, el grupo Bancolombia se unió como socio del proyecto.

En este espacio se reflexiona y se habla abiertamente sobre los desafíos éticos que enfrentan los periodistas en un contexto de profundas transformaciones de la práctica, la sostenibilidad y la función social del periodismo.

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