El sueño de la desintermediación produjo monstruos
29 de Enero de 2019

El sueño de la desintermediación produjo monstruos

El creador del portal #ElEditorDeLaSemana señala la peligrosa relación que puede existir entre el denominado "periodismo ciudadano" y las noticias falsas.
Fotografía: Kellepics en Pixabay. Usada bajo licencia Creative Commons.
Luis Roberto Castrillón

La ilusión de la desintermediación se convirtió en una realidad que ha terminado por rebasarnos y convertirse en uno de los principales problemas para una sociedad cuyo paradigma se asienta en la información y el conocimiento.

Lo que fue un sueño, es en buena parte una pesadilla contemporánea: la potencialidad de los medios sociodigitales pasó de convertirse en una herramienta para desconcentrar la difusión del conocimiento y la noticia, antes privilegio y coto de los medios informativos – generalistas o especializados y privados o administrados por el Estado- a un espacio confuso y riesgoso.

Es cierto que desde mediados del siglo pasado, con el abaratamiento y reducción de la tecnología para integrar equipos de radiotransmisión surgió una ola de radiodifusoras comunitarias y pequeñas empresas de periodismo local e hiperlocal en América Latina que favoreció esa desconcentración en un solo sector.

Sin embargo, es innegable que ese momento de la apropiación de los canales para la difusión de información noticiosa y del conocimiento resulta de gran importancia, lo es también mucho menor en términos de alcance e influencia si se le compara con la apertura que la llamada web 2.0 trajo consigo a la comunicación social.

La primera década de este siglo marcó una brecha definitiva en la forma en la que la información noticiosa sería compartida que podríamos citar en dos momentos con toda reserva de la dimensiones entre ambos: en 2001, como uno de los efectos del 11-S, surgen los cimientos del crowdsourcing y lo que Dan Gillmor impulsaría como el periodismo hecho desde, para y entre los ciudadanos; en diciembre de 2005 con el señalamiento al usuario común de la web como “The person of the year” (La persona del año) en la portada de la revista TIME.

Cuando el sueño se convierte en pesadilla

El sueño alcanzó a ser realidad: el contenido generado por usuario se convierte en una de las principales fuentes de información entre pares; todos producimos, todos consumimos, todos informamos. El ecosistema de medios cambió, evolucionó y creó incluso nuevas especies, pero también dejó el espacio abierto a distorsiones cuyo riesgo hoy día es evidente:

En agosto de 2018, un grupo de pobladores en Acatlán, Puebla, en México, quemó vivos a dos hombres señalados por un “periodista ciudadano” y blogger a partir de un rumor de whatsapp sobre "robachicos".

Una turba sin control los golpeó, roció gasolina y les prendió fuego... dos veces.

En el mismo país, unos  meses después, en Tijuana, Baja California, otra turba -en una manifestación pública contra una caravana de centroamericanos que cruzaban México con destino a Estados Unidos de Norteamérica- tuvo que ser contenida para evitar que atacara al grupo migrante.

¿El motivo? La viralización de noticias falsas y engañosas sobre la caravana, sus intereses e incluso señalados sus integrantes como portadores de peligrosas enfermedades contagiosas.

A lo largo de los procesos electorales en México y otros países de Latinoamérica, entre 2017 y 2018, la información falsa, sesgada y engañosa formó parte del flujo de contenidos y mensajes que se distribuyeron a partir de los medios sociodigitales y contaminaron el debate público.

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos de Norteamérica, en 2015; el plebiscito por la paz, en Colombia; el referéndum por la separación de Reino Unido como socio de la Unión Europea, ambos en 2016, y el referéndum por la independencia de Cataluña, en España, son ejemplos de situaciones similares.

De 2016 a 2017, los casos de sarampión en Europa aumentaron un 450 por ciento. En los primeros seis meses de 2018, se registraron más de 40 mil casos en ese continente. Una de las posibles razones: el movimiento antivacunas y la fortaleza que ha adquirido a partir de su comunicación a través de plataformas como Facebook y Whatsapp.

La lista de hechos, desde el homicidio, la contaminación discursiva de los procesos democráticos, el negacionismo hacia la medicina científica o el retroceso en estándares de conocimiento sobre el planeta, son tan sólo algunos ejemplos del resultado que aquella soñada desintermediación ha traído.

Si bien en todos los casos existen diversos factores que suman a los hechos, sería ingenuo negar la influencia de este modelo de comunicación desconcentrado.

La solución o estrategia de contención es poco sencilla y en ella va implícita la labor del periodismo. En medio de la pesadilla, quizá el ejercicio profesional y ético de los periodistas pueda reducir el impacto del monstruo que entre todos hemos creado.

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