El silencio que miente
23 de Agosto de 2018

El silencio que miente

El periodista español Álex Grijelmo debuta como bloguero de la Red Ética con esta brillante columna donde demuestra que aquella información que los medios omiten es tan importante como la que publican.
Ilustración: Obiz en Pixabay | Usada bajo licencia Creative Commons.
Álex Grijelmo

Álex Grijelmo hace parte del nuevo equipo de maestros que junto a Javier Darío Restrepo ahora responden a las preguntas enviadas a nuestro Consultorio Ético. Si tienes un dilema de ética periodística, puedes hacer tus preguntas aquí. 

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Todo se puede comprobar hoy en Internet, salvo el silencio. Cualquier dato que un periodista incluya en una noticia estará sometido a verificación por cientos de personas que dispondrán de ingentes posibilidades para contrastarlo, ya sea con testimonios (personales o de otros) o bien con fondos estadísticos.

La mentira tiene las patas cortas, sí, pero no sucede lo mismo con las falsedades que se elaboran a partir de datos verdaderos.

Una información detalla las cuantiosas pérdidas y el endeudamiento de una empresa cuando sale de ella su director general; y el lector se forma así una idea negativa de su gestión. Los datos, fácilmente verificables, son ciertos. Pero la noticia omite cuál era la situación cuando ese gestor se hizo cargo de la compañía cinco años atrás. Una información que incluyera esos datos, de modo que se pudiese ver la evolución de ambas variables, cambiaría la percepción del público.

Entre las técnicas de manipulación informativa vía silencio ocupa un lugar destacado la yuxtaposición de hechos correlativos de modo que parezcan hechos relativos. Porque nuestro cerebro tiende a convertir la sucesión temporal en vinculación causal.

Imaginemos este texto: “Mi hermano le dio una patada al balón. El jarrón se rompió”. Inevitablemente, deducimos que el jarrón se rompió por la acción de la pelota. Pero no se ha dicho eso exactamente. Si el jarrón se rompió por otras causas (una ventana abierta y un golpe de viento en ese instante), se habrá dicho una mentira construida con datos verdaderos. Y será en lo omitido (el golpe de viento) donde se halle el embuste. Es decir, se mentirá con el silencio.

Veamos este titular: “Los resultados del equipo empeoran con el nuevo técnico”. Esa culpa que de inmediato volcamos sobre el entrenador se vería de otra forma si no se omitiera que durante su mandato se lesionaron ocho titulares.

Cuestión de contextualizar

Hoy en día no se miente tanto en los datos como en su contextualización. Y eso puede ocurrir tanto por supresión del contexto adecuado (así sucedía en los ejemplos referidos) como por la adición de un contexto inadecuado.

Por ejemplo, la noticia de un accidente de tráfico que daba cuenta del choque entre dos automóviles de madrugada, y añadía que los ocupantes de uno de ellos regresaban de una fiesta. ¿Era relevante ese dato?

Sí, en el caso de que eso haya influido en el suceso.

No lo era, en cambio, si el accidente se debió a un pinchazo, a un fallo en los frenos o a una mancha de aceite en el asfalto.

Como la noticia omitía cualquier otra circunstancia (he ahí la clave del silencio), culpaba implícitamente al conductor de uno de los autos al convertir en relevante el dato de la fiesta. Si el conductor estaba borracho tras ella, ¿por qué no se dijo con todas las letras? Pues no se dijo porque no se sabía, pero el periodista arrojó sobre esa persona una duda tan grave... mediante un dato cierto. De ese modo, una información verdadera puede conducir a una implicatura falsa.

Un diario español publicó hace años que había localizado a un famoso personaje condenado por corrupción que en su día se declaró insolvente y no pagó a Hacienda las cantidades que adeudaba. Los periodistas lo encontraron en determinada vivienda y señalaban que a su puerta estaba aparcado un lujoso automóvil de la marca Mercedes. Pero si el auto le pertenecía, ¿por qué no lo dijeron los periodistas con todas las letras? Quizás porque no estaban seguros. Sin embargo, no renuncian a insinuarlo. De ese modo, el lector no tiene más remedio que imaginarle propietario del Mercedes.

Todo lo que dice una información se entiende como relevante; y todo lo que se omite se entiende como irrelevante. Si se silencian datos relevantes, se miente. Si se destacan datos irrelevantes, se puede mentir también.

Estas manipulaciones se definen con términos conocidos, como la insinuación, el sobrentendido y la conjetura; pero a veces tales posibilidades no se exponen mediante palabras sinceras que presentan unos hechos hipotéticos, una opinión o una interpretación del autor (“creo que”, “me parece”, “supongo”...), sino con datos verdaderos que se plasman en una noticia aparentemente objetiva; y que sin embargo conducen a inferencias inexactas, falsas o, cuando menos, dudosas.

He ahí, por tanto, uno de los retos menos visibles del periodismo actual: la complicada tarea de desenmascarar los silencios.

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