El lenguaje, siempre el lenguaje
18 de Febrero de 2013

El lenguaje, siempre el lenguaje

Las palabras no están exentas de ideología, y en contextos de guerra hay que usarlas de manera muy precisa para evitar que su filo abra nuevas heridas.
Ilustración: mohamed1982eg en Pixabay / Usada bajo licencia Creative Commons
Marta Ruiz

En este blog crearemos un espacio para reflexionar acerca de los retos y dilemas éticos que las conversaciones del gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC, representan para los periodistas que cubren este proceso. La idea es crear un punto de encuentro que nos sirva para lograr una cobertura útil y responsable de una coyuntura que resulta clave para el país.

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En el pasado Hay Festival, celebrado en Cartagena, el escritor israelí David Grossman hizo una reflexión muy interesante sobre el lenguaje. Decía el novelista que éste debe describir la realidad, y si no lo hace, el ciudadano no llega a sensibilizarse frente a ella. Deja de importarle lo que pase. Criticó muy seriamente a los medios de comunicación porque, a su juicio, no contribuyen a concientizar a los ciudadanos sobre los conflictos.

Las palabras no están exentas de ideología, y en contextos de guerra hay que usarlas de manera muy precisa para evitar que su filo abra nuevas heridas.  Por eso la exactitud en el uso del lenguaje y su unidad de sentido son cruciales especialmente para interpretar los mensajes que la guerrilla y el gobierno están enviando.

En esta ocasión hablaré de cuatro términos que suelen usar con frecuencia las Farc, y que son materia constante de malos entendidos.

Cese de hostilidades. Las Farc anunciaron en noviembre un cese de hostilidades y acciones ofensivas y de sabotaje por 60 días. Si se lee con detenimiento el comunicado, podrá uno darse cuenta de que ello implicaba solamente las agresiones hacia la fuerza pública (hostilidades) y que dejaban abierta la posibilidad de entrar en combate si eran atacados. Dado que el cese no tuvo una verificación no se pudo establecer seriamente que tanto se cumplió. Lo cierto es que diversos medios entendieron que ellas no usarían las armas en ese período, ni reclutarían, ni conseguirían armas; todas ellas actividades que no estaban consideradas como parte del cese. Uno puede cuestionar la selectividad de las Farc a la hora de comprometerse a disminuir la violencia. Pero lo primero es entender exactamente de qué están hablando cuando dicen cese de hostilidades.

Secuestro extorsivo. Las Farc anunciaron hace ya un año que abandonaban el secuestro con fines económicos. Se ha vuelto de  uso común decir que dejaron el secuestro en general, lo cual nunca ha sido dicho por ellos. Por eso, cuando ellos toman como rehenes a dos policías, diciendo, también de manera cuestionable que son prisioneros de guerra, no están faltando a su palabra. Este puede ser considerado más bien un secuestro político, ya que no piden dinero a cambio de su liberación. Esta acción no se justifica, por supuesto.

Conversaciones. Algunos miembros del equipo negociador de  las Farc se niegan a usar la palabra negociación e insistentemente usan la palabra diálogo para describir lo que ellos y el gobierno hacen en La Habana. El acuerdo firmado entre las partes, habla de instalar una Mesa de Conversaciones y es éste el término utilizado a lo largo del documento. La palabra negociación no aparece por ningún lado y eso es interesante, pues una de las reglas del juego de la mesa es que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”. Luego hasta ahora lo que están haciendo es conversando, efectivamente.

Dejación de armas. Uno de los grandes avances del acuerdo con el que se dio inicio al proceso de conversaciones para la terminación de la guerra es que por primera vez se contempla un punto: la dejación de armas. La guerrilla se niega a hablar de “entrega de armas”. Es interesante porque hasta ahora todos los grupos que se han desmovilizado han entregado armas, bien sea al gobierno, a una comisión facilitadora o a la comunidad internacional. Esta vez, no sabemos de qué exactamente están hablando.

Leer teniendo en cuenta el subtexto de los mensajes que envían las partes, escuchar con más agudeza lo que dicen, y preguntar qué quieren decir con cada palabra es una tarea necesaria para que los periodistas ayudemos a que los discursos del proceso de paz vayan cobrando sentido. Y para que entendamos qué es lo que quiere comunicar cada una de las partes.

¿Qué otros términos críticos han encontrado ustedes en este proceso de diálogos de La Habana?

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